Opinión / Columna
 
Páginas Blancas 
Edelmira González de Castro 
Sin ningún pago extra
El Occidental
31 de octubre de 2009

  Es curioso ver que la mayoría de la gente cree que todo trabajo que se hace debe recibir un pago en efectivo. Nada más lejano de la realidad.

Y vamos por partes. En primer lugar no descarto en absoluto el derecho que se tiene de recibir dinero a cambio de un trabajo manual, mental o simplemente de ayuda a terceros.

Es lógico suponer que nadie hace las cosas por nada, menos aun cuando la necesidad y el hambre apremian, sobre todo, cuando la explotación laboral se manifiesta tan duramente. En fin, son muchas las causas y causales en que el por qué recibir un pago por el trabajo efectuado es lo fundamentalmente debido aquí y en China. Viene esto a colación y por demás personalizada de quien esto escribe, cuando sin quererlo he dado lugar a un sospechosismo de gente mal pensada en que he intervenido en pro de alguna causa, persona, comunidad y ciudadanía que pereciera ameritar una retribución económica.

Al caso he de decir que si bien, desde los 17 años he trabajado como oficinista y con la primera quincena empecé a sentirme un tanto suficiente como para poder comprante por ejemplo, un par de zapatos sin recurrir a mi padre, que de paso este amado señor era tan responsable en su calidad de jefe de la familia que, cuando solicité su permiso para trabajar en aquella oficina de representación de perfumes y medicinas llamada "Baz Hermanos" a unas tres cuadras de mi casa, accedió a regañadientes e insistiendo en que lo permitía únicamente para que yo practicara lo aprendido en el Colegio Aquiles Serdán donde me tuvo cuando terminé mi primaria.

Dicho esto, resumo el por qué me motivó ocuparme de este tema que considero tan delicado para la honrada limpieza de vida y corazón que a hombres y mujeres nos lleva tan frecuentemente a recibir las criticas por algo que está muy fuera de la verdad.

Precisamente en esta actualidad en que la situación de nuestro país está sufriendo el peor de los tiempos, se me ha insinuado por unos y dicho por otros, que lo que yo expreso sobre las bondades y esperanzas de un cambio verdadero cuando el licenciado Andrés Manuel López Obrador, asuma la presidencia de la República Mexicana que tan vilmente le fue robada en el 2006 y refiero algo de lo mucho de su obra benéfica que ya realizó como jefe de gobierno del D.F., y los razonables proyectos formulados para el bien de los pobres y de la ciudadanía en general, las malas lenguas especulan sobre cuánto recibo por esa publicidad que le hago, cuando en lugar de recibir emolumento alguno, sus leales " adelitas" lo damos en medida de nuestras posibilidades, y todo para que él continúe en su lucha al frente del Movimiento Nacional. Y eso que se diga que lo que escribo es "publicidad" me ha molestado y dolido.

¡Yo que siempre he dado mis palabras sin pago alguno, que di mi tiempo, sudor y lágrimas en la construcción del Centro de Desarrollo de la Comunidad en la colonia Oblatos, capacitando con la ayuda de amigas, compañeras e inclusive de mis hijos e hijas, a más de 700 mujeres en diferentes áreas de trabajo que las ayudaron a salir de la pobreza extrema en que vivían! ¡Que jamás recibí pago alguno ni de la señora Echeverría cuando fui su portavoz en Jalisco (bueno, ella me regaló una máquina de escribir que después yo doné a un taller de manualidades dependiente de la Secretaría de Educación), ni de otras labores que a través de mi Agrupación Mexicana Pro-Arte y Cultura y de Dignificación de la Vejez, en las que fungí como presidente, nunca tuvimos dinero de fuera para los gastos que teníamos y ni siquiera ser objeto de reconocimiento oficial alguno! Alguien nos salga ahora con que obtenemos pagos extras por nuestro trabajo.

¿Pagos extra? De nadie. ¡Bendito sea Dios! Pues lo que se hace de corazón y buena te solamente se te paga con lo más valioso: la satisfacción de haber hecho y promovido algo bueno en la vida.
 
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