Opinión / Columna
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Arnau Muriá
Prepotencia embotellada
El Occidental
29 de octubre de 2009
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Es queja común la poca sensibilidad social y consideración al otro, que tienen muchos de los gobernantes, cualquiera que sea el color. Ese es el caso de lo que ocurre en la calle Morelos a la altura de la Plaza de la Liberación.
Esta calle, en el tramo que cruza lateralmente junto a Palacio de Gobierno, está bloqueada, obliga a quien pretenda continuar ya sea hacia Liceo o Alcalde a tomar un desvío por Maestranza y después complicarse con, y complicar la de por sí ya embotellada avenida Juárez. Sobre nuestras autoridades cabe el dicho de ven la tempestad y no se hincan, claro como es muy bonito ver llover y no mojarse.
Esta circunstancia se ve agravada por el hecho de que es una zona, que al estar ahí los juzgados se vuelve un verdadero pandemónium. Todo el que pretenda utilizar el estacionamiento que se encuentra bajo la Plaza de la Liberación y lo encuentre lleno, como se le suele encontrar, topará con la dificultad de tener que dar semejante vuelta. No es justo.
Cualquiera que recoja a alguien en el Teatro Degollado, todo aquel que tenga que ir a los juzgados o simplemente alguien que haya tenido la mala ocurrencia de circular por el Centro, se ve sometido por dicha arbitrariedad.
Ignoramos la razón por la cual, en horas y días hábiles, se cierra la circulación en Morelos, lo que si sabemos a buen seguro es que genera contaminación, gasto de combustible y pérdidas enormes en horas-hombre para realizar una maniobra que debería ser muy sencilla y se complica, como tantas cosas en nuestra vida, por el despotismo de quienes rigen este estado. Dicen que inteligente es quien facilita lo difícil e imbécil es quien complica lo fácil.
Por esta circunstancia no podemos acusar del todo a los blanquiazules, que han demostrado su insensibilidad social en cuestiones de impuestos, de sueldos obscenos y de donativos descarados a los máximos comunicadores de este país, Iglesia católica y Televisión, nuestras dos religiones contemporáneas. Este acto autoritario, y hasta tiránico, proviene de una gubernatura priísta aunque la continuidad de lo malo en este caso sea azul.
Por otra parte para dejar aún más maltrecha la de por sí ya imposible vialidad en el Centro de la ciudad, las autoridades estatales quieren estrangular la circulación en avenida Alcalde reduciendo la circulación a un carril.
No conformes con descomponer la Calzada, parte con unas estaciones innecesariamente anchas y otra parte, completamente inútil ampliando sus banquetas. Ahora quieren bloquear la otra arteria que comunica, a través, del Centro la ciudad de norte a sur. Ante el señalamiento de las atroces consecuencias que tendrá esto sobre la movilidad urbana, cínicamente responden que se trata de desestimular el uso del automóvil.
Para desestimular el uso del automóvil se requiere mucho más que estorbar la circulación de éste al provocar embotellamientos. Se requiere que sea substituido, más bien complementado, por un eficaz sistema de transporte urbano. Que sea eficaz, que no sea una sauna, que haya seguridad para que no le roben a unos la cartera o a otras las bolsas, que no se trate de una sola línea, sino de una auténtica red de transporte urbano. Sólo así, y después de algún tiempo en que muchas de las conductas aprendidas cedan a la mayor eficacia del transporte urbano, porque éste mejore y no porque se complique innecesariamente la circulación de los automóviles, entonces la gente tomará más el transporte urbano. Lo que se está haciendo ahora simplemente es tiranía.
Es triste que aún ante los reveses políticos sufridos, los actuales gobernantes del estado no hayan entendido que gobernar no significa únicamente cobrar del erario y/o medrar mediante un sinfín de corruptelas. Gobernar significa escuchar a los gobernados y buscar su máximo bienestar y mejorar su calidad de vida.
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