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Opinión
![]() Rubén Zataráin Mendoza
La Revolución Mexicana
El Occidental
27 de noviembre de 2007
LECCIONES DE LA HISTORIA NACIONAL
Hace 97 años Don Francisco Indalecio Madero encabezó el movimiento revolucionario en contra de la dictadura de Porfirio Díaz extendida ya por más de treinta años. La demanda de democracia del pueblo mexicano, pero sobre el malestar social de la clase obrera y campesina fue articulado a través de un movimiento armado que al grito de "Sufragio efectivo, no reelección" explícito en el Plan de San Luis, movilizó distintas fuerzas y enfrentó al poder político y militar porfiriano. La lucha fue cruenta, las pérdidas humanas y económicas fueron muchas, la destrucción de la producción del campo y la fábrica, de las vías de comunicación fueron muy documentadas; nuestros compatriotas sumaron al temor fuerza y valor y decidieron con entereza modificar el estado de cosas. Finalmente la dictadura porfirista se desmoronó y las generaciones de aquel momento se dieron la oportunidad histórica de edificar un proyecto de país en donde la justicia social tenga mejor cabida. Las generaciones de hoy hacemos remembranza de la fecha en medios de comunicación, en el discurso de nuestros gobernantes y tenemos la oportunidad a través de los desfiles deportivos y escolares, a través de los honores a la bandera y de los periódicos murales de rendir homenaje al conjunto de hombres y mujeres que cerraron filas y pusieron un hasta aquí a las condiciones de explotación y de injusticia imperantes. A través de los monumentos, las calles y colonias cuyos nombres evocan cotidianamente a los personajes de este momento histórico recuperamos los valores y obra de aquellos personajes ilustres. Es cierto, el presentismo en el que deviene el pensamiento y la acción de los adolescentes y los niños nos presenta un reto a educadores y padres de familia para formar la conciencia histórica necesaria para el desempeño responsable de la ciudadanía. No es fácil que los educandos y el común de los ciudadanos demuestre interés por estudiar y comprender los hechos históricos. La escuela es ordinariamente la unidad conservatoria de información sobre los contenidos de carácter histórico y no siempre los aborda de manera eficaz. Educadores y padres de familia requerimos enriquecer la narrativa y la necesidad de documentar y de cruzar fuentes e investigación documental para conocer de mejor manera los hechos históricos. El colorido y lo eventos sociales de muchas comunidades en donde se festeja el 20 de noviembre como un aniversario más de la Revolución Mexicana es una oportunidad didáctica importante. El libro de la Historia Patria no son sólo los párrafos y enunciados de los textos escritos ni el discurso del profesor en el aula. La representación teatral, el cine, la poesía y la declamación, la voz de los abuelos, las conversaciones de analistas y estudiosos en las estaciones de radio culturales, entre otros, son medicaciones excelentes para enriquecer el conocimiento y el interés sobre el tema. No, a los mexicanos de hoy no puede caracterizarnos el olvido de la historia; tampoco podemos desconocer los grandes momentos que han propiciado la evolución pacífica o violenta de la sociedad mexicana. El desarrollo nacional es producto de los esfuerzos colectivos e individuales de muchas generaciones de mexicanos. Recordemos ahora a aquellos que vivieron la Revolución de cerca, muchos de ellos abuelos o padres ancianos tal vez; su legado nos compromete para seguir construyendo un país más amable para toda la ciudadanía. Tampoco podemos aceptar que los acontecimientos de la Revolución Mexicana se conviertan en pobre figura retórica de políticos coyunturales de antiguo o nuevo cuño; en exclusivo capital político de partidos denominados "revolucionarios", en bandera de lucha exclusiva de sindicatos verticalistas, antidemocráticos y practicantes de la violencia y coacción "subterráneas", de movimientos sociales manipulados cuyos líderes ocultan como salamandras su verdadero color e intereses; de instituciones que medio sobreviven con la pseudoinvestigación de los hechos de la Historia. No, la Revolución Mexicana es un evento en la historia nacional cuyas lecciones no podemos olvidar. La construcción de este país que vivimos no está dada, sigamos construyendo el futuro posible con los valores que el pasado nos lega. Los retos y las condiciones del siglo XXI requieren ahora de nuevas competencias y habilidades. Los héroes del pasado cuya estatura en algunos casos fue grande no han resuelto el todo del destino nacional. Nos corresponde ahora asumir la responsabilidad ejerciendo una ciudadanía vigilante de la clase gobernante pugnando por resolver los grandes problemas que nos aquejan como país, que nos aquejan como sociedad en desarrollo. zatarainr@hotmail.com Columnas anteriores
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