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Opinión
![]() Jorge Gómez Naredo
El científico social y la sociedad
El Occidental
20 de agosto de 2007
La semana pasada, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, se celebró el vigésimo sexto congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS). La cantidad de ponencias recibidas fue apabullante: más de dos mil. En la prensa local se hicieron muy pequeñas referencias al evento, a pesar de haber estado en él destacados pensadores sociales como FranÇois Houtart, Giovanni Arrighi, Emir Sader o Maristella Svampa, entre muchos otros más. Fue, sin lugar a dudas, un acontecimiento para el mundo académico en la ciudad de Guadalajara.
Dos mil ponencias son muchas, demasiadas, un verdadero cúmulo de conocimiento, sin embargo, como suele suceder en todos los eventos académicos, la difusión fue casi nula en comparación a otro tipo de actividades comerciales. Esto provocó que muchas personas interesadas en los temas abordados en el congreso no se enteraran siquiera que existiría un evento de estas características. Quizá éste suele ser uno de los problemas más profundos que existen en la academia dedicada a la investigación social: no hay una relación estrecha entre los investigadores y la sociedad. En una mesa de ex presidentes de ALAS, en la cual estuvieron presentes Raquel Sosa (que además de socióloga e historiadora ha estado al mando de las Secretarías de Desarrollo Social y de Cultura en el Gobierno del Distrito Federal), Marco Gandázegui, Luis Suárez Salazar y José Vicente Tavares dos Santos, se planteó la necesidad de vincular a los científicos sociales con los movimientos sociales y con la sociedad misma. Raquel Sosa describió nítidamente la situación de la mayoría de los pueblos latinoamericanos: pobreza, desigualdad, distanciamiento de los gobernantes y de los gobernados, carencias, desempleo, falta de oportunidades y un largo etcétera. Estas situaciones se ven en todos los países desde el río Bravo hasta la Patagonia. Por eso, un motor para que las circunstancias cambien, para que haya una transformación en la situación de la mayoría de los que viven en América Latina, debe ser el científico social. La actual secretaria de Educación, Cultura y Ciencia del gobierno legítimo de México (que encabeza Andrés Manuel López Obrador), arguyó que la ALAS precisa solidarizarse con los pueblos de América Latina. El destacado investigador cubano, Luis Suárez Salazar, fue claro y conciso: el imperialismo estadounidense es fuerte, atroz, fiero, pero los pueblos de América Latina necesitan luchar con dignidad y, sobre todo, con unidad. En dicha gesta los científicos sociales precisan estar. De igual manera, Marco Gandázegui describió los intereses del neoliberalismo, que los mismos de la mayoría de las élites latinoamericanas. No cabe duda que los científicos sociales precisan acercarse más a la sociedad. No solamente para que abanderen sus luchas o apoyen las transformaciones sociales, sino para que la sociedad conozca los avances en la sociología, la historia, la antropología, etcétera. Se precisa comunicar el conocimiento. Y es ahí donde se encuentra uno de los problemas más graves: ¿cómo hacerlo en países donde la mayoría de la población lee poco y ve mucha televisión? La solución no solamente le concierne a los gobiernos (muchos de los cuales piensan que entre menos lean sus gobernados, entre menos informados y menos reflexivos, mejor), sino también a quienes están de una u otra forma relacionados con la investigación social. El vigésimo sexto congreso de la ALAS tuvo muchas reflexiones, pero todas ellas necesitan salir de las aulas académicas y estar con el pueblo, con la sociedad, con el ciudadano. Entre más relación exista de la sociedad con los científicos sociales, el mejoramiento de los pueblos latinoamericanos será más rápido y, por supuesto, más profundo. jgnaredo@hotmail.com Columnas anteriores
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