Opinión / Columna
 
César Gilabert 
Un cuento de brujas
El Occidental
2 de noviembre de 2009

  En México, se celebra el Día de los Muertos; en el mundo anglosajón el Halloween. Acá los niños piden su "calaverita" (en especie o en dinero); allá los niños plantean un dilema: dulce o travesura, con la famosa expresión "trick or treat". Coinciden en la fecha de celebración porque ambas tienen un origen, sino común, al menos empalmado.

Los celtas celebraban el fin de las cosechas con una festividad conocida como Samhain, literalmente: fin del verano. La estación que seguía, pues, era más oscura y fría. Era un tiempo de recogimiento y de esperar el nuevo ciclo, el año nuevo celta. Los britanos tenían una celebración parecida llamada Calan Gaeaf. Los romanos también celebraban el fin de cosecha, que llevaban a efecto a fines de octubre y principios de noviembre, como dominadores de los celtas, aprovecharon para fundir sus creencias. Este periodo del año tenía suficientes festividades paganas como para incitar al papado a tener su propia fecha, de modo que trasladaron la celebración de Todos los Santos del mes de mayo al 1 de noviembre. Y nuestra cultura prehispánica, con su vital culto por la muerte, concretó el sincretismo para festejar a los fieles difuntos con los altares llenos de provisiones para el gusto y deleite de los que se nos adelantaron en el camino, sea con golosinas, rezos o veladoras para guiarlos en medio de la oscuridad. El punto es que todas las celebraciones coinciden en un punto: reconocen un día especial del año en el cual la frontera que separa a la vida de la muerte, la luz de la oscuridad, el calor del frío, se estrecha de tal manera que los espíritus de los muertos y de los vivos pueden mezclarse. Es una idea muy interesante que la cultura norteamericana se encargó de explorar y explotar con su celebración del Halloween (derivación de All Hallow's Eve o Víspera del Día de los Santos). Aunque las primeras celebraciones se remontan al siglo XIX, básicamente por la interpretación religiosa que los inmigrantes de origen irlandés le dieron a la Gran Hambruna (1845-1849) que padecieron por la pérdida de cosechas de papa, atacadas por un hongo, lo que causó incontables muertes no sólo por el hambre misma, sino por las epidemias de cólera, disentería y fiebre tifoidea. No obstante, el Halloween tardó más de un siglo en consolidarse como una de sus principales celebraciones en Estados Unidos. Si bien logró mayor aceptación a partir de la década de los veinte, especialmente en los años de la Gran Depresión, no fue sino hasta que el cine y la televisión entronizaron el festejo y lo expandieron al mundo Occidental.

Además de un género de terror particular inaugurado por John Carpenter y su película de culto: "La noche de Halloween"; y posteriormente con el horror que inspiró el "Proyecto Blair Witch" (o "Bruja Blair"), consumaron en el imaginario norteamericano la idea de que el Halloween no sólo era día del "truco o trato" para ahuyentar a Jack O'Lantern, el tacaño de la tradición celta que ahora es un maloso que llega en esta fecha para hacer una maldición si no haces un trato con él, por cierto, razón por la cual se cortaban las calabazas para introducirles una vela y de ese modo ahuyentar al malvado. Como los espíritus que ese día invaden el mundo de los vivos incluyen no sólo a los buenos, sino también a los malos, la gente se disfraza con el fin de confundir a los seres malignos y así neutralizarlos. Así se coló la idea de que el Halloween también es la noche de las brujas.

Por otro lado, la cacería de brujas aún no termina. Y es que el dispositivo para perseguirlas y exterminarlas se convirtió en un modelo aún no superado para acabar con la disidencia política. Lo mismo fue empleado por Stalin, que por Pinochet, la dictadura argentina, que por el senador J. McCarthy y por Bush Jr. ¿Qué tiene de especial el procedimiento de la Inquisición y qué nombres adoptan las brujas contemporáneas: narcotraficantes, fundamentalistas, terroristas?
 
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