Opinión / Columna
 
Francisco Morales Aceves 
Río Blanco, Veracruz
El Occidental
20 de octubre de 2009

  DE LA "A" A LA "Z": POLÍTICA ES LA RECETA

En el 2010 se cumplirán 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, ocasión propicia y oportuna para rememorar los prolegómenos más importantes del movimiento revolucionario precursor en la defensa de los derechos sociales en el mundo. Dos son los sucesos previos, emblemáticos de la Revolución Mexicana: La huelga de los trabajadores mineros de Cananea, Sonora, del 1 de junio de 1906; y la rebelión obrera de los trabajadores textiles de Río Blanco, Veracruz, del 7 de enero de 1907, ambos movimientos sociales fueron reprimidos con saña por la dictadura porfirista. Analicemos el contexto del segundo acontecimiento:

La violenta represión a los 2,350 trabajadores textiles de la fábrica de hilados y tejidos de Río Blanco, Veracruz. Se enmarca en la injusta división de clases, como alguna vez lo dijera el escritor y poeta alemán Eugen Berthold Friedrich Brecht (Augsburg, Alemania. Febrero 10, 1898-1956 agosto 14, Berlín): "Arriba, abajo, dos pesos y dos medidas diferentes, y se hablan dos lenguas diferentes. Los hombres tienen el mismo rostro y sin embargo no se reconocen. Pero a los que están abajo los mantienen abajo para que puedan permanecer arriba los que ya están allí".

Al principio del sigo XX la industria textil era la segunda en importancia en el Desarrollo Económico de México; la fábrica de Río Blanco era la más grande del Cantón de Orizaba y la más importante de la región veracruzana. Sus dueños eran de origen francés y habían sido de los consentidos del secretario de hacienda porfirista José Yves Limantour, la maquinaria era de lo más moderno que se producía en Europa; todos los puestos importantes del organigrama de la empresa los ocupaban ingleses y sus sueldos oscilaban de 37.50 pesos semanales que ganaba un superintendente, hasta 41.75 pesos semanales pagados a un ingeniero en jefe. Los empleados "de confianza", que ocupaban los puestos administrativos de menor categoría, eran invariablemente mexicanos: un capataz encargado de imponer el orden dentro del centro fabril, no ganaba más de seis pesos semanales. Y los obreros adultos que constituían la mayoría de la fuerza de trabajo, recibían 35 centavos diarios por agotadoras y extenuantes jornadas de trabajo de 16 horas diarias. Las mujeres y los niños, que constituían una parte importante de los trabajadores, ganaban 25 y 10 centavos diarios, respectivamente, a éstos míseros salarios todavía les descontaban por uso de vivienda, multas por llegadas tarde, bailar sin música y descomposturas de la maquinaria, abono al adeudo con la tienda de raya y cooperación para las festividades religiosas. A los trabajadores no se les respetaba su vida privada, sus lecturas eran censuradas, no les permitían visitas en sus hogares así fueran sus familiares o amigos. En suma, carecían de libertades en todos los terrenos, esta virtual esclavitud hizo germinar la toma de conciencia de la injusta realidad social que soportaban, siendo alentados por sus compañeros José Neira, Porfirio Meneses, Juan Olivares, José Rumbia, Manuel Ávila y Andrés Mota. El fruto de estas inquietudes fue la creación de una organización gremial que les sirviera a los trabajadores para luchar por sus más elementales derechos frente a los patrones abusivos y su defensor Porfirio Díaz. El 1 de abril de 1906 se constituyó el gran Círculo de Obreros Libres de Río Blanco, estableciendo en sus estatutos la obligación de luchar unidos por la implantación de la jornada de ocho horas de trabajo y mejores salarios. La respuesta patronal a este hecho fue fulminante: Andrés Mota fue desalojado de su vivienda; Manuel Ávila fue separado de su trabajo y el 19 de mayo de 1906 sorpresivamente se suicidó. El domingo 27 de mayo del mismo año, José Neira fue electo por sus compañeros como presidente del Círculo de Río Blanco. En su discurso afirmó: "En caso de no ser atendidos en nuestras justas demandas iremos a la huelga"; el dictador Porfirio Díaz le ordenó a su consejero político Rafael de Zayas Enríquez trasladarse a Río Blanco, Veracruz; para saber con exactitud lo que estaba sucediendo y actuar en consecuencia. A finales de agosto de 1906 el señor De Zayas le informó al general Díaz lo siguiente: "Noto que hay fermentación abajo y alarma arriba. Esto sólo puede conjurarse por la acción enérgica, decidida y patriótica de usted señor Presidente "La respuesta del dictador Díaz fue rápida, a finales del mes de diciembre le ordenó a su Secretario de Guerra que enviara soldados a Río, Blanco. Por lo que pudiera ofrecerse. Sorpresivamente el lunes 24 de diciembre de 1906, los dueños de las fábricas textiles decretaron un paro patronal en todas sus empresas. Al inicio de 1907, el general Díaz dictó el laudo que resolvía el conflicto obrero-patronal y cuyo último artículo decía: "Los obreros quedan comprometidos a no promover huelgas". La reacción de los obreros textiles de Río Blanco, Veracruz fue categórica al rechazar unánimemente el laudo presidencial. A las 5:30 horas del 7 de enero de 1907 sonó el silbato de la fábrica de Río Blanco, los obreros caminaron hacia ella y un dependiente de la tienda de raya dio muerte a uno de los trabajadores. Y ellos como protesta apedrearon las ventanas del inmueble. De inmediato, por ese sólo hecho, el teniente Gabriel Arroyo ordenó a la fuerza militar reprimiera a los trabajadores, así comenzó la rebelión obrera de los trabajadores textiles de Río Blanco y no la huelga obrera como muchos lo quieren hacer creer. La huelga de Río Blanco era patronal, como parte del paro realizado por los dueños de las empresas, los únicos trabajadores textiles en huelga eran los de los estados de Puebla y Tlaxcala, quienes así lo habían decidido desde el 4 de diciembre de 1906, por las inhumanas condiciones en que desarrollaban sus labores.

La escritora norteamericana Ethel Duffy Turner escribió: "En la mañana del 7 de enero de 1907, los obreros de Río Blanco estaban congregados en torno a la fábrica y a punto de entrar, cuando las tropas federales abrieron fuego sobre ellos". La multitud enardecida se dirigió hacia las tiendas de raya de la región de Orizaba (Río Blanco, Nogales y Santa Rosa) para destruirlas como protesta, y de nueva cuenta la milicia abrió fuego contra ellos iniciando una de las represiones más sanguinarias en contra del Movimiento Obrero Mexicano. De inmediato llegó a Río Blanco el subsecretario de Guerra, general Rosalino Martínez al frente de dos mil soldados para acabar con la rebelión "A como diera lugar" como se lo había ordenado el general Díaz. Desde la madrugada del 8 de enero se iniciaron los cateos domiciliarios en todos los pueblos textiles de la región: hombres, mujeres y niños eran sacados violentamente de sus hogares y fusilados en los cuarteles, algunos trataban de huir hacia los cerros y hasta allí eran perseguidos y asesinados. Se habló de cientos de muertos, lo cierto es, que de los 7,083 obreros que había en las fábricas de Orizaba, hasta antes de los sucesos sangrientos del 7 de enero de 1907, sólo regresaron a sus labores el 9 de enero 5,512 trabajadores, ese día, antes de entrar a trabajar, los obreros fueron testigos de la cruel ejecución de sus líderes del conflicto de Río Blanco: Rafael Moreno, Celerino Navarro y Manuel Juárez. La lección había sido dada y el escarmiento cruel a los trabajadores allí estaba. Ojalá que nunca más la represión sea la respuesta a los anhelos de emancipación social y que la violencia no sea un presupuesto de la justicia.
 
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