Opinión / Columna
 
Alma Valdés Salas 
Políticas de comunicación en México
El Occidental
6 de noviembre de 2009

  ANÁLISIS MEDIÁTICO

Las regulaciones en materia de competencia audiovisual encuentran su fortaleza en marcos legislativos aplicables a otros sectores, donde igualmente se prohíben las concentraciones horizontales o verticales, considerando su impacto económico, social y político.

Así, la apertura del espectro considera los avances en la digitalización y la convergencia de las telecomunicaciones. En México, la discusión sobre los procesos de convergencia ha enfrentado a los grupos dominantes de la industria por lo que se refiere a la interconexión de redes y la oportunidad de participar en mercados otrora ajenos a los servicios que actualmente prestan. Sin embargo, los avances en este rubro continúan siendo excluyentes para otros participantes.

La apertura del espectro no implica necesariamente la pluralidad informativa. Considerando los altísimos montos de inversión requeridos para la puesta en marcha de una cadena televisión, es de esperarse que los medios sigan concentrándose en pocos grupos empresariales que impondrán su visión particular -probablemente afín al status quo- a los contenidos difundidos con los que nos siguen maravillando, con voces que los proyectan como "los 100 mexicanos dijeron".

La falta de certeza jurídica en lo concerniente al acceso a los medios de transmisión y el impulso a la producción independiente, dificulta la difusión de mensajes que reflejen la pluralidad deseada y los contenidos en radio, televisión y medios electrónicos que actual y lamentablemente, han rebasado a las regulaciones y atribuciones de la Ley Federal de Radio y Televisión, a la Ley Federal de Telecomunicaciones, a la Ley Federal de Cinematografía, y en consecuencia a la Dirección General de Radio y Televisión (RTC), dependiente de la Secretaría de Gobernación.

Es por ello que la creación de otras cadenas televisivas, nacionales o regionales, tampoco trae consigo la desconcentración económica. Tal es el caso de México: la existencia de un competidor de Grupo Televisa no ha garantizado que la inversión publicitaria se haya distribuido de manera equitativa. En la práctica, no será posible que en el corto o mediano plazo haya concesionarios con la suficiente solvencia para hacer frente a la competencia que las dos grandes cadenas representan, ya sea en lo referente a contenidos, como en la posibilidad de ofrecer mercados publicitarios atractivos.

Si bien, en su momento el que fungía como titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en 2007, señaló que se consideraría llegar a un acuerdo para que empresas extranjeras participaran en la industria mediática si otros países abrían sus candados a la participación mexicana, debemos recordar que esto ya es una práctica común.

Televisa participa en el mercado estadounidense a través de Univisión y en el español con La Sexta, además de mantener convenios con Prisa en materia de radio tener incursión en el mercado canadiense. Ángel González posee medios en Guatemala y Chile. Lo anterior sin considerar, que en nuestro país sí se permite la inversión extranjera abierta hasta en 49% y la inversión neutra hasta en 99.9 por ciento.

Del mismo modo, los países que han abierto su espectro de manera importante cuentan con sistemas de televisión públicos fuertes, que en muchos casos tienen índices de penetración mayores que los sistemas privados. En España, Reino Unido e incluso Canadá, las concesiones de televisión privada se enfrentan a sistemas públicos consolidados, que gozan de apoyos gubernamentales que pueden llegar a colocarlos en una posición de mayor ventaja frente a sus competidores privados.

La discusión sobre el futuro del espectro, forzosamente requiere de la redefinición de los medios como instrumentos fundamentales para concretar las políticas de comunicación en el país.

Si bien la competencia idealmente deberá promover la difusión de contenidos de mayor calidad, pluralidad, objetividad e imparcialidad, y apegados a la ley, no debemos olvidar que en la lucha por el rating en la televisión ha apostado por contenidos que provocan mayor fascinación en el público por sus tintes amarillistas, morbosos o violentos, faltos de educación y con información sesgada. Por esta razón, la discusión de la apertura del espectro debe acompañarse de propuestas de regulación en materia de contenidos, independientemente de la autoridad que las aplique.

* Analista mediática y doctora en Derecho.

analisis@notiemp.com
 
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