Opinión
Jorge Gómez Naredo
Felipe Calderón, los líderes y la sociedad

El Occidental
25 de septiembre de 2007

El viernes pasado, Felipe Calderón se reunió con la élite empresarial, con aquellos que poseen mucho dinero y por eso se creen dueños de todo un país. Ahí estaba quien se dice presidente de México pero que no ganó las elecciones ni tiene legitimidad. Sí, estaba ahí, con el Estado Mayor Presidencial tranquilo, ya que los renegados, los que no lo quieren, los que simple y llanamente lo consideran "espurio" y "pelele", estaban ausentes, no tenían acceso al acto celebrado en una lujosa hacienda. Estaba en una zona segura, en un lugar sin contratiempos: hablaba con los suyos, con los que lo llevaron a la presidencia.

La reunión la convocaron Jorge y Raúl Ferráez, directores de la revista Líderes Mexicanos. Estaban ahí, entonces, los que la élite política y empresarial consideran líderes: los dueños del dinero, de grandes empresas, de emporios comerciales, directivos y gerentes de trasnacionales. Ahí estaban ellos, los señores del dinero, que acostumbran gastar miles de pesos en comilonas y que solamente invierten en "el país" cuando la recuperación de lo invertido es segura y rápida. Ante ellos, Felipe Calderón se explayó, no como el 15 de septiembre en el Zócalo capitalino, cuando abajo, cientos de miles de personas le recordaban que "Obrador, Obrador, Obrador", era el verdadero presidente de México.

El discurso de Calderón ante este selecto grupo de "líderes" dejó ver su concepción de México. En un pasaje de su intervención, arguyó: "Allá afuera, hay un México, ciento cinco y pico millones de mexicanos esperando a ver a qué horas hay una fuerza nacional capaz de entenderse y hablar. Hay un liderazgo, una minoría selecta en la cultura, en la economía, en la empresa, en la política, en el deporte, capaz de mover a este país en una dirección distinta al lamento eterno, que nos han enseñado a ser". Es decir, para Calderón, si no se mueve la élite, el país no funciona, si no actúan los líderes, las "muchedumbres que las siguen" (como él mismo lo explicita en otro momento de su discurso), permanecen dormidas y no entran en acción.

Es una concepción oligárquica y rayana en la discriminación. Aunque en su alocución mencione que en México hay pobreza y desigualdad, no deja de considerar a la élite empresarial (aunque cite otro tipo de élites, él se fija y se dirige a la económica) como la que le abrirá los ojos a los demás, a los "ciento cinco y pico" millones de mexicanos. Y si -surge la pregunta-, la élite empresarial, es decir, esos líderes que se creen dueños del país, no actúan ¿qué pasa?, ¿el país se viene abajo?

Felipe Calderón tiene una idea de país desde arriba, para arriba y por arriba, cuando, en realidad (y se ha demostrado histórica y sociológicamente), lo que importa es la riqueza abajo, la fortaleza abajo, la organización abajo. Sin las bases, las élites no es nada; sin los "ciento cinco y pico" millones de mexicanos, no hay riqueza ni hay mano de obra ni ideas ni nada. Abajo es donde está la riqueza, abajo es donde está la fortaleza y si nos atenemos a las "élites" y a los "líderes", la situación continuará igual o peor.

La educación, la salud, las mejoras económicas y el liderazgo se tienen que dar abajo. La visión retrógrada mostrada por Calderón en su discurso ante "los líderes", obvia que la sociedad en su conjunto debe de participar y ser ella el motor de crecimiento y de progreso, no esos líderes empresariales que han fracasado y han dejado al país al borde de un estallido social por las condiciones de pobreza y miseria de la mayoría de los mexicanos.

Felipe Calderón no rebasará jamás a la izquierda por la izquierda, como alguna vez lo dijo: él está ahí, en la presidencia (ilegítima) de la República, para obedecer y congraciar a los líderes, a las élites empresariales corruptas (no a los pequeños y medianos empresarios que cada día sufren más). Por eso el cambio, indudablemente, tiene que venir de abajo, de la sociedad organizada y consciente, de aquellos a quienes Calderón no les da mayor inteligencia que seguir a los líderes. La transformación del país se debe dar en la sociedad, con movimientos sociales, con conciencia y con inteligencia, a pesar de la corrupción, de los presidentes ilegítimos y de las élites empresariales retrógradas. Batalla difícil y desigual, pero que no se puede perder ni se debe, por ninguna circunstancia, dejar de pelear.

jgnaredo@hotmail.com
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