Opinión / Columna
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Antonio de Jesús Mendoza Mejía
Una vida de esperanza
El Occidental
3 de noviembre de 2009
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Recordando el día de aquellos seres queridos que en esta vida, ya no existen
En la vida del ser humano siempre debe de existir la confianza de que el mañana existe y será mejor, la esperanza es una fe en la vida, no obstante en nuestro presente existe la posibilidad de morir, el estar enamorado de la vida es a diario pedirle al Dios Todopoderoso que así como amamos nuestra existencia, amemos también nuestro destino en el constante vivir, ya que no conocemos otro, y si es posible hincarnos para que no nos quite éste la esperanza de vida donde estamos, irremediablemente, en un continuo trance de muerte entitativa, ya que al estar enamorado de la vida nos preocupa hondamente la muerte, donde la vida tropezará ineludiblemente con esa amenaza cierta y delimitante que no está siempre presente.
No se trata de una posibilidad remota sino de una posibilidad actualizada, en tanto que la muerte como riesgo fundamental de la existencia es la condición de cualquier posibilidad determinada en el ser humano, las enfermedades terminales, las enfermedades crónicas, los accidentes o las muertes silenciosas que a diario se presentan en nuestra existencia, no son parte más que de eso que se llama vida.
La vida puede dejar de latir y de sentir pero el recuerdo de la vida es capaz de convertirse en una eternidad, no obstante las cosas humanas que en momentos parezcan caducas, la victoria de la vida siempre prevalecerá en lo que hagamos y tratemos de construir en un mundo mejor para los seres que amamos, por esto es mejor vivir y dejar vivir, y sabiendo vivir también sabremos morir.
La alegría y la tristeza son parte de esta vida, una se manifiesta con una sonrisa, y la otra con un llanto, ambos sentimientos forman parte de una historia de vida, donde los éxitos y los fracasos son parte de la vida, y ambas situaciones hacen que madure nuestra vida y por eso nuestro ideal como seres humanos está en la vida, la misma que no debe de ser lastimosa y mucho menos lastimera, ya que la dignidad del ser humano es parte de esta vida, donde las ilusiones nunca deben de morir, los sueños son parte de la vida, cuando un amor se presenta, un poema nos inquieta y una canción nos inspira en el camino de la vida, para estar enamorado de la vida.
Aunque la muerte sea una necesidad igual e invisible y como verdad innegable no se puede negar este derecho de morir y mucho menos el dolor por la separación en este arrancamiento de amar y de morir en el aprendizaje del vivir, la vida tiene que seguir con nuestros retoños, con nuestra pareja a quienes siempre amamos, y por quienes hemos ilusionado nuestra existencia, sin condición pero sí con amor, donde el amor y el perdón son partes ineludibles de la existencia humana amamos y perdonamos, y ante estos sentimientos no existe el rencor, porque en la vida desprenderse de este sentimiento es una necesidad humana.
Ante la enfermedad, siempre la ciencia médica presenta el hecho de nuestra posible existencia, pero los sentimientos para la persona que amamos se penetran en los estratos más profundos de la existencia del ser humano, por eso la vida se enternece en las personas a las que les manifestamos entrañable afecto.
* Profesor de Derecho y Oficial Mayor de la Preparatoria Regional de Tlajomulco de Zúñiga de la Universidad de Guadalajara.
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