Opinión / Columna
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Páginas Blancas
Edelmira González de Castro
Floración bendita
El Occidental
22 de octubre de 2009
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Cuando el corazón habla, no lo puedes callar.
Las palabras saltan como estrellitas en noche de Luna, titilando con ritmo de gozo, de baile, de recuerdos dulces, de daciones milagrosas...
El tiempo no cuenta cuando la dicha que Dios te concede en la vida, se transforma en nuevos brotes de existencia humana para hacer méritos en este camino bello pero a la vez tan dolorosa como lo es la existencia en el mundo. Sin embargo, las mamás encontramos toda la hermosura que la vida puede darnos cuando a pesar de dolores y angustias que desgarran tu cuerpo, aparece de pronto la figurita de un nuevo ser que viene a complementar el destino dado por el amor compartido.
Y esto no es una loa a la maternidad en sí. No. Es sólo la consecuencia de algo que se recibe con la gratitud que ello entraña, aunque también con una especie de resentimiento por la distribución tan poco equitativa de la procreación entre hombre y mujer, entre macho y hembra, entre perjurio y amor, entre abandono y fidelidad, entre traición y lealtad... Pero no continuemos por este camino. La mujer, más que ningún otro ser humano sabe de todo esto y, aunque su cuerpo no se haya convertido nunca en estuche embrionario, capta y se alegra también de esa otra dación tan dolorosa en su común denominador.
El caso es que, estas letras que ahora el alma me dicta, provienen del gusto de celebrar un cumpleaños más de Ana Rosa, la más pequeña de los seis hijos con que Dios quiso que formara nuestro hogar mi inolvidable esposo, Vicente Castro y esta servidora cuando la juventud y el amor nos llevó al altar.
Y para no entrar en mayores detalles sobre el cariño y respeto que Ana (ella prescinde del Rosa) se ha ganado de su esposo Humberto, de sus hijos Carlos, Lía y Gabriel, de sus hermanas, de esta madre suya que la bendice constantemente y de tantas personas más que la quieren de corazón, me voy a permitir transcribir un soneto que escribí para ella, e incluido en mi libro inédito " Sonetina en Cinco Tiempos: Amor, Tristeza, Alegría, Melancolía, Dolor", que lleva el título de estas páginas:
Hay en esa floración bendita
de tu alma radiante de embeleso
esa gama sutil, siempre inaudita
de la dicha expresada en suave rezo...
Vas por la vida, blanca, esplendorosa...
derramando delicias con tu trato...
Dios te hizo muy bella, muy hermosa....
alma y cuerpo....¡En un mismo retrato!
Eres madre, mujer, amor, consuelo...
con tu presencia cubres, candorosa
el gozo de vivir...¡que es caro anhelo!
Tu alegría es siempre contagiosa...
radiante tu mirar azul de cielo...
y además... ¡Eres buena y generosa!
¡Felicidades, hija mía!
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