Opinión / Columna
 
Alma Valdés Salas 
Todos por el DDT de Carstens
El Occidental
30 de octubre de 2009

  ANÁLISIS MEDIÁTICO

La reingenierí­a personal a costa del erario público no se contempla en los desayunos, comidas y cenas con los que cuenta cada secretario, preparadas al gusto y por un chef en casa.



En últimos dí­as se escuchan muchas voces encontradas de avariciosos cuentachiles y matahambres, como si el ser mezquinamente tacaño y sólo preocuparse por su estomaguito, nos diera austeridad a 107 millones de mexicanos.

Si bien los especialistas en economí­a hablan de un boquete económico, el bolsillo de la población en general habla del hoyo social y del boquete alimentario, habla de la avaricia y de esa inclinación desmedida a la inequidad y a la posesión; habla de la codicia gubernamental y de lo lejos que se encuentran los poderes gubernamentales de las necesidades más básicas de la gente que los puso en donde están; habla del afán excesivo de riquezas y de la falta de interés e indiferencia por seguir todo peor y ya no igual que en el estado en que está.

¿Señores, qué atesoran...? La codicia (o a veces la avaricia) se considera un pecado capital, y como tal, en cualquier sociedad y época, ha sido demostrada como un vicio. En efecto, al tratarse de un deseo que sobrepasa los lí­mites de lo ordinario o lí­cito, se califica con este sustantivo actitudes peyorativas en lo referente a las riquezas; sin olvidar que ahora que estamos cerca del dí­a de muertos como parte de nuestra riqueza nacional no tangible "de limpios y tragones están llenos los panteones", y son tan pocos los que se resisten no ponerse a dieta.

A principios de sexenio, recuerdo haber leí­do que el secretario de Hacienda, Agustí­n Carstens, se echaba su desayuno en Palacio Nacional, servido por un chef personal, pagado por los contribuyentes, claro, al igual que su desayuno, y que el servicio diario del señor costaba 2,500 pesos.

Hoy, hoy, hoy, después de su cambio tan cantado en el año 2000, después de que Ernesto Zedillo nos dejó con infraestructura social y un crecimiento del 7% del Producto Interno Bruto, después de que exportábamos tres veces menos de migrantes, después de que tení­amos un IVA al 10%, que no estaban gravados los servicios de telecomunicaciones, que no habí­a una desmedida inflación en la administración pública federal, que entre los privilegios se trataba de repartir y no de quedarse con el toma todo, después de 10 años nos está llevando La Chifosca, gracias al Banco Mundial y a sus cerebritos que requieren mayor espacio y energí­a en la atención de su estomaguito.

Mire, un trabajador mexicano en promedio, recibe de 2,500 a 5,000 pesos mensuales por 8-10 horas de trabajo diario, y el ministro hacendario nos cuesta en promedio de 3 a 5 mil pesos ¡pero por dí­a!, multiplicados por 30 es una millonada solventada por todos los mexicanos, y nada más de pensar que está grandote, entonces debe de comer bien no crea que se va a conformar con su platito de frijoles y un par de tortillas, pero no sólo piensen en comida, piensen en los trajes, en sus artí­culos personales que todos deben de ser de marca, obviamente.

Mientras la mayorí­a de las familias mexicanas realizan un enorme esfuerzo por adquirir los productos básicos para su alimentación, Felipe Calderón, el presidente de México, según se ha dado a conocer, gastará 11 millones de pesos, sólo para los alimentos que se consumirán ¡en el avión presidencial!

El secretario de Hacienda, Agustí­n Carstens, gastará un millón 30 mil pesos en productos alimenticios... presupuesto para el 2010. Sin embargo, un obrero que gana el salario mí­nimo tiene que trabajar 20 dí­as para adquirir sólo 42 productos de la canasta básica, sin tomar en cuenta gastos de transporte, vestido, salud, artí­culos del hogar, en cambio Calderón los puede adquirir en sólo 65 segundos de descanso.

Especificando: un trabajador de salario mí­nimo necesita 10:45 horas de trabajo para comprar un kilo de bistec, 7:45 horas para comprar un kilo de carne molida y 1:35 horas de labor para comprar un kilo de tortillas. ¡Tú crees que a él le importe más su hambre al hambre que sufre el país!

Así­ que hay que conminar a Carstens en que DDT (Deje De Tragar) y contribuya con sus kilos de ayuda, a solucionar el boquete económico del paí­s.

* Analista mediática y doctora en Derecho.

analisis@notiemp.com
 
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