Opinión / Columna
 
David Aréchiga Landeros 
Es mejor dar que recibir. ¿Será?
El Occidental
14 de octubre de 2009

  DE TODO UN POCO

Ayer recibí en mi correo una anécdota que realmente me conmovió, cuando presenta a un maestro acompañado de su alumno recorriendo la campiña, y al encontrar por el camino un par de zapatos viejos raídos y sucios que correspondían a un campesino que se encontraba bañándose en el río cercano, el alumno sugirió que recogieran el calzado y se escondieran tras unos matorrales para ver la expresión del viejo labrador cuando no encontrara sus chanclas. El maestro reprendió al alumno diciéndole que eso no era lo correcto, sino que por el contrario, siendo él estudiante hijo de un terrateniente rico, sugirió le pusiera una moneda de oro dentro de cada zapato para ver la reacción del viejo al encontrar aquel tesoro. El viejo salió del río y los dos se escondieron bajo unos arbustos y cuando el campesino sintió bajo sus pies las monedas, volteó para todos lados y al no ver a nadie se hincó para dar gracias a Dios por aquel apoyo que venía a resolver los problemas de enfermedad de su esposa y el hambre de sus hijos. El alumno se conmovió tanto que no pudo evitar que rodaran las lágrimas sobre sus mejillas y así, el maestro, concluyó que siempre es mejor dar que recibir y que nunca debemos burlarnos de los pobres.

Si este mensaje lo relacionamos con lo que está ocurriendo hoy en día en nuestro país, deja mucho que desear la falta de correspondencia que existe entre lo que los ciudadanos damos y lo que recibimos de los políticos. Así, en el año 2006, los ciudadanos dimos nuestro voto, nuestra confianza en el Instituto Federal Electoral y en las propuestas de los candidatos de los partidos y a cambio recibimos un fraude electoral, muy parecido al ocurrido en 1988, en que personajes políticos y partidos coludidos y entrelazados perversamente, participaron, de alguna manera, en ambos fraudes.

Los ciudadanos confiamos en los políticos y les creímos que el presente sexenio se iba a distinguir por la creación de empleos y les dimos nuestra confianza, y ahora recibimos una andanada de burlas al vivir una crisis económica sin precedentes en nuestra historia, en la que paradójicamente destaca el desempleo y la pobreza de sesenta millones de habitantes en este país.

El pueblo manifiesta su opinión en el sentido de que ante la crisis, los propios funcionarios de la alta burocracia deben poner la muestra rebajándose el sueldo a la mitad; que se reduzcan a un 50% el número de diputados y senadores y el presupuesto del Instituto Federal Electoral y de los partidos, y recibimos como respuesta del gobierno la propuesta de incrementar el impuesto para recabar ingresos de los causantes cautivos que llevamos y soportamos la carga impositiva desde siempre, sin intentar siquiera ampliar el padrón de causantes incluyendo a los ricos de este México nuestro, quienes como a diario escatiman y evaden su obligación de aportar parte de su capital, por la sencilla razón de que ellos son los dueños, los que mandan y quienes ponen y subordinan a presidentes timoratos y títeres de la política en este país.

Ese es el concepto de dar y recibir que aplica en este México democrático, republicano, representativo y popular, en este pueblo que siempre se ha dado plenamente con la esperanza de progresar y llevar una vida digna, con justicia y libertad, con educación y seguridad, con salud y bienestar. Este pueblo que llegados los extremos ha llegado a dar un movimiento de Independencia y otro de Revolución, que al parecer no han sido suficientes para recibir de los gobiernos, de los políticos, una respuesta honesta y justa que nos permita llegar realmente a una auténtica democracia y como meta final, a una justicia social verdadera, que permita el bien común en nuestra sociedad.

Las paradojas no tienen límite, cuando en este país miserable en que vivimos, más dependientes ahora que en 1810 y 1910, se pretende festejar el próximo año los aniversarios de la supuesta Independencia y Revolución, lanzando la casa por la ventana, con luces de colores, castillos en el aire y con quema de pólvora en infiernitos, como una cortina de humo ante el mundo, para tratar de cubrir los rezagos y corrupciones, para lo cual se pretende pagar la suma de 60 millones de dólares a una empresa norteamericana.

Resumo: Qué vamos a celebrar, ¿La Independencia, señores?/ si los gringos nos mantienen agarrados de cojones/ y los dueños de los bancos son los mismos españoles./ No nos hagamos 'endejos, la independencia está lejos./ Esa lana tan cuantiosa/ si hay algo de decencia/ mejor gástenla en tortillas /y hagan la labor mas noble/ repartiéndola a los pobres en la forma más sencilla, dándoles la independencia de comer por unos días/. Y en cuanto a Revolución, la ceniza está caliente, puede prender el fogón y muchos de los corruptos, pueden ir al paredón/ El asunto está ca'on.
 
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