Opinión / Columna
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Francisco Rea Signoret
La grotesca farsa legislativa
El Occidental
3 de noviembre de 2009
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"Es evidente que en México existe una estructura paralela que está gobernando de facto y que deja como pantalla a las instituciones".
La ratificación de la reforma fiscal, casi en su totalidad, por parte de la Cámara de Senadores, después de que supuestamente se habían concientizado y se opusieron al dictamen votado por mayoría por los simuladores de San Lázaro, nos dice que los mexicanos estamos totalmente solos frente a los abusos y las aberraciones de nuestra clase política, porque no hay freno para los excesos y falta de sensibilidad para crucificar en pleno Día de Muertos a toda la ciudadanía.
Es evidente que en México existe una estructura paralela que está gobernando de facto y que deja como pantalla a las instituciones; también que estamos inmersos en una confrontación de dos ex presidentes que se han odiado por años y que ahora están dirimiendo sus diferencias políticas en una sorda batalla tras bambalinas, en donde el inquilino de Los Pinos se está convirtiendo en un mero espectador.
La aferrada intención de Carlos Salinas de Gortari de desplazar, a como de lugar de "controles" de interés internacional, a Ernesto Zedillo está dañando profundamente la situación económica de los mexicanos, ya que la reciente reforma no es más que el producto del enfoque de un economista de visión arcaica de las finanzas públicas frente al mundo, que está empeñado en mantenernos en los años noventas, y la otra posición la ocupan los economistas que buscan adecuar a nuestro país a un mundo convulsionado por los desastres financieros, guerras mal llevadas de los norteamericanos y la falta de petróleo y recursos naturales, que nos pondrán en la pobreza extrema como nación si no actuamos a tiempo.
Las visiones de los dos Méxicos distintos son éstas, y por ello, con voz taciturna y de ultratumba, el senador presidenciable Manlio Fabio Beltrones casi lee el epitafio de México en la tribuna, una vez que se votó una de las más aberrantes reformas fiscales que se hayan producido en nuestro país.
El poder no se comparte, y esto es algo que deberá aprender el presidente Calderón, ya que últimamente está tomando decisiones que a él, como mandatario, no le favorecen; es decir, que los dividendos políticos y de posicionamiento los está recibiendo el grupo del "villano favorito" y no el del régimen. Por lo que deberá tomar una decisión muy pronto; y ésta es, o sigue con su alianza con el salinismo que terminará con la salida del PAN calderonista de Los Pinos, o se faja y enfrenta al jefe máximo que ya está jugando en circo de tres pistas.
Dentro de este contexto, el que Manuel Camacho Solís encabece un nuevo frente de fuerzas de izquierda, nos dice que el salinismo está engañando con la verdad, y si los panistas se equivocan, lo más seguro es que en una de estas se desayunan con que el gran factotum actual se podría inclinar en cualquier momento por la candidatura de Marcelo Ebrad o de Camacho, que sí pueden ganar una elección presidencial; máxime que la derecha mexicana no tiene un líder con perfil fuerte que pueda enfrentar a los presidenciables priístas; o en su caso, la envestida de una izquierda favorecida por capitales económicos que sólo buscan la rapiña institucional.
Ante este panorama, el haber aprobado dicha reforma es un mensaje a los grupos de poder del extranjero, especialmente de la Casa Blanca, en donde no quieren mucho al señor de Agualeguas, el cual quiere manifestar que el control político de las fuerzas vivas en México no lo tiene el presidente en turno sino el Jefe Máximo, que tiene la capacidad de maniobra suficiente tanto en Cámaras como en grupos de influencia, que pueden manejar las situaciones en beneficio de sus intereses.
Es tiempo de que Felipe Calderón retome el control de las decisiones políticas dentro de su esquema de poder, y así, abrir espacios equitativos a los competidores que buscan la grande. Pero si se constriñe a seguir jugando el juego de otro, lo más seguro es que no podrá establecer su estrategia de salida en donde incluso se le dificultará poner a su delfín, o en su caso, vetar a su sucesor.
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