Opinión / Columna
 
Arnau Muriá 
Topamos con los topes
El Occidental
8 de octubre de 2009

  Los llamados "topes", "boyas" o "reductores de velocidad" son una plaga. Aparecen por doquier con las más diferentes formas, texturas, dimensiones y hasta colores. En consecuencia, la circulación por nuestras calles y carreteras se vuelve incómoda y hasta peligrosa.

Como ejemplo de lo mucho que pueden perjudicar la fluidez del tránsito, podemos recordar el terrible embotellamiento que ocasionaron una serie de topes que se colocaron en un fraccionamiento sobre la carretera a Nogales, para facilitarles el acceso a los señoritos de un fraccionamiento popis que ahí existe. Topes que, por fortuna sí fueron retirados inmediatamente.

Como ejemplo de su peligrosidad, hace ya algunos domingos, a media mañana, circulaba con toda la calma y pachorra dominguera por la calle. Delante de mí iba un señor mayor en su troca que se veía viejita y bastante amolada, tampoco venía rápido. De repente, sin decir agua va, dio un gran brinco y con el impacto se le rompió un eje, una rueda delantera siguió su propio camino para ir a pegarle a un carrito de tacos, mientras la troca se coleaba y acababa estrellada con un poste. Por fortuna el conductor salió ileso.

Todo por la culpa de un tope cuadrado que estaba a la sombra de un árbol tupido y no estaba pintado.

Tanto tope incómodo, causante de embotellamientos y hasta peligroso, no es sino una muestra de la incompetencia de las actuales autoridades municipales. La mayoría se ponen sin consentimiento del municipio, aunque sí con su tolerancia. No existe la más mínima preocupación para que los topes cumplan con las especificaciones legales y sean mantenidos como es debido.

De conformidad con el Reglamento Estatal de Zonificación en su Artículo 316, los topes deben de tener un mínimo 1.50 metros de ancho y un máximo 3.65 y la altura entre 8 y 10 centímetros. ¿Cuántos hay así?

No se deberán colocar en vialidades principales. Según esto ni avenidas ni carreteras tienen topes. No se deberán colocar tampoco en un crucero semaforizado ni donde afecte la fluidez de la circulación. Además, deberán ser visibles a una distancia mínima de 50 metros; Se deben pintar con franjas blancas diagonales con pintura especial de tránsito y con esferilla de vidrio para ser visibles durante la noche; se debe colocar un señalamiento preventivo a 50 metros antes del tope.

Teóricamente, para su instalación se requiere hacer una solicitud a la Secretaría de Vialidad y Transporte del Estado por medio de la dependencia de Infraestructura Vial del municipio; con aprobación de la mayoría de los vecinos por medio de firmas; el mantenimiento del tope será por cuenta de la Secretaría de Vialidad y Transporte y/o Mantenimiento Urbano del Ayuntamiento. Aunque como ya dijimos más bien los pone de sus pistolas aquel al que le da la gana.

Para el retiro de los topes se debe de realizar el mismo trámite que para su instalación y, curiosamente, no se contempla para el retiro de un tope el que incumpla con las normas técnicas para su existencia. Por lo que para retirarlo se tendría que pasar sí o sí, por ese engorroso procedimiento.

En realidad no topamos con los topes, lo que de cierto ocurre es que estamos topando, una vez más, con una mentalidad en la que todo el mundo hace lo que se le da la gana, sin tomar en cuenta ni las normas y sin tener consideración hacia los demás. Los topes son pues, una muestra más de la poca cohesión social que existe en nuestra comunidad.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas