Opinión / Columna
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Antonio de Jesús Mendoza Mejía
Educar sin difamar
El Occidental
20 de octubre de 2009
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ENTORNO
Ser profesor es una de las grandes vocaciones que se deben de descubrir por los caminos de la vida, donde el profesor en estos momentos representa un mundo de enseñanza y una realidad de aprendizajes, así tenemos en el llamado de profesor a personas que nos marcan los caminos de la vida, que generación tras generación nunca olvidan sus técnicas didácticas de la enseñanza y mucho menos las ciencias pedagógicas de los aprenderes, hombres que transitan por el tiempo y el espacio donde esos espacios a diario se convierten en salones de clases, mismos que se determinan por los tiempos según los avances programáticos de la vida docente y académica del profesor, estos profesores siempre están sujetos a reconocimientos y desconocimientos por parte de la sociedad, donde el profesor se involucra en las comunidades que el mismo ha motivado para su desarrollo y en los alumnos que son removidos o reprobados conforme a los rendimientos correspondientes, donde solamente existe una recompensa en este llamado de ser profesor, una recompensa que se da con el sentimiento de gratitud cuando somos capaces de decir: ¡gracias profe!, donde al profesor no le importa si los alumnos que formó en estos momentos son el abogado de la comunidad, el sacerdote, el político, el futbolista, el padre de familia o la madre de familia, por lo que el formó fue sin esperar una recompensa a cambio, él solamente fue un formador que basaba la ciencia de la educación en valores, unos valores que se trasmiten en el hombre hasta el conocimiento filosófico y científico, donde los valores siguen siendo parte fundamental en el transitar educativo, no obstante exista dentro de este mundo entrampado de situaciones adversas al proceso educativo, ingratitudes que rompen con los esquemas éticos y filosóficos del proceso educativo.
El profesor de nuestro sistema educativo jalisciense se convierte en un profesional de formadores, desde la educación básica hasta la educación superior, pasando por etapas que se consolidan en la formación del formando que van desde el aprender a leer y escribir, identificar los colores, escuchar la música, disfrutar del arte y el saber ejercitar su cuerpo, así el formando cada día en este mundo de construcción de sabios es capaz como valor fundamental de la libertad de salvar una vida, o de dar en un nacimiento de un ser humano una nueva vida, o bien de preservar la propia vida, así el profesor forma con más vocación que la de enseñar a vivir la vida conforme a la defensa de la vida.
En estos principios de la defensa de la vida a través de la enseñanza y el aprendizaje, o de los nuevos modelos de los aprenderes que parten desde la psicología, sociología o filosofía de la educación, los profesores se innovan para transformar a sus pupilos en ciudadanos que sirvan a su sociedad construyendo la naturaleza, y desarrollando en estos nuevos modelos de ciencia y tecnología, que es el caso del profesor Gustavo Ramos Villarruel, quién tras recibir la medalla de 40 años de servicio y su reconocimiento al mérito Altamirano, el profesor sigue enseñando y formando profesores, sigue atendiendo a los alumnos de la zona escolar que por nombramiento y número, el Estado le ha confiado en una nueva experiencia que se llama Supervisión Escolar de Educación Básica de Escuelas Secundarias, donde a través de su jurisdicción de zona el Estado le confió la Zona Escolar Número 5.
Gustavo Ramos Villarruel, es un hombre honorable que ha sido difamado por algunos de sus detractores quienes han tratado de empañar su labor docente.
* Profesor de Derecho Público de la División de Estudios Jurídicos y Oficial Mayor de la Preparatoria Regional de Tlajomulco de la Universidad de Guadalajara.
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