Opinión / Columna
 
Francisco Rea Signoret 
Sindicalismo en llamas
El Occidental
13 de octubre de 2009

  La reciente toma de las instalaciones de la empresa Luz y Fuerza del Centro por parte de fuerzas del Gobierno federal, como consecuencia de la confrontación que se está suscitando entre dos grupos dentro del Sindicato de Electricistas, en donde se realizaron elecciones y se dieron las impugnaciones del proceso por parte de los derrotados, provocando que salieran miles de electricistas a las calles de la Ciudad de México a solicitar el respeto a la autonomía de las instituciones sindicales, es un mal presagio para la iniciativa de reforma de las Leyes del Trabajo que tanto se han anunciado en los últimos años.

Los movimientos obreros en México deben verse de manera detenida y con responsabilidad, ya que su deontología dista mucho de estar sujeta a la existencia de otro tipo de movimientos sociales en nuestro país. Independientemente de que se haya dado la Revolución Mexicana, el movimiento obrero mexicano ya tenía vasos comunicantes con los grupos a nivel internacional, que nutren desde mediados del siglo XIX las principales organizaciones del mundo, con ideología de izquierda.

Sindicatos como el de los transportistas en los Estados Unidos de América o como el de los ferrocarrileros en Francia, sin dejar de mencionar a los obreros ingleses o las huestes que pusieron en el poder a Lula Da Silva en Brasil, son muestra clara de que el movimiento obrero mundial está más vivo que nunca; por lo que no deben minimizarse las consecuencias que pudiera tener una fuerte envestida del Estado en contra de los bloques de poder representado por el sindicalismo mexicano.

Si bien es cierto que hay muchos defectos y deficiencias en el sector sindical de nuestro país, también lo es que es uno de los más organizados y beligerantes en el ámbito político; por lo que deben tratarse los temas de su democratización con objetividad.

La reforma laboral que desea impulsar el Gobierno federal es quizás el reto más difícil de alcanzar, como ya lo habíamos apuntado en otras colaboraciones, y será necesario repensar las estrategias de operación política para tener éxito, y ciertamente el incendiar la agenda del trabajo con requisas y confrontaciones no es la mejor metodología para lograrlo.

La toma de las instalaciones de Luz y Fuerza por parte de elementos del orden, fue un movimiento apresurado que tendrá sus costos políticos, si bien es cierto que pone contra la pared a los líderes del SEM, también lo es que alerta a los otros grupos de poder, cancelando vías de negociación y diálogo, y constriñendo las posibilidades de obtener un acuerdo a corto plazo.

El presidente Calderón debe ser más cauto y no dejarse cilindrear por dos o tres personajes virulentos que se encuentran cerca de él y que en todo momento desean optar por la fuerza y el choque por encima del acuerdo y la política, sobre todo que en cuestiones de sindicalismo está de por medio la autonomía de la vida de estas organizaciones, que ha sido una navaja de doble filo, ya que por un lado ha servido para apoyar la consolidación de conquistas obreras, pero también ha permitido que se confeccionen emporios y cacicazgos de difícil desaparición.

El abrir puertas para justificar la toma de la calle por los grupos de presión es una estrategia audaz y riesgosa máxime si se está haciendo para presionar a un sector que cuenta con una estructura perfectamente organizada y con motivos ideológicos y políticos para tomar banderas de reivindicación social, pudiéndose convertir en un detonador peligroso por la capacidad de movilización de estas organizaciones.

Ya veremos en qué para esta pugna interna, pero parece ser que de estos encontronazos no ganará nadie, tan sólo sobrecalentará el ambiente político que está que arde, o en su caso, prenderá en llamas al sindicalismo mexicano que ya de por sí es todo un polvorín.

reacolaborador@yahoo.com.mx
 
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