Opinión
Jorge Gómez Naredo
Lluvias y gobierno ineficaz

El Occidental
6 de agosto de 2007

Las lluvias no se pueden evitar: cuando el cielo se pone negruzco y las gotas de agua comienzan a caer y a hacerse más y más profusas, nada se puede hacer, no hay labor ni esfuerzos humanos que eviten este proceso natural que es benéfico, sin duda, para la siembra, para la vida del hombre, para todo. Sin embargo, cuando llueve fuerte y copioso sobre grandes concentraciones urbanas, lo benéfico de la lluvia se puede transformar en tragedia, en lágrimas y llantos, en dolor, carencias, muerte. Quienes más sufren en estos casos suelen ser los más desprotegidos, los siempre olvidados, los que tienen poco y se quedan con menos, con casi nada.

En la ciudad de Guadalajara el temporal de lluvias se ha dejado sentir. Los aguaceros han inundado buena parte de la zona metropolitana. Aquí, allá, acullá, las grandes avenidas se han transformado en ríos caudalosos difíciles de vadear. El sistema de alcantarillado no ha funcionado, ha sido superado y ha carecido de efectividad para evitar la concentración de grandes cantidades de agua que caen del cielo: ha habido anegamientos que, pese al carácter natural de la lluvia, se pudieron evitar por el hombre, en este caso, por la intervención de las autoridades municipales y estatales.

Han muerto más de diez personas en lo que va del temporal y muchas más se han transformado, en unas cuantas horas, en damnificados. Las autoridades, sin embargo, no han acatado su responsabilidad en estos incidentes. Si bien es cierto que una fuerte tormenta puede producir estragos (como actualmente sucede al otro lado del mundo, en China y la India) y nada ni nadie tienen posibilidades de detenerla, también es cierto que un sistema de alcantarillado eficiente y efectivo fungiría como prevención ante posibles catástrofes.

La Zona Metropolitana de Guadalajara ha crecido sin planeación. Calles y más calles, avenidas y más avenidas: abrir espacios para el auto, para el rey de reyes (en detrimento, claro está, del transporte público); pasos a desnivel, puentes y más puentes, todo sin planeación y malhecho. La corrupción, tanto en gobiernos priístas como panistas, ha sido una constante. ¿Qué consecuencias ha traído todo este caos en el crecimiento de la ciudad? Los estamos viviendo: una ciudad llena de tráfico que, en una lluvia más o menos copiosa, desquicia y provoca varias muertes.

Parece ser que al gobernador Emilio González Márquez no le importan mucho las grandes inundaciones ni las muertes que provocan, las lágrimas, los damnificados. Fuertes tormentas sacudieron a la ciudad y él, ante una posible contingencia, se fue a Río de Janeiro a recibir la estafeta de los próximos Juegos Panamericanos. Además, no ha dado instrucciones para corregir y tratar de evitar el mal: una ciudad que cuando llueve, se vuelve el caos mismo por la falta de un sistema de alcantarillado eficiente. Las autoridades municipales de la Zona Metropolitana de Guadalajara tampoco parecen poner mucha atención a estos problemas: ellos duermen bien en sus mansiones mientras en algún lugar del municipio que dicen gobernar hay llantos y desesperación, anegamientos y pérdidas económicas y humanas. ¿Cuántas muertes más se precisan para que los gobernantes presten atención a este problema? Las lluvias no se pueden evitar, pero los estragos que causan pueden ser aminorados, evitados.

El pasado domingo 29 de julio, Emilio González Márquez se encontraba en Río de Janeiro junto con varios secretarios y demás amigos y parientes: iban todos a recibir la estafeta de los próximos Juegos Panamericanos. En Jalisco, ese mismo domingo 29 de julio, dos personas murieron por la torrencial lluvia y hubo varios desaparecidos, además de pérdidas económicas y hogares anegados. No cabe duda que la élite política que nos dice gobernar cada día está más alejada del pueblo, de la ciudadanía, de la sociedad y sus problemas, de las desgracias de sus supuestos representados.

jgnaredo@hotmail.com
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