Opinión / Columna
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Armando Maya Castro
La libertad religiosa hoy
El Occidental
24 de octubre de 2009
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Los errores no tienen derechos. Ese fue durante muchos siglos el pensamiento de la Iglesia católica, que se proclamaba a sí misma como la poseedora indiscutible de la verdad, concepto que motivó su oposición a la existencia y desarrollo de los demás grupos religiosos.
Bajo ese principio, el romanismo negaba el derecho fundamental a la libertad religiosa, promoviendo a su vez la intolerancia, causante de violentos conflictos y de innumerables persecuciones en agravio de las comunidades no católicas.
Habrá quienes piensen que la larga lucha en pro de los derechos humanos ha logrado erradicar este fenómeno social, que alcanzó su cenit en los tiempos de la "santa inquisición", instancia que a través de brutales métodos hostigó, aprisionó, torturó y ejecutó a quienes disentían del dogma católico. Quisiéramos, en verdad, que las cosas fuesen así, pero tenemos que admitir que la repulsa a lo diferente sigue siendo un mal de actualidad.
Desde la edad media, y durante mucho tiempo, se observó una creciente tendencia a rechazar y agredir todo lo que era diferente. La diversidad religiosa no era bien vista en aquellos tiempos por los altos jerarcas del catolicismo, quienes defenestraban a las personas y grupos que propagaban lo que la Iglesia católica etiquetaba como "herejía".
La extinción de este fenómeno social sería lo ideal, aunque lo real es que la intolerancia sigue ahí, sin ser suprimida del todo, esperando el momento que los vientos del fanatismo soplen para que la mecha vuelva a encenderse, devorando con sus implacables llamas lo que encuentre a su paso. Tenemos que admitir que, a pesar de los nuevos aires de libertad, el sentido de pluralismo y tolerancia de la sociedad actual es, por desgracia, superficial, es decir, sin raíces profundas.
En nuestros días, hay quienes suspiran por el retorno de aquellos tiempos, en los que, a través de leyes, amenazas y prohibiciones, se impedía la propagación de la doctrina de las demás religiones. La intransigencia era entonces de tal dimensión, que a los judíos se les prohibía tener en su poder la Tora y divulgar sus creencias religiosas. Trato similar recibían los integrantes de otras confesiones, a quienes se les prohibía el libre ejercicio de su religión y las prácticas de sus ritos y ceremonias.
Tiempo después, la "libertad de conciencia" seguía siendo considerada en documentos pontificios como una derivación del indiferentismo. En su Encíclica "Mirari vos arbitramur", el papa Gregorio XVI, decía: "De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión".
El contenido de esta encíclica es intolerante, pues rechaza de manera frontal las libertades religiosas y de conciencia, considerados hoy en día como derechos humanos que deben ser protegidos por las leyes que nos rigen.
armayacastro@yahoo.com.mx
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