Opinión / Columna
 
Xavier Garabito 
Cerebro mal peinado
El Occidental
10 de octubre de 2009

  DOMINIO PÚBLICO

Pensar y escribir la memoria es tarea ardua. Generalmente se mete uno a este trabajo cuando ya la vida le ha mostrado mucho, cuando el camino recorrido ha sido largo. Debo confesar que jamás había tenido la idea de re-visarme. Las sendas recorridas han sido tantas y tan variadas, que a veces me ha dado la idea de estar repitiendo mil veces el mismo día, el mismo año, la misma historia. No importa, me atengo con certeza a ese refrán según el cual no hay nada nuevo bajo el sol.

Me escribe CSM y pregunta ¿qué propones, Xavier? No propongo nada. Las más de las veces este pobre cerebro mal peinado sólo da para recordar que no debemos olvidar. Seguir viviendo debería significar la búsqueda del conocimiento, y a éste se llega aprehendiendo y olvidando.

La memoria es aquella facultad humana que permite al ser humano guardar hechos pasados. Es la segunda gran función del cerebro y está relacionada con su desarrollo.

Según Atkinson y Shiffrin "la memoria es la capacidad que tenemos los seres humanos para registrar, retener y recuperar información". Registrar, codificar, guardar y, por último, recuperar. Evocar, dirías tú.

Pero nos volveríamos dementes de no contar con otra capacidad: la capacidad para olvidar. De no ser así todos sufriríamos permanentemente los eventos dolorosos. Los primeros regaños paternos, los accidentes infantiles, las desilusiones amorosas, vergüenzas, humillaciones, fracasos...

Muchos personajes del actual sistema político mexicano, creen que los ciudadanos tenemos memoria de papel y que todos sus embustes se pierden en el torbellino de la confusión. ¿Recuerdas a Epiménides? Fue un filósofo del siglo VI antes de Cristo, a quien se le atribuye haber dormido durante 57 años, aunque Plutarco afirma que sólo fueron 50. Bueno, pues a Epiménides se le acusa haber afirmado: "Todos los cretenses son unos mentirosos", sabiendo que él mismo era un cretense ¿decía Epiménides la verdad?

Por otra parte, un atleta, que era muy conocido de sus conciudadanos por su debilidad, partió un día para tierras lejanas. Volvió después de algún tiempo, anunciando que había llevado a cabo grandes proezas en distintos países; contaba con especial esmero haber hecho en Rodas un salto que nunca antes ninguno de los atletas coronados en los Juegos Olímpicos había sido capaz de realizar, agregando además que presentaría los testigos de su hazaña si algunos de los que allí se hallaban presentes venían alguna vez a su tierra.

Uno de los oyentes tomó la palabra y dijo: -Oye, amigo: si eso es cierto, no necesitamos testigos; esto es Rodas, da el salto y muéstralo.

Esta charada que ahora traigo a cuento, es un mensaje para los señores y señoras presidentes de los partidos políticos y su perfecto discurso falsario, para Felipe Calderón y su ingeniosa lengua que encubre otras carencias, Fernando Gómez Mont y su fantástica concepción de lo que dignidad es, Esther Gordillo y su sórdido lenguaje, algunos diputados y sus tristes limitaciones, el Gobernador de Jalisco y sus peligrosos saltos triples sin red, y, ni modo, muchísimos panistas y su actitud contestataria contra todo aquello que no les favorezca. (Otros ya pasaron a engrosar otra lista, la de los fracasos).

Mensaje, pues, para todos ellos, porque si no pueden probar con hechos lo que dicen, no están diciendo nada. 

Cuando hablan y dicen lo que dicen, siempre se hacen acompañar de fanfarrias. Ciudadanos proclives, han inventado una forma de hacer política, con reflectores, fotografías, televisión, pompa y circunstancia. Por mentirosos: ¡fanfarrones!

Y ahora te canto a ti: nuestro universo quedó sepultado en un abismo silencioso como un pez.

Y así nos vamos; y si he de verte, estaré fuera de ti aunque te quedes. Rendiremos tributo al despiadado destino.
 
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