Opinión / Columna
|
Guillermo Ojeda Preciado
Y ahora ¿quién podrá defendernos?
El Occidental
10 de octubre de 2009
|
EL ESPECTADOR
En medio de la peor turbulencia económica del México posrevolucionario, pese a que nuestras autoridades se empeñen, públicamente, en seguir emitiendo declaraciones triunfalistas, que nada pero absolutamente nada tienen que ver con la realidad, inmersos así mismo en alertas sanitarias por dos epidemias, igual de graves, como lo son la influenza humana y el dengue, asoma, si no es que ya está en nuestro entorno como consecuencia de la crisis económica, la morosidad de la gente o el impago, como dicen los abogados, de en orden de importancia de menor a mayor, el pago del plástico, o tarjetas de crédito, y luego lo realmente preocupante, la falta de pago en las pólizas de seguros, ya sea de gastos médicos, de automóvil o de vida, donde nos hemos de dar cabal cuenta de la voracidad de las compañías aseguradoras, muy parecida a las de sus primas hermanas, las instituciones bancarias.
Imagínese mi alertado y solitario lector, si las compañías de seguro, que han gravitado, como buitres carroñeros, en condiciones de estabilidad económica, que podemos esperar, ahora que los escenarios de la vida nacional han sufrido una metamorfosis donde la gente o ha perdido el empleo, cerca de un millón y medio de mexicanos, con lo que se eleva el índice de desempleo nacional a niveles del 14.5%, o bien le han reducido su salario, mientras que las rentas de sus casas o los abonos para los que compraron casa con crédito hipotecario, no sólo se mantienen sino que se han incrementado con aumentos disfrazados de gastos y comisiones por manejo de cuenta, las medicinas siguen su espiral inflacionaria, los útiles escolares están por las nubes, y por lo tanto los esforzados padres tendrán que renunciar a enviar a sus hijos a colegios particulares, porque las cuotas escolares y los gastos inherentes, como uniformes transportación, material escolar, los obligará a reorganizar su vida y la de los suyos.
Bueno, volviendo al tema lo primero que dejaremos de pagar serán las tarjetas de crédito, que finalmente desembocará en la mayoría de los casos, en embargo de bienes para garantizar el monto del adeudo, lo que finalmente terminará por dejar sin sala o sin televisor, o sin auto a más de uno, pero que al final no pasa nada, simplemente nos acordaremos cuando comíamos en la cocina o nos dormíamos leyendo o que tomábamos el autobús, para ir a trabajar o a dejar niños a la escuela pero con todo y todo, este drástico cambio en nuestras vidas no afecta lo medular, sino en la medida que esto lo hayamos hecho fundamental para nuestro desarrollo, como "modus vivendi" lo grave es que millares de familia según reportes de la Comisión Nacional Para la Protección de los Usuarios de Servicios Financieros, (Condusef) están dejando de pagar sus seguros de gastos médicos, de auto y de vida, respectivamente, lo que tarde que temprano significara un problema social, ya que el Estado mexicano, no tiene ni la capacidad económica, para brindar el apoyo médico necesario, ni la capacidad ni técnica ni de infraestructura par resolver el problema de 30 millones de nuevos pobres, y...¡hay de aquel iluso! Que se crea la patraña del Seguro Popular, que aunque como idea es muy buena, ya que se trata de un modelo de seguridad social imitado de los países del Primer Mundo, aquí en nuestra patria no pasa de ser una utopía que les sirve de promoción política y rollo electoral para el gobierno en turno.
Y de ahí que surge la pregunta que se hiciera mundialmente famosa como lema para el paladín de la justicia infantil de hace cuatro décadas, el "Chapulín Colorado" o "El chavo del ocho", Y ahora ¿quién podrá defendernos? Defendernos de que las compañías de seguro a quienes les hemos engordado a sus ejecutivos, que se desplazan en lujosos jets privados, muchas de las veces en compañías non santas, con sus hijos estudiando en los mejores colegios de el extranjero, y sus mujeres las públicas, en tes canastas de caridad y las privadas eso y todo lo demás, pero eso sí, en privado, y los domingos, viernes primeros, y las fiestas de guardar a escuchar la Santa Misa y comulgar, para ganar indulgencia plenaria, y mientras tanto Juan Pueblo, sin seguro para su auto si es que no se lo embargó el banco, y encomendándose a Dios y todos los santos para que no se lo roben o no tener una colisión con otro auto, sintiendo que se le pega el ombligo al espinazo cada que uno de sus hijo tose, porque no tiene ni para la consulta médica ya no digamos para medicina u hospitalización, de eso y todo de lo que se le ocurra a mi estimado lector, quién pero quién podrá defendernos, si lo sabe mi amable e ínclito lector, le ruego de la manera más encarecida y respetuosa, es más le insto a que no lo haga saber a los millones y millones de mexicanos, que estamos o estaremos próximamente en las garras de la Banca y de las aseguradoras.
Y por último, les hago a mis tres aburridos lectores una ingenua pregunta, no ausente de una esperanzadora respuesta de parte de estos tiburones de la vida y la salud, y dice así. Si en condiciones normales y aunque sea una operación de rutina, tipo amígdalas para los eruditos, y anginas para los no tan leidos y escribeidos, en esas condiciones las compañías aseguradoras andan buscando la manera de eludir la responsabilidad del pago, que por qué se enteraron, a través de un familiar que de niño usted había padecido de anginas en sus épocas de escolar y en la educación primaria, es por lo tanto una enfermedad preexistente, que los exime de la responsabilidad de pagar los gastos médicos, y si usted se contraría y les reclama, sabe que le responden, es que usted no leyó la cláusula 158 bis, que en sus incisos f, g, y h. sí hombre de Dios, la de la letra chiquita que sólo se ve con el microscopio, donde se considerará toda dolencia del pasado presente o futuro como enfermedad preexistente, y aquí la pregunta, ¿cree mi apreciado lector que las compañías aseguradoras darán plazo de gracia a los mexicanos que debido a la crisis no podrán pagar su póliza de seguro, en cualquiera de sus modalidades? La respuesta la tienen las autoridades que velan por los intereses y la seguridad de los ciudadanos y sus familias, o usted mi fino e intrigado lector, ¿usted qué cree?
Para cualquier aclaración o mentada a esta mísera columna dirigirse a:
elespectador_guillermo@hotmail.com
Columnas anteriores
Columnas anteriores