Opinión / Columna
 
Armando Maya Castro 
Tras la afrenta, la honra
El Occidental
17 de octubre de 2009

  Para honrar la memoria de Galileo Galilei, el Vaticano presentó la exposición "Astrum 2009", muestra que consta de 130 objetos, entre ellos el documento "Sidereus Nuncius" (Mensajero Sideral), escrito en latín por el astrónomo italiano, quien pasó a la Historia por postular que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol.

La Iglesia que hoy pretende honrarlo, en el pasado lo humilló, lo silenció y lo denigró, acusándolo de ir en contra de las Escrituras Sagradas por apoyar las ideas de Copérnico sobre la rotación de la Tierra, teoría que contradecía la enseñanza de la Iglesia católica, que sostenía que nuestro planeta era el centro del Universo.

Juan María Alponte, destacado analista político, sostiene que "no hay duda histórica que el juicio de Galileo, en 1633, tuvo todos los elementos de amenaza física y moral", aunque algunos prelados católicos hayan sostenido recientemente que el científico italiano se desdijo por temor a condenarse y no por miedo a las torturas físicas.

El 22 de junio de 1633, Galileo fue obligado a abjurar. El convento dominico de Santa María Supra Minerva fue el escenario donde escuchó la lectura del texto de retractación que debía firmar: "Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vicenzo Galilei, florentino, de 70 años de edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, eminentísimos y reverendísimos cardenales de la Iglesia Universal Cristiana, inquisidores generales contra la malicia herética, teniendo ante mis ojos los Santos y Sagrados Evangelios que toco con mis manos, juro que he creído siempre, y que creo ahora, y que, Dios mediante, creeré en el futuro, todo lo que sostiene, practica y enseña la santa Iglesia Católica Apostólica Romana..."

En esa misma fecha, el Tribunal del Santo Oficio lo declaró "altamente sospechoso de herejía principalmente por haber sostenido y creído en la doctrina, que es falsa y contraria a las Sagradas Escrituras, de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve de oriente a occidente y que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo..." Es oportuno señalar que quienes emitieron el anterior veredicto no eran hombres versados en asuntos científicos, sino personas desprovistas de la experiencia científica necesaria para entender sus postulados.

Tras signar el documento de abjuración, el astrónomo y humanista italiano fue condenado a prisión perpetua, pena que le fue conmutada por "formalem carcerem", una especie de arresto domiciliario hasta el día de su muerte, ocurrida el 8 de enero de 1642. Algunos historiadores sostienen que, luego de su abjuración, Galileo pronunció la célebre frase: "Eppur si mouve", esto es, "Y sin embargo se mueve".

Hoy, 376 años después de la condena de Galileo, la sede pontificia realiza una nueva acción tendiente a reivindicar, supuestamente, la memoria del eminente hombre del Renacimiento. Antes, en 1992, el papa Juan Pablo II había admitido la intolerancia de la Iglesia católica en el caso del también llamado "padre de la ciencia", y pidió perdón a nombre de la Iglesia católica. De esta manera, el Vaticano reconoció que los postulados del astrónomo eran acertados, condenando a la entonces autoridad eclesial por sus inaceptables juicios y su postura autoritaria e irracional.

¿Se le hace justicia a Galileo mediante estos actos, o procura la Iglesia católica su propia rehabilitación ante la sociedad actual, ahora que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha declarado el 2009 como el Año de la Astronomía? La respuesta es más que obvia. ¿No cree usted?

armayacastro@yahoo.com.mx
 
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