Opinión / Columna
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Ernesto Díaz Martínez
Por 126 municipios jaliscienses saludables
El Occidental
21 de octubre de 2009
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El Artículo 115 Constitucional reconoce al municipio libre como base de la división territorial y de la organización política y administrativa de los estados de la República. Así, la importancia del municipio como espacio territorial, en los ámbitos de las relaciones socio-económicas y políticas, permite una serie de oportunidades para enfrentar cacicazgos y desmitificar mitos a partir del conocimiento, cercano de los rezagos y avances particulares de cada municipalidad. Al respecto, Jalisco se compone de 126 municipios, según el Decreto 21432 de 27 de septiembre de 2006 del Congreso del Estado, mediante el cual se expide la Ley del Gobierno y la Administración Pública Municipal.
Creo que a partir del municipio es posible romper dictaduras y resistencias caciquiles, en lugar de seguir permitiendo como ahora se pretende que se instituya por virtud de la costumbre y de las leyes no escritas como base para la simulación de la democracia electoral.
En Jalisco hace falta romper las cadenas del centralismo en renglones como la salud, la transparencia y la rendición de cuentas, de manera que se obligue legal y moralmente a los administradores a consultar las decisiones trascendentes entre los gobernados y asumir como tareas las legítimas aspiraciones de los ciudadanos de sus municipios.
Hace falta que los Gobiernos municipales sepan exigir que el Gobierno estatal a través de la Secretaría de Salud destine con rigor de transparencia los recursos suficientes para que los Hospitales Regionales y los Centros de Salud Municipales y Rurales estén en condiciones de atender adecuadamente a la gente pobre: que se nos atienda como si todos fuésemos ricos, por la sencilla razón de que para eso les pagamos, de que somos seres humanos y de que la Constitución prevé que por ser personas mexicanas tenemos garantizado el derecho a la protección de nuestra salud.
Lo anterior, ya que la prevención y protección de la salud de todos desde el sector público es en teoría y debe ser en la práctica obligada prioridad y tratarse como asunto de Estado. No obstante, este anhelo es letra muerta en varios municipios jaliscienses donde en forma por demás sospechosa se hace deficiente y se deshumaniza el servicio público de salud en la misma proporción en que florecen negocios particulares a partir de esas carencias, se trata de clínicas que resultan imposibles para un pobre por la carestía de sus servicios, lo que no necesariamente garantiza el trato humano y eficiente que todas las personas merecemos.
El asunto de la salud como sabemos, es de vital importancia. A nadie debe deseársele una enfermedad o una lesión; pero nadie que la padezca debe carecer aún en la ranchería más alejada, de médicos y enfermeras competentes dotados del material necesario, las instalaciones y vehículos para curarle con amor a su profesión y a la humanidad, y no con la irresponsabilidad brutal movida por el endemoniado afán de la ganancia.
Los Gobiernos municipales debieran ser la mejor selección de colaboradores y regidores que representen genuinamente a la sociedad para que gobiernen auténticamente en su nombre y para su beneficio con transparencia, valentía y emoción social, dispuestos a vivir en la honrada medianía que recomendaba el Benemérito de las Américas, nuestro ilustre Benito Juárez, eso, en lugar de que se siga viendo a la administración municipal como la oportunidad de vivir de los privilegios del presupuesto y las mieles del poder temporal y mezquino en que lo convierte la politiquería simuladora e hipócrita.
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