Opinión / Columna
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Joel Díaz García
¿Crecimiento económico o reforma fiscal?
El Occidental
14 de octubre de 2009
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Crecimiento económico y una reforma fiscal, son temas que deben atenderse con urgencia en nuestro país, el problema es que atender ambos de manera simultánea puede ser contraproducente. La pregunta entonces es qué debemos atender como prioridad. Al buscar respuestas, casi nadie parece tener una contestación que permita resolver la interrogante.
Nuestra actividad económica está pasando por una de las peores contracciones que hemos tenido en nuestra historia. El efecto más palpable de ello es la pérdida de empleos, ingresos y poder adquisitivo en todas las familias mexicanas, aunque existen otros no tan visibles. Pero también sabemos desde hace ya un tiempo que las finanzas públicas tienen serios problemas estructurales, lo cual nos ha impidió implementar una política contracíclica, como la han hecho otros países. Por eso el crecimiento económico y una reforma fiscal son temas necesarios de atender, dado que ambos tienen evidentes efectos en nuestra economía.
Además, ambos temas son parte de un círculo vicioso, porque bajo crecimiento económico produce baja recaudación; baja recaudación deprime la actividad económica del gobierno y, por ende, no contribuye al crecimiento de nuestra economía.
Desde una perspectiva personal el quid del asunto está en encontrar un esquema temporal que nos permita atender ambas necesidades. La propuesta fiscal que el Gobierno federal ha planteado, en el paquete económico para el 2010, establece que hay que ajustar el gasto al grado de desaparecer algunas Secretarías. Por el lado de ingresos se busca reducir el peso de los petroleros, que son cíclicos, temporales y tienen fluctuaciones constantes, pero la solución no se agota ahí y es necesario aumentar la participación de los tributarios, vía una mejor recaudación y modificando la estructura actual de cobro.
Otro componente es modificar la regla fiscal respecto al déficit. Sabemos que aumentarlo conlleva a problemas en el futuro y no es deseable si no responde a nuestra futura capacidad de pago. Sin embargo, hay que observar que tanto una reducción en el gasto como un aumento de impuestos tienen efectos recesivos en el corto y mediano plazo, aunque no podemos anticipar exactamente de qué magnitud pueden llegar a ser.
Si sometiéramos a consenso ¿qué es más importante para el país, el crecimiento económico o la reforma fiscal? Creo que ganaría como prioridad el primero. El problema es que, entre los partidos y los especialistas, cada quien ve una forma distinta de lograrlo. Hay divergencias en la temporalidad y los elementos que hay que modificar para lograrlo.
Por ejemplo, aquellos que dicen que hay que reducir más el gasto y no aumentar impuestos porque ello sería recesivo, en realidad no ven que su propuesta es también recesiva, a menos que estén seguros que el sector privado crecerá de manera importante, lo cual es poco probable dada la lenta reactivación externa y nuestro mercado interno poco dinámico. Nos guste o no, el gasto del sector público constituye por el momento una importante contribución al crecimiento económico en muchos países y el nuestro no es la excepción.
Por otro lado, la propuesta gubernamental, no es más que la medicina estándar y probada que se ha aplicado en otros países de mundo. Controlar el déficit en lo inmediato tiene un impacto negativo, pero en el futuro favorece el crecimiento económico. El problema que contraer la economía en momentos como el actual, puede provocar que tardemos mucho en regresar a un adecuado nivel de crecimiento y, por tanto, estaríamos afectando el proceso productivo y la generación de empleos por un periodo largo de tiempo, con el consecuente problema del crecimiento de la pobreza en nuestro país.
El mayor de los riesgos es que el gobierno y los diputados opten por un esquema que conduzca a un mayor déficit y a una mayor deuda, afectando así nuestro futuro. Creo la solución al problema pasa por aceptar que el gasto público debe en lo inmediato contribuir al crecimiento y de manera temporal incluir un esquema de ajustes en el gasto y en los impuestos, algunos de ellos con cambios permanentes, de tal forma que se garantice de manera explicita el repago futuro de la deuda generada para financiar el déficit actual. Esa opción ha sido utilizada en otros países y permite reconciliar crecimiento con la necesidad de una reforma fiscal, pero en cierta forma distribuyendo beneficios y costos en el tiempo.
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