Opinión / Columna
 
José de Jesús Covarrubias Dueñas 
El Estado
El Occidental
22 de octubre de 2009

  EDUCACIÓN PARA LA DEMOCRACIA

El mestizo, como hijo de la... ilegalidad, del delito, del escándalo, es la base sobre la que edificamos la falsa sociedad, la farsa en que incumplimos los derechos de los miserables. Los funcionarios son los más fieles servidores de los dueños del dinero y con dicho fundamentos ¿de qué sirve la libertad política para los que no tienen pan?, ¿cómo evitar política el daño al próximo, si ya se me privó de todo bien?; las máximas falacias, el nacimiento de un Derecho sobre la creencia de que los hombres somos iguales, cuando en realidad una minoría corrompida e incompetente domina a la mayoría en su provecho: los hombres somos desiguales en lo natural y la inequidad la acrecentamos en los social; la otra utopía es el hecho de hacerle creer a la masa que ella gobierna.

Un gobierno, al igual que un juez, no deben ser inicuos, vendidos ni seducidos por el poder: monstruo del orden social y verdugo del mal que cada uno lleva dentro de sí, falsos principios de cultura social y verdugo del mal que cada uno lleva dentro de sí, falsos principios de cultura social, lo malo no es de repente ni generación espontánea; la maldad tiene sus propios maestros: las moscas sólo se detienen en las llagas y la esperanza de impunidad es una invitación al crimen, entonces, la maldad es más ingeniosa que la ley.

Las bases de nuestro Estado y de nuestro gobierno son importaciones, no fueron recogidas como producto de nuestras necesidades y valores comunes plasmados en normas y materializados por las conductas de los ciudadanos, totalmente identificados con esos principios: hemos adaptado moldes extraños que no tienen nada que ver con nuestro clima; el gobierno es desgobierno y la raza no cumple la ley porque le es ajena, no nos identifica ni la aplicamos igual porque no resuelve nuestros problemas ni plasma los valores a que aspiramos; así, con base en la farsa social que tenemos, jugamos a burlar la ley y devolvemos el engaño impuesto: no busco quién me la hizo sino quién me la pague. La ley contiene muchos sentidos:

-Es una ley antinatura, en contra del yusnaturalismo; no se ha desprendido de su contexto social y salvo el intento de 1917, ha sido un instrumento del poder oligárquico que cada vez acrecenta el círculo de corrupción, la cual inicia desde que se venden los cargos públicos y no se acatan las leyes de Indias, institucionalizando la farsa en la que todos somos actores.

-Al no poder cambiar el hombre y su conciencia histórica, optamos por la vía más fácil, diarrea legislativa y cambios normativos a las instituciones; hecha la ley, hecha la trampa, medidas superfluas y meros paliativos que no resuelven los problemas de raíz; cambios temporaleros para ejercer el poder mientras...

-Las leyes para el hombre bueno no sirven y el malo no las sigue, la educación cívica está abandonada y nuestro afecto al país y a la familia no existe, gracias a todos y en particular a los medios de manipulación, otrora de información.

-Nuestras leyes se basan en la desconfianza de los ciudadanos, se nos considera a priori hombres sin virtud, lo que atenta contra la libertad con responsabilidad como fuente de razón, la política se coloca encima del Derecho y aumenta la represión: leyes contrarias a las necesidades y valores sociales, impositivistas, que se hacen cumplir por la fuerza y por la represión, basta ver cómo se han resuelto los últimos conflictos sociales en el contexto nacional y estatal.

-Las yuxtaposiciones dentro de nuestro sistema jurídico son contradicciones; no hemos armonizado el derecho natural con el positivo, la conciencia colectiva está olvidada por las legislaturas, lo cual se agrava con la macrosociología y la globalización.

Entonces, la ley es la opresión de la minoría, injusticia armada, nuevo nombre del desorden: anarquía en la que nadie hacemos el bien aunque podamos.

En este contexto, los abogados hemos sido partidarios absolutos del Derecho positivo y del poder en turno, no tenemos autoridad moral en la sociedad; por el contrario, ante el entreguismo gratuito de ignorantes y apátridas saqueadores, hemos aumentado la tiranía de los aduladores aceptando tecnócratas y cactócratas, que para el caso es lo mismo; novatos improvisados por acuerdos entre las oligarquías nacionales y oligopolios internacionales.

Así, los proyectos constitucionales y conquistas hechas por el pueblo de México a partir del siglo pasado, cuyo momento más grandioso lo constituyó nuestra Carta Magna de 1917, primera revolución de carácter social triunfante en el siglo XX en el mundo, que contiene un proyecto político y económico sustentado por una educación claramente definida, han sido abandonados expresa o tácitamente por todos nosotros, especialmente por los abogados, que somos más "abogángsteres", que defensores de la justicia social, bien común e interés público.

Por tanto, la ley sucumbe ante el estrépito de la fuerza y de las armas. El Derecho es la fuerza legitimada y no puede armar el Derecho quien comete o acepta la injusticia, es cómplice; ser justo antes que generoso y humano antes que justo son premisas del deber ser por el que hay que luchar día con día.

Los magistrados deben mandar por encima de la ley, que calla llena de vergüenza en su tuina y desolación. El juez debiera estar con una mano en la ley y otra en el corazón: nuestra justicia no es gratuita, consideramos injusto lo que no nos favorece y el Estado de Derecho está deshecho, no existe; especialmente en los principios en que fue fundado: honeste vivere (vivir honestamente); altare non leadre (no dañar a nadie) y suum cuique tribuere (dar a cada quien lo suyo). (Justiniano-Ulpiano).
 
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