Opinión / Columna
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David Aréchiga Landeros
Pueblo pobre, partidos ricos
El Occidental
24 de octubre de 2009
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DE TODO UN POCO
En México, desde, que teóricamente, somos independientes, los partidos políticos han sido una rémora que hemos arrastrado a través de casi dos siglos, sin que nos hayan dejado beneficio alguno, sino al contrario, se han llegado a convertir en una pesada carga económica y social que ya resulta imposible de soportar, más ahora que hemos caído en una grave crisis económica, que nos hace ver con más claridad, lo insostenible de los sueldos de la alta burocracia de los tres poderes, las monstruosas pensiones de los ex presidentes de la República, la corrupción descarada y consentida de los principales sindicatos, Instituto Federal Electoral, y por supuesto, los nefastos partidos políticos, con todos sus colores y sinsabores.
Hojeando el libro de la Historia, en el siglo XIX, que abarcó la Independencia, Reforma y porfiriato, aparecen esbozos de partidos políticos que representaron diversas tendencias que pudieran concretarse en liberales y conservadores, en los que cabían de izquierda y derecha, religiosos y laicos, monárquicos y republicanos, beatos y masones, etcétera.
En el siglo XX, que comenzó con la agonía del porfiriato, avanzando con la Revolución, el partido Antireeleccionista de Madero, alcanza tal importancia, que eleva a su creador hasta la Presidencia de la República y al martirio. Consumada simbólicamente la Revolución con la Constitución de 1917, que aparentemente representó la substitución de una dictadura por la democracia, aparecen dos partidos principales: el primero basado en la Acción Nacional y el otro, todavía con la inercia de la pólvora revolucionaria, pero con la idea de convertirlo en institución. Ambos sobreviven hasta la fecha, el PAN y el PRI, este último concebido por el presidente Plutarco Elías Calles en los últimos años veinte y principios de los treinta y perfeccionado por Lázaro Cárdenas con la fuerza del voto corporativo de obreros y campesinos.
En 1988, Cuauhtemoc Cárdenas, del Partido de la Revolución Democrática ganó las elecciones presidenciales, pero el PRI de Carlos Salinas de Gortari, aliado con el PAN mediante el fraude maquinado con la caída del sistema, la dignidad y la vergüenza, tomaron el poder compartido que llevó a Acción Nacional a la presidencia en el año 2000. Todo quedó muy clarito, pero en lo obscurito.
Y ya en este joven siglo XXI, precisamente en el año 2000, el PRI de Carlos Salinas, a través de su pelele Zedillo, decide prestarle el poder al PAN, por dos sexenios, al parecer, y surge en el resplandor de la pradera guanajuatense el muchacho chicho de la política gacha, el hombre de las botas, el cocacolo, el Pedro Infante de la política, Vicente Fox Quesada, acompañado de su "chorreada" Martita la del Barrio, y juntos, como en las películas, triunfan arrolladoramente y llegan al poder en este país de las maravillas.
Pero como dijo el payaso Broso, el gozo se fue al pozo, cuando el galán de la novela se convirtió en el malo, malo, malo, pero de veras malo, pues de pronto el señor de las botas se transformó en el gato que aún habita bajo las faldas de su frívola mujer, en el rincón más profundo de San Panchito, en la tierra donde la vida no vale nada.
Ante tal fracaso, en el 2006, el PRD, con Andrés Manuel López Obrador al frente, se proyecta ante la mayoría del pueblo mexicano como una opción posible, puesto que el PRI y el PAN ya habían dado muestra de sus debilidades e incompetencia con su fama bien ganada, de buenos para nada. En respuesta, el PAN trató de sacarlo de la jugada presidencial sin lograrlo, y a la postre tuvo que fraguar un fraude electoral en contubernio con el IFE y el mismo PRI, ganando Calderón, cuya mala jugada y sus consecuencias, lo persiguen hasta ahora y lo tienen en la lona del cuadrilátero político.
Calderón y el PAN se sacaron la rifa del tigre. Se rodearon de monaguillos en vez de cardenales para formar su gabinete y se acercaron al Ejército para sentirse protegidos, so pretexto de combatir el narco, pero el costo político y económico resultó tan caro que hoy llegamos a la quiebra financiera.
Al no poder con el crimen organizado, arremeten ahora contra los sindicatos, pero no inician con los más corruptos, que son los de Pemex y Educación, dirigidos por un senador y una lideresa moral, ambos sempiternos, por la razón de que estos dos son socios del poder, que de alguna manera pactaron el fraude electoral que favoreció al actual presidente.
Esta es una apretadísima síntesis de la historia de los principales partidos políticos en México, aparentemente independientes, reformadores y revolucionarios, que todavía hoy no trabajan ni siquiera para los intereses de sus afiliados, sino sólo para un grupo muy reducido, cercano al poder, partidos que sólo han servido como mecanismo de control para mantener al pueblo siempre dividido y para partirle su mandarina en gajos.
A estas alturas del partido, uno se pregunta por qué el pueblo los sigue manteniendo con sus impuestos y hasta cuándo les pondremos límites.
Resumo: Creo que llegó la hora de exigir a los partidos/ se larguen mucho al carajo/ pues los mismos sólo sirven/ pa'partirle a nuestro pueblo/ su mandarina en mil gajos.
* Doctor en Ciencias, UdeG.
dalan16@hotmail.com
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