Opinión / Columna
 
Armando Maya Castro 
El Estado laico en riesgo
El Occidental
31 de octubre de 2009

  La consolidación y fortalecimiento de nuestra democracia y de nuestras libertades es la única forma de impedir el retorno al Estado confesional, en el que se excluye y persigue a quienes piensan y creen diferente. Patricia Galeana afirma que en los tiempos de la vigencia de éste, "el Tribunal de la Inquisición se encargó de perseguir cualquier idea heterodoxa". La historiadora sostiene, asimismo, que "en la España de 1615, la libertad de conciencia se entendía, como inaceptable permisividad frente al mal".

Con las Leyes de Reforma, hace 150 años, se suprime al Estado confesional, sentándose las bases de un Estado laico, cuya creación es el más grande legado de la reforma liberal, y el mejor garante de las libertades individuales.

Lo anterior no fue del agrado de la Iglesia católica, quien desde entonces se ha opuesto a la laicidad del Estado mexicano, considerando ésta como una lacra histórica "que no nos deja avanzar". Calificativos de esta naturaleza desconocen las virtudes del Estado laico, el cual protege y difunde las libertades personales, así como una cultura de respeto a la diversidad de manifestaciones religiosas, con el claro propósito de propiciar un clima de convivencia y de no agresión entre los mexicanos.

Desafortunadamente, en los últimos años, diversos gobernantes han violentado el principio histórico de separación del Estado y las Iglesias. Lo hizo Vicente Fox Quesada en una de las visitas del papa Juan Pablo II a nuestro país, en cuya recepción se hincó y besó el anillo de éste, restándole importancia a su condición de Jefe del Estado mexicano, el cual es laico por mandato de ley. Antes, al inicio de su campaña electoral, Fox enarboló el estandarte de la virgen Guadalupana, colocando por encima de la Constitución, la norma jurídica suprema e inviolable de nuestra nación, sus creencias religiosas personales.

En el actual sexenio las cosas siguen en el mismo tenor. Así lo demostró Felipe Calderón Hinojosa con su presencia y discurso en el Encuentro Mundial de las Familias. Restándole importancia a su obligación de custodio del Estado laico, acudió a la inauguración de dicho evento católico, acción que algunos actores políticos calificaron como "una violación flagrante al Estado laico, así como un exceso que va en contra de su obligación de respetar la Constitución".

En el momento en que el presidente Calderón encabeza las reuniones católicas para defensa de la familia, quebrantó nuestra Carta Magna, que establece que los funcionarios están impedidos para asistir a actos de culto externo en su calidad de mandatarios.

Otros gobernantes de menor rango, pero que han sido elegidos por el voto popular, han favorecido a la Iglesia católica con apoyos financieros y donaciones de terrenos, que violan el principio de no discriminación que establecen las leyes que nos rigen. El rechazo social a este tipo de prácticas es el mejor indicativo de que la ciudadanía está a favor del respeto a la Constitución y a las leyes que de ella emanan.

A pesar de ello, las autoridades de gobierno no se deciden a mantener una sana distancia entre su gestión gubernamental y los asuntos que le competen a la Iglesia católica. En días pasados, el gobernador priísta José Calzada Rovirosa, hizo llegar a la Legislatura local una solicitud para que autorice enajenar en favor de la Diócesis de Querétaro, un inmueble propiedad del Estado. Este caso, así como muchos otros más, demuestra que para algunas autoridades de Gobierno (del partido que usted quiera) el carácter laico del Estado no tiene ninguna importancia. El proceder ilegal de estas autoridades obliga a la actual Legislatura federal a seguir creando leyes que consoliden y fortalezcan el Estado laico.
 
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