Opinión / Columna
 
Alma Valdés Salas 
Los miserables derechos de los pobres por venir
El Occidental
23 de octubre de 2009

  ANÁLISIS MEDIÁTICO

El cambio en la estructura socioeconómica de México en los últimos 20 años ha conducido a una brutal e inequitativa redistribución de los ingresos de los sectores pobres a los ricos sexenales, y a un fuerte proceso de concentración de la riqueza. Hoy no sólo los pobres son más pobres que antes, sino que los que no eran pobres ahora forman parte de esta categoría.

Sectores, que por cultura e ingreso pertenecían a las clases medias, se encuentran por debajo de la línea de pobreza y padecen, no sólo un empobrecimiento en términos materiales, sino que también se han empobrecido en términos psicosociales, a través de la erosión de la condición de ciudadanía y su autoestima. La vida cotidiana de estos grupos está atravesada por la idea de evitar la amenaza más temida: el no tener que comer, el no tener con que mantener a la familia, el desempleo, la falta de educación, de solvencia para pagar servicios que les corresponden como un derecho, la frustración e incertidumbre que impide la construcción ideal del futuro.

Este es un fenómeno históricamente residual y que en los últimos años del Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa se ha profundizado. El actual Presidente es la prueba fidedigna de que "las palabras sólo le sirven a quien las utiliza", ¡cueste lo que cueste y caiga quien caiga!

El empobrecimiento de nuestro destino como país nos lleva a una triste realidad, a la falta de credibilidad y de progreso en los cuadros legislativos que conozcan de los temas que el México requiere. En una gran mayoría, los ineptos y aprendices legisladores, nos hunden anualmente en una crisis de impuestos impagables.

Vivimos en un país tercermundista con impuestos de Primer Mundo, somos parte de su metamorfosis del trienio sólo que a "Juan Pueblo" nos aplica en sentido contrario. Los diputados federales se convierten en "todólogos y nuevos ricos" que usan su Poder Legislativo para hacer de los ciudadanos presas de su sensacionalismo y reflectores mediáticos, sin que se acuerden cuál era el compromiso que hicieron con sus electores, sin que ya sus continuos discursos que dan ante los medios y que nos agravian a todos, nos dicen que seguimos siendo unos tontos, que los seguimos secundando, que seguimos votando por ellos como parte de esa limosna que nos dan como nuestro único y oscuro derecho ciudadano: el voto.

No es aceptable que merezcamos nos traten como un país de personas sin preparación, diciéndonos a diestra y siniestra y de todas las formas que no pretenden soltar el hueso, que no piensan perder su status quo, que no van a mover ni un dedo para conocer los procedimientos parlamentarios que les llevan a debates y discusiones infructuosas y sin sustancia.

Total que la hipocresía y la metamorfosis social llevan a los menos a ser socio-económicamente parte de la acumulación del capital, mientras que los 100 millones de mexicanos restantes continuaremos profundizando los resultados de las altas tasas de desempleo, la desarticulación social y familiar, difuminando la clase media y enfilada a sectores de marginados.

El problema que está a flor de piel y que no quieren ver, es que la situación de carencia y deterioro es más grave de lo que parece, ya que no sólo compromete el presente, con el debilitamiento de la trama social, sino que involucran a las generaciones futuras, en la perspectiva de la transferencia generacional de la pobreza. Es casi un "círculo perverso" donde se reproducen continuamente las condiciones de marginalidad.

Millones de hombres, mujeres, niños y niñas alrededor del mundo se encuentran en situación de pobreza y miseria. Millones de personas de este mundo viven acosadas por la enfermedad y el hambre, mientras no haya para ellas remedios efectivos. Ante la falta de imaginación y de medidas realmente benéficas para todos los sectores, la Declaración Universal de los Derechos Humanos suena falsa, y los discursos mal articulados de nuestros políticos coyunturales, también.

Esto me recuerda la historia de las hormigas y los elefantes, finalmente y tarde o temprano, por más capacidad y trabajo que pongan las hormigas, los elefantes terminarán por aplastarlos desde sus cúpulas, como parte de la inseguridad y la metamorfosis del "animal que todos llevamos dentro..."

* Analista mediática y doctora en Derecho.

analisis@notiemp.com
 
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