Opinión / Columna
 
Francisco Morales Aceves 
¿Líderes o dirigentes?
El Occidental
12 de mayo de 2011

  ORFANDAD DE LIDERAZGO

(Quinta parte)

Al líder, quienes lo siguen es porque creen en sus valores y en los actos que desarrolla en su conducta pública y privada. Lo apoyan voluntariamente, porque se sienten bien representados y gratificados por sus decisiones.

El líder renueva su autoridad moral todos los días con su conducta pública y privada, y con esa fuerza mantiene vigente su liderazgo.

El líder no tiene horario ni calendario, ni busca con sus acciones pago o reconocimiento, le basta con la satisfacción del deber cumplido al sentirse útil a los demás. La humildad y la sencillez nunca lo abandonan; en cambio, el dirigente tiene la autoridad legal que le concede la ley con la que fue electo, sin que esto excluya la posibilidad de que se gane la autoridad moral con sus representados.

Al dirigente lo siguen porque así está establecido en la norma y por que es conveniente "cuerpearlo" para fortalecer a la organización o institución de la que forman parte; muchas veces lo siguen por obligación y en ocasiones hasta por temor. La vigencia del mandato del dirigente depende del periodo para el que fue electo y por lo regular atiende a sus representados en un horario normal de trabajo. Se sostiene en su responsabilidad con la ayuda de sus compañeros, aunque piense que todo se lo merece y lo recibe por la importancia que le atribuye a su persona.

Al líder le gusta la gente y tratarla es para él una mística cotidiana y se realiza cumpliendo sus encomiendas. El dirigente siempre tiene buenas excusas para no atender a la gente y ésta termina por incomodarlo.

Los buenos dirigentes suelen sublimarse y alcanzar la categoría de líderes frente a sus representados que también se subliman y se transforman en fieles y leales seguidores de su líder y de sus causas.

Al líder se le quiere y al dirigente muchas veces se le teme. El líder es carismático.

Platón en su obra "La República" bosquejó un tipo de líder que cumpliera el papel de "Custodio del Estado" no sólo por su personalidad sino especialmente por su educación. Aristóteles nos heredó en "La política" una especie de definición de líder: "Desde el nacimiento, algunos están destinados a obedecer, y otros a mandar".

A éste respecto Jorge Guillermo Federico Hegel señaló: "Los grandes líderes surgen mas fácilmente en las sociedades en fase de rápida transformación estructural".

En 1911 Robert Michels en su libro "Los partidos políticos" enumeró una serie de "Cualidades personales por las que algunos logran controlar a las masas y que, por lo tanto, deben considerarse como dotes específicas de los líderes. Además de la oratoria, que es el fundamento del líder, fuerza de voluntad, superioridad de conocimientos, profundidad de convicciones, solidez ideológica, confianza en si mismo, capacidad de concentración y en casos especiales bondad de ánimo y desinterés".

A principios de los años cincuentas del siglo pasado, el general Charles de Gaulle escribió:

"Sin grandes hombres no se consiguen grandes acciones, y los grandes hombres poseen esa grandeza por que tuvieron la voluntad de acometer grandes acciones".
 
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