Opinión / Columna
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Alfredo Gabriel Páramo
Gracias a Cristina Pacheco
El Occidental
24 de octubre de 2009
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SOBREVIVIR A TERRITORIO COMANCHE
Entre las costumbres que aceleradamente se han ido perdiendo en estas épocas de cambios postmodernos, es el agradecimiento. Muchos consideran que son ellos mismos los únicos responsables de los logros obtenidos; otros, simplemente olvidan reconocer lo que se les ha dado. Agradecer se ve como un signo de debilidad, de algo de antes; o se convierte en un pretexto para favorecer alianzas o amigos en la perversa mecánica de "hoy te apoyo, para que mañana lo hagas por mí".
El agradecimiento también se incluye enaltecer los logros ajenos que son ejemplo ético y social para una profesión y que de manera humilde uno pretende hacer propios para reflejarlos en la sociedad. Así lo entendió la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, al decidir instaurar un Premio Nacional de Periodismo para reconocer a quienes en su labor diaria, dignifican y dan ejemplo de vida en una profesión a veces tan vilipendiada, pero tan entrañable, riesgosa e importante para el desarrollo del alma colectiva de una nación.
La Escuela de Periodismo Carlos Septién García, durante 60 años, se ha dedicado a formar periodistas con dos características fundamentales para la comprensión del mundo: el profesionalismo y la ética. Profesionalismo, para emplear las herramientas, técnicas y teorías necesarias para comunicar eficazmente; ética, para no olvidar que el valor central del periodismo se centra en el humanismo.
La primera entrega de este Premio Nacional que se irá dando cada año se nutre en la razón de ser de la Escuela de Periodismo y se entregó por primera ocasión en el marco de la conmemoración del aniversario del periodista que murió como reportero y dio su nombre a la sexagenaria Escuela de Periodismo y correspondió a Cristina Pacheco, escritora, narradora y periodista.
El Premio Nacional de Periodismo Carlos Septién García se otorga desde ahora a maestros del periodismo, y en palabras del doctor José Luis Vázquez, director de la Escuela, este "reconocimiento institucional busca llamar la atención a profesionales sin tacha", por lo que en su primera entrega es un homenaje en vida a la autora de columnas, libros y programas de televisión, no sólo memorables, sino imprescindibles en el contexto del periodismo mexicano como "Sopita de fideo" o "Aquí nos tocó vivir".
Cristina Pacheco, cuando nos recuerda que "el periodista no es una estrella, sino una presencia que se borra ayudando a construir un hoy que será un mañana" o que "el verdadero periodismo solamente puede darse en la libertad", está ayudando precisamente a liberarnos de la inercia, del conformismo, de la mediocridad, pues como aseguró del doctor José Luis Vázquez, "en una época en la que el periodismo parece estar secuestrado por el poder que nos hace olvidar la vida humana, la periodista nos da, con gran ternura, lecciones de generosidad y compromiso".
En realidad, el ejemplo de Cristina Pacheco reside precisamente en su modestia. Desde hace años hace lo que le gusta, contar historias. Como si aún fuera una muchachita, llega a todos los rincones de las ciudades para hablar con los seres humanos anónimos, con los que nadie voltea a ver, con ese ciudadano de a pie tan sufrido y olvidado que constituye el alma y la sangre de nuestra patria.
Con ese espíritu sencillo y cercano que es parte de su sello personal, la periodista, quien luego de décadas de ejercicio profesional, de un evidente dominio del oficio, de seguir llevando a práctica las palabras de Carlos Septién García acerca de que el periodismo "debe dar voz a quien carece de ella"; aceptó ante decenas de jóvenes que los envidia "por tener la oportunidad de aprender periodismo en las aulas", y especificó el verdadero sentido de la vocación al asegurar al recibir el premio que "es extraordinario recibir un reconocimiento por hacer lo que uno daría cualquier cosa por realizar".
* Escritor y académico de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García.
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