Opinión / Columna
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Antonio Ochoa García de Quevedo
Valoración comparativa de la globalización en la economía internacional
El Occidental
20 de octubre de 2009
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Fueron en esencia los excesos del individualismo a ultranza, aunados a las condiciones proteccionistas que prevalecieron en el periodo, que corresponde entre 1919 y 1939, el más importante detonante de la Gran Depresión Económica, de 1929 a 1933, iniciada en los Estados Unidos, cuyos efectos colaterales, de hecho, alcanzaron el resto del mundo. En realidad pasaron tan sólo 10 años desde la firma de los Tratados de Versalles, en 1919, y los mecanismos monetarios que ahí se crearon y la crisis de 1929, en tanto que transcurrieron 40 años, desde la suscripción de los Acuerdos de Bretton Woods, que en 1944 dieron cabida a la creación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a los que en 1947 se agregó el GATT: el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio y el martes negro, de octubre de 1987 en la Bolsa de Valores de Nueva York, cuyos efectos negativos y alta volatilidad financiera llegaron al resto del orbe, ya que el desplome del 25%, aún no a sido completamente descifrado.
Mientras que en el año de 1950 los Estados Unidos de América contribuían con el 50% del PIB mundial, hoy sólo aportan el 20%. Con todo la economía internacional tuvo un sorprendente crecimiento en la segunda mitad del siglo XX, toda vez que si bien en 1950 había en el orbe alrededor de siete mil corporaciones multinacionales, esa cantidad para el año 2000 se había incrementado a aproximadamente 37 mil empresas transnacionales, las que junto con sus 250 mil subsidiarias controlan literalmente del 90 al 95% del comercio global. Esta situación, misma que se dio paralelamente al surgimiento y expansión de la Tercera Revolución Industrial o Tecnológica, a partir de los mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado, ha puesto en entredicho la futura viabilidad de conceptos y términos convencionales y tradicionales como soberanía y Estados nacionales, al representar en la actualidad estos últimos, más que una ventaja comparativa un impedimento para dar solución a los problemas económicos y sociales de su población.
En ese sentido hay que tener presente que el modelo neoliberal fue creado originalmente en 1979, para hacer frente a la crisis de acumulación por la que atravesaba el sistema capitalista y está fundado en las tesis económicas de Hayek, y Milton Friedman, creador de la Escuela Monetarista Moderna de Chicago. Dicha orientación se refrenda hacia los principios de la década de los años noventa, con la aprobación por parte del Congreso republicano de la Unión Americana del consenso de Washington, conjunto de medidas o criterios con las que se buscó recomendar a las naciones latinoamericanas agobiadas por el problema de la deuda externa de la década de los años ochenta, políticas económicas prudentes. Al implementarse esta estrategia basada en: la privatización de empresas públicas, la desregularización económica interna y la apertura de la planta productiva hacia el comercio mundial; sus lineamientos que enfatizan la necesidad de operar con baja inflación y bajo déficit, no sólo propiciaron el desmantelamiento de los estados keynesianos de bienestar, que muchos países pusieron en práctica en la coyuntura favorable de la larga onda económica expansiva de la posguerra, que abarca de 1945 a 1975, sino que así mismo aplicadas, intransigentemente, sus medidas financieras de choque hicieron que en naciones como Rusia, que tuvieron una apertura precipitada y abrupta a la economía de mercado, entre 1992 y 1998, se desplomara en un 54% su PIB y en un 60% su producción industrial. También detonaron, en 1999, la crisis en Argentina, ya que a estas alturas son recordadas claramente las imágenes que dieron la vuelta al mundo de gente necesitada saqueando los supermercados.
En cuanto el nudo gordiano o talón de Aquiles del ultraliberalismo radica en que concentra la mayor parte de los recursos en el sector financiero especulativo en detrimento de la prosperidad, más evidente, que generan los flujos del comercio mundial, creemos pertinente y oportuno plantear un impuesto del 5 al 10% a la venta de armamentos, que en el 2007 alcanzó la cantidad impresionante de un billón 59 mil millones de dólares así como también un gravamen bajo o moderado del mismo 5 al 10% a las ganancias del capital, que cotiza en las Bolsas de Valores, con el propósito de conjuntar los recursos que conlleven a la creación del "estado social global y de bienestar del siglo XXI". A esto ciertamente contribuye la formación de zonas o áreas estratégicas como la Unión Europea, la ASEAN en Asia, la Comunidad Sudamericana de Naciones y la Unión Africana, ya que lo anterior aunado a una nueva, moderna y avanzada regulación de la economía global, permitiría sentar bases firmes para la construcción, en el futuro, de un nuevo orden internacional más próspero, más justo y más libre.
* Catedrático universitario de la UNIVA.
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