Opinión / Columna
 
Alma Valdés Salas 
Juro fielmente y también en vano
El Occidental
9 de octubre de 2009

  ANÁLISIS MEDIÁTICO

Siempre quise adentrarme en el tema de los juramentos... eso de juro que te querré toda la vida, juro sobre mi fuente de creencia, verdad y justicia, termina siendo el nacimiento del engaño por sí mismo.

Según la Historia, Hesíodo empezó todo cuando dijo "la discordia, hija de la noche, lleva consigo querellas, mentiras, palabras y juramentos", juramentos presididos por la diosa de la Fidelidad y el dios Fidus. ¡Imagínense! Los griegos y los romanos juraban todo el tiempo y por todos sus dioses, por los suyos y los importados, juraban hasta por la mano derecha si se trataba de fidelidad, ¡qué valor!, si circuláramos igual, tendríamos a una cantidad de mancos que podríamos confundirlos con los hijos de la crisis sexenal.

Pero he aquí la real y pinocha historia del juramento... Resulta ser que con eso de la todavía arrastrada "Conquista de los españoles" y del vituperado "Penacho de Moctezuma", la monarquía de Asturias nos hizo el grandísimo favor de traernos la mentada palabrita, asegurándonos que el juramento nos podía garantizar fidelidad, obediencia y veracidad en los argumentos de los gobernantes o personajes que osaran hacer uso del promisorio "juramento".

Siendo ese sólo el principio, porque tenemos un chinguenguenchal de juramentos, ¿qué le parece si se los defino? Así cuando los escuche tendrá alguna idea de lo que hará el juramentado individuo que ostente el término como cuasi suyo.

Ahí le va... Juramento de calumnia: jura usted no levantar falso testimonio en contra de Juan, Pedro y Pablo, lo juro, lo juro... y no es un capítulo más de Martita Sahagún contra periodistas y medios impresos, no...; Juramento de malicia: no hay dolo, malicia o engaño, ¿entonces jura o no jura?, podríamos preguntarle a uno que otro mosquetero hacendario y Dartañan secretario de Comunicaciones y Transportes, al menos eso juró a los senadores en su comparecencia del pasado miércoles 7 sobre el caso de adjudicación de contratos millonarios de guarderías subrogadas en todo el país durante su administración en el IMSS, y de sus arreglos con grandes emporios de telecomunicaciones ¿usted le cree?; y si el juramento de decir la verdad es aquel que "obliga" a manifestar la verdad sobre lo que se pregunta, puede caber en un compartimento estanco, en la leyenda de "juro solemnemente que cumpliré con el oficio de Presidente" o "juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad", como respuesta de los secretarios de despacho, que al presentarse a comparecer ante el Poder Legislativo, no saben ni qué decir ni qué hacer y se toman el juramento como pitorreo.

De los más efectivos es el juramento decisorio en un pleito jurídico, por lo regular genera miedo más que respeto, pero si incurre en él puede llegar a pasar un mal rato, en su generalidad es un delito con derecho a fianza, aunque en algunos estados sí es delito grave, así que aguas.

Ya tomando seriedad, está también el juramento supletorio, ese suena como el que lo suple todo, pero no, sólo es de repuesto por aquello de los inconvenientes que se presenten en el camino... un tope, un bache, una inundación, un desgajamiento de cerro, un mal paso por banqueta adoquinada a medias, un juro que a mi gobierno el dinero si le alcanza...; y que me dice del juramento decisorio, ese es el que se da y se recibe, de ida y de vuelta como las carreteras, algo así como el derecho a elegir a su representante en las urnas, -el candidato jura que le resolverá todos sus problemas y los ciudadanos a cambio juran que van a votar por él-, ambos encantados, felices y contentos y luego viene lo bueno, -el candidato jura que no puede hacer nada por usted y usted jura no volver a votar por él-, ¿ve por qué existen los desengaños?

De los más pasados por agua, son los juramentos religiosos, esos que como el arca de Noé, son una chulada; por ejemplo, el juramento al hábito sacerdotal, ahí nada más habría que preguntarles a los sacerdotes pederastas, a ver si se acordaron de su juramento; y los militares, ellos van más adelantados, la protesta de decir verdad se les quedó obsoleta y sin credibilidad, así que juran como en la Época Medieval "bajo palabra de honor", si ñor, ¡cómo le quedó el ojo!; pero el que se lleva las palmas y que me dejó atónita, es el juramento del ateo, ese que sólo jura por sí mismo, por lo que más aprecia y respeta, por su ética y su moral, por su bienestar, por su palabra y por su integridad. La verdad, la verdad, ese sí me apantalló...

En fin, el ejercicio es exhaustivo, así que ¿usted, jura o no jura? Porque ante tales escenarios, yo juro fielmente y también en vano, ¡por si las dudas!

* Analista mediática y doctora en Derecho.

analisis@notiemp.com
 
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