Opinión / Columna
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José Luis Cuéllar de Dios
"Diálogos en la oscuridad"
El Occidental
13 de noviembre de 2009
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Los ciegos, aquellas personas privadas de la vista, han existido desde el primer momento de la presencia del ser humano en la tierra. Siendo ante todo, personas que han sufrido discriminaciones sin fin. A lo largo de la historia los hemos sometido al cruel y silencioso sonido de la indiferencia, contumaz indiferencia que durante mucho tiempo les provoca la sistemática frustración de sus anhelos. Con el correr del tiempo muchas personas con ceguera, de nacimiento o adquirida, han realizado y realizan grandes hazañas que se convierten en enormes ejemplos de talento, esfuerzo, constancia y dedicación que mucho sirven para el apoyo e inclusión de este colectivo. Por cierto y a manera de dato estadístico se considera que apenas el 10 por ciento de las personas con ceguera son de nacimiento y que en estos casos aún no existe cura posible. No así cuando la ceguera es adquirida, en cuya situación se han hecho enormes avances científicos y tecnológicos.
¿Cómo ven los ciegos? Pregunta metafórica que se podría responder si por un momento experimentáramos lo que la total oscuridad significaría en nuestra vida. Para tal experiencia la dirección del Trompo Mágico, ejemplar institución cuya permanente labor de solidaridad se ha convertido en un factor de cohesión social, ha organizado un evento llamado "Diálogos en la oscuridad" cuyo principal contenido es tener la oportunidad de hacer un recorrido, de aproximadamente una hora y diez minutos, en total oscuridad intentando realizar tareas simples y cotidianas sin el apoyo del sentido de la vista. Para tal efecto, la eficiente y comprometida directora del museo, licenciada Graciela de la Vega, se apoya en la activa y generosa participación de dos jóvenes mujeres que cuidan y vigilan la marcha del programa, ellas son Yadel Arechiga y Valeria Guzmán (ciega) acreedoras de un verdadero reconocimiento. Conocer y escuchar a Valeria se convierte en una gratificante y admirable experiencia, pues conforme se expresa se provoca una creciente admiración por su estatura moral y su cauda de valores.
"Diálogos en la oscuridad", que por cierto estará ofreciéndose hasta los primeros días del próximo mes de enero, es una de esas oportunidades que se convierten en excelentes mediadores entre sociedad y discapacidad. Es tarea común intentar convertirnos en una sociedad que apoye la discapacidad sin requerir justificación. Son muchos los ejemplos de personas con discapacidad visual que nos han dejado testimonios de poder interior de grandeza y que gracias a su temple y energía han transformado su desfavorable condición en virtuosismo, seres de estoica y granítica voluntad.
En "Diálogos en la oscuridad" se produce una singular y por momentos paradójica ironía: el guía en el recorrido en total oscuridad es un ciego. Quien puede afirmar que estamos exentos de caer en situaciones que a lo largo de la vida han pasado desapercibidas y que llegado el momento lo primero que necesitamos es la solidaridad de nuestro prójimo, comenzando por el más próximo. El recorrido al que invita esta singular experiencia es al mismo tiempo un desafío y una oportunidad, en muchas de las personas que lo han hecho se produce una extraña sensación de temor y admiración, se trata de una simple y genial idea que permite de una manera ingeniosa ilustrar la condición de ser una persona privada de la vista. Por cierto, es oportuno comentar, con cierto desencanto, que de acuerdo al registro de asistentes a esta experiencia, la afluencia de visitantes al Trompo Mágico ha sido minúscula en comparación con otras ciudades.
Quizás "Diálogos en la oscuridad" se preste para ser un evento cuya esencia única sea la de la curiosidad, pero no hay que olvidar que la costumbre social de interesarse en "curiosidades" por pequeñas que parezcan conduce con frecuencia a obtener grandes resultados.
Muchas iniciativas, públicas y privadas se han tomado para que en el tema de la solidaridad la sociedad madure, lo demuestra, por lo pronto la eliminación de aquel viejo y cruel estigma hacia la ceguera que consistía en considerarlos sujetos de la dependencia y la dádiva. En todos los rincones del mundo hay personas con discapacidad visual, la carga que esta condición representa para ellos debemos convertirla, en unión con ellos, en estímulos que les permitan aspirar vidas de promesa, porvenir y bienestar. No sigamos recurriendo a viejas excusas para justificar la indiferencia. Nuestra presencia en "Diálogos en la oscuridad" inyectará esperanza en este admirable colectivo. Amén de los amenes.
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