Opinión / Columna
 
José de Jesús Martínez Gil 
Si hoy descuidamos los valores
El Occidental
24 de octubre de 2009

  Día a día nos percatamos de que los valores morales, éticos y espirituales van a la baja y basta para ello fijarnos en la forma de vida de la población mexicana y sobre todo, en aquellas personas que se dicen católicas o cristianas, pero que dejan mucho que desear en su vida privada o pública.

Qué decir de aquellas personas que no siendo católicas ni cristianas, sino más bien enemigas de ellas, sostienen una serie de antivalores que transmiten, por medio de los medios de comunicación o a través de la mal llamada política en México.

Para acreditar lo anterior, basta ver el comportamiento, las actitudes, la falta de educación y de respeto a las instituciones y a las personas en la Cámara de Diputados, pues cuando un grupo de individuos toma por la fuerza la tribuna de la Cámara, y sustrae momentáneamente el símbolo que tiene la presencia del Poder Legislativo, así como el léxico utilizado en la misma, se llega a la conclusión de que si estos son nuestros legisladores, qué podemos esperar de nuestras leyes y de establecer una verdadera cultura política. Desgraciadamente este tipo de actitudes demerita notablemente no sólo a la verdadera política, sus valores y sus fines sino también, como ya se ha dicho, a las instituciones.

Es cierto que en algunos países, no muy civilizados, se presentan esporádicamente situaciones, que si bien es cierto, no son iguales por su gravedad a las que se llevan a cabo en la Cámara de Diputados federal de nuestro país, si son en algunos aspectos parecidos, pero eso no significa ni que sea lo correcto ni lo debido para dar ejemplo a la niñez, a la juventud ni a toda la ciudadanía, pues ellos mismos están desprestigiando y provocando el poco interés en participar en la vida pública de México.

Estamos todavía en tiempo para no descuidar los valores. Estamos en tiempo para rescatarlos, pero si no hacemos un gran esfuerzo para lograrlo, mañana será muy tarde para dejar a nuestros hijos o nietos, una verdadera forma o sistema de vida llena de plenitud para concluir nuestra vida terrenal y pasar el día de mañana a la dicha eterna. Debemos cumplir cabalmente con nuestra responsabilidad durante el tiempo que tuvimos para dar lo mejor de nosotros en este mundo, el cual aunque en muchas veces nos parezca ingrato, en última instancia es una oportunidad para llegar a la felicidad eterna.

La humanidad está preocupada y con mucha razón por la falta de seguridad, por la pobreza, por la injusticia, por el hecho de que los seres humanos están acabando con la naturaleza, así como por la drogadicción, el narcotráfico, la corrupción y otras muchas causas negativas, pero muy pocos nos preocupamos por salvar nuestra alma, lo cual implicaría actuar con una recta conciencia y una recta razón y no solamente con una conciencia y una razón, pues esto último implica y significa una imperfección o la contribución al incremento de un mal.
 
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