Opinión / Columna
 
Jesús Rodríguez Gurrola  
¡Ah calaveras!
El Occidental
2 de noviembre de 2009

  LA COLUMNA DE EN MEDIO

"No más impuestos ni pobreza para el pueblo de México", en esas o parecidas palabras, los hoy diputados federales se dirigieron a la ciudadanía mexicana, durante casi un año por medio de spots de radio y TV, a través de pancartas, en pintas en las bardas, en calcomanías pegadas en los cristales de los automóviles, en gorras, en camisetas, llegando incluso a la desfachatez, de acudir personalmente ante los electores a llevar de viva voz este mensaje.

Pero una vez apoltronados en las curules del recinto de San Lázaro, los referidos congresistas borraron de sus mentes todo tipo de promesas y de supuesto compromiso, establecido previamente con los ciudadanos que acudieron a las urnas y como por arte de magia, aparecieron los verdaderos rostros e intereses, de los partidos o de los dueños de los partidos, quienes fueron los que en realidad los eligieron.

Los priístas y sus satélites comenzaron a lucir su verdadero rostro, el mismo que durante 70 años, la sociedad mexicana se había acostumbrado a tolerar, vía la represión, el ninguneo, el autoritarismo, el sometimiento y la imposición a los designios del patriarca en turno, cuya sombra se extendía hasta el último rincón del país y se hacía sentir en el ánimo del más modesto policía de las aldeas.

La bancada del panismo, por su parte, volvió a enseñar su rostro, enmohecido por la enfermiza obsesión, de regresar al país a la época de su majestad el emperador Maximiliano, de reinstalar a los viejos terratenientes de horca y cuchillo, por su mórbido sueño de volver clerical al Estado laico y de instalar capellanías en todas las oficinas públicas, incluyendo los cuarteles, desfigurado por su incontenible e inocultable deseo de venganza, contra todo aquello que le signifique o le recuerde la Revolución Mexicana, el ejido, el sindicalismo, hecho en los que perdieron sus privilegios y los mantuvo en el olvido por lo menos hasta la llegada del "foxismo".

A su vez la así llamada izquierda mexicana, en su "infantilismo" como dijera Lenin, sumida en debates irreconciliables, sólo atina a tomar las calles, a escribir en pancartas mensajes que únicamente ellos entienden, y en el mejor de los casos, a tomar la tribuna del Congreso, pero sin un orden ni metodología establecida, circunstancias que a los empleados del neoliberalismo, lo único que les causa es risa y motivo para festinar tales consuetudinarias ocurrencias, pues el poder contra estas estrategias ya está vacunado.

Sin embargo, aunque todo pareciera que los cauces del río conducen a los mismos deltas, es seguro, como en todos los momentos álgidos y dolorosos de nuestra Historia, que muchos de los diputados son concientes de que su voto ha sido utilizado para proteger los privilegios de unas cuantas personas y que de alguna forma han traicionado a sus electores, pero están atrapados en una cárcel de papel, de letras impresas, de leyes y ordenamientos que les impiden actuar al margen de los intereses de los grupos mafiosos que dictan los destinos del país.

A la inconformidad de los legisladores, que se opusieron incluso a votar a favor de la carga de impuestos contra la sociedad mexicana, contenida en el paquete fiscal enviado al Congreso por el morador de Los Pinos, se unen cientos quizá miles de voces que por diversos medios, han manifestado su total desacuerdo contra tales agravios, voces lo mismo de trabajadores, como de empresarios o de los habitantes del campo.

Por ahora los contenidos de la carga fiscal, se diluyen en los debates y en las discusiones de diputados y senadores, pero llegado el momento de aplicarlo, el inminente resultado será según las voces de la gente sensata, de políticos, de intelectuales del país y del extranjero, una puñalada más a la economía del mexicano, que le ocasionará sin duda más desempleo, más pobreza, mayor inseguridad y sobre todo mayor desconfianza en las instituciones de la República.

Por el bien de la nación, es necesario que los legisladores recapaciten, que recobren su soberanía, y la hagan valer ante el pleno del Congreso, cada uno de los integrantes de la Cámara de Diputados, representa una porción del país y ellos lo saben, como igual saben que fueron electos no para defender los intereses de partido alguno, sino para hablar en nombre de sus representados. Es tiempo de enderezar el rumbo, si lo hacen o no, la patria sabrá reconocerlos.
 
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