Opinión / Columna
 
Joel Díaz García  
Nos falta cohesión social
El Occidental
21 de octubre de 2009

  En los últimos años, en nuestro país, hemos tenido como afán colectivo los objetivos de mejorar nuestro sistema político, de potenciar el desarrollo económico, de crear un verdadero Estado de Derecho y de mejorar las condiciones de acceso a servicios básicos. No obstante, nos hemos olvidado de que ninguna humanidad puede avanzar hacia el desarrollo y la prosperidad, si no contamos con elementos mínimos que nos cohesionen como sociedad. Ahí los temas relevantes son otros: sociales, culturales, lingüísticos y hasta antropológicos, mismos que son la base que permite identificarnos unos a otros a través de valores y principios compartidos.

Por alguna razón nos hemos olvidado de dar importancia a esos aspectos. Hoy esos elementos se encuentran en crisis por las grandes transformaciones sociales y políticas que han hecho que en la actualidad los mexicanos veamos nuestro entorno y sus soluciones, única y exclusivamente, de manera individual. Por eso podemos ver que la desigualdad asciende, la sociedad se desestructura y desintegra, la inseguridad se incrementa, la pobreza adquiere ribetes socioculturales jamás vistos y se da una creciente dificultad para configurar acuerdos duraderos que nos ayuden a colonizar el futuro.

A ningún país o nación les han bastado las motivaciones individuales de sus integrantes para lanzarse a alguna empresa de gran magnitud. Por ello la idea de un "nosotros" es tan o más importante que la garantía de acceso a servicios básicos, el mejoramiento de los ingresos o el manejo adecuado de la macroeconomía.

La cohesión social es una forma de protección social que se basa en el establecimiento de relaciones solidarias entre individuos y grupos sociales para la realización de tareas colectivas o el establecimiento de redes para dar resolución a problemas sociales, tales como la desigualdad, la pobreza, la inequidad, la exclusión, la descomposición, entre otras. En esencia hablamos de integración, pertenencia y ciudadanía. Tres nociones que postulan la capacidad de una sociedad para construir lo común, una identidad y un alto sentido de pertenencia.

Nuestro afán de construir un México diferente pasa no sólo por tener mejores carreteras, mejores gobiernos, mejores trabajos, mejores gobernantes. Pasa por el fortalecimiento de la cultura nacional que nos permita una convivencia pacífica, productiva y provechosa. El verdadero desarrollo de una sociedad se da cuando hay consensos, cuando todos comparten un mismo sueño, cuando tenemos un proyecto colectivo sobre el cual todos tenemos algo que aportar, cuando tenemos la capacidad de respetar anhelos ajenos a los nuestros y tomarlos en consideración. Esto es, en la creación y recreación de una cultura cívica.

Los países con mayor cohesión social no se generan por una posición económica, un nivel de ingreso determinado o una ley especifica, se generan cuando sus miembros llevan en sus venas, corazones y cerebros la idea de ser partes de una nación. Idea que nutren con el espíritu como lo propone el lema universitario de la UNAM "Por mi raza hablará el espíritu".

¿En dónde están las cosas que nos pueden hacer grandes como sociedad, como ceder el paso vehicular al otro y estacionarnos correctamente? ¿Otorgar el lugar a un anciano o embarazada en el autobús? ¿Agradecer a los demás? ¿Saludar al otro? ¿Ayudar a un accidentado? ¿Convidar a los demás? ¿Reaccionar ante una injusticia? ¿No maltratar o matar a los animales? ¿Tratar a nuestras mujeres como princesas? ¿Respetar las pertenencias de los demás? ¿No tirar basura o maltratar la imagen urbana? ¿Venerar a nuestros seres amados? ¿Hacer fila? ¿No burlarse de los demás? ¿Devolver un cambio mal calculado? ¿Esforzarse por ser mejor? ¿Solidarizarse con las víctimas de una tragedia? ¿Educar en la autoestima? ¿Cuidar nuestro medio ambiente o sembrar un árbol? ¿Respetar nuestro orden legal? ¿Trabajar en armonía con los demás? ¿Salvaguardar la dignidad de todos?

A través de acciones como esas podemos generar una mejor cultura cívica. Y para ello no se necesita más dinero o más presupuesto, no se necesitan más leyes o mejores ingresos, sólo una gran dosis de sentido humano, educación, pasión, proyecto y liderazgo.

Jamás vamos a salir adelante si seguimos viviendo en un país donde hacemos de nuestras diferencias la mayor riqueza. Hoy la envidia y el encono social son bastante palpables en nuestro país, hay una tendencia al revanchismo en todos los sectores y niveles sociales, una clara división en visiones y proyectos. Nada nos hace sentirnos unidos, ni si quiera la Selección Mexicana de Futbol.

Viene el bicentenario de nuestra Independencia y deberíamos preocuparnos por ese tipo de cuestiones. Buscar nuestros elementos de identidad, acciones que nos permitan reconciliarnos unos a otros, acuerdos para resolver nuestros problemas de pobreza y exclusión social, pactos para construir un país incluyente. Pero mucho me temo que el festejo del bicentenario servirá sólo para construir una serie de monumentos que para muchos no tendrán el más mínimo sentido.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas