Opinión / Columna
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Joel Díaz García
Crisis, inteligencia y política
El Occidental
7 de octubre de 2009
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En cualquier aspecto de la realidad, cuando un cambio se presenta de manera inestable y con cierto grado de desconcierto, es conocido como crisis. Estas pueden ocurrir tanto en el ámbito personal como social y siempre son identificadas como épocas de dificultades. Es por ello que el científico Albert Einstein decía que en momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.
Lo anterior es así, porque en momentos de crisis los referentes y seguridades, los modelos existentes y las certidumbres actuales se tambalean y pierden significado. La única forma de salir avante es creando situaciones mentales que no existen en la realidad, pero que nos ayudan a dar solución a problemas o encontrar alternativas para cubrir necesidades, deseos o preferencias.
Usar la imaginación es ejercitar nuestra inteligencia, pues usamos el lenguaje metafórico de nuestra mente para solucionar problemas y ensayar nuevas formas de ver y operar el mundo. Así, por ejemplo, en momentos de crisis los científicos deben volverse filósofos a efecto de preguntarse sobre si están sobre la senda correcta, sobre si lo que han tomado como verdadero lo es en efecto o sobre si debieran ensayar otras perspectivas y otros métodos, porque de que lo hagan depende que la ciencia y la tecnología se muevan. De ahí que la duda sea el motor del avance científico.
En la misma lógica, en tiempos de crisis económica y social, con los políticos y gobernantes debería de suceder algo parecido: una revisión de las directrices marcadas, una revaloración de las convicciones, una crítica de los modelos que ahora se revelan endebles e improductivos; hacerse cargo, con el uso crítico de la inteligencia, de nuevo paradigmas para afrontar la turbulencia. Pero pocos lo hacen, y casi ninguno en nuestro país. Términos como autocrítica, rectificación o nuevo rumbo no existen en nuestra clase política y gobernante.
Los políticos mexicanos funcionan desde hace muco tiempo con categoría de zombis, con ideas muertas que se aferran a estar vivas pero que no significan nada y, lo peor aun, no producen nada. De ahí la parálisis y el estancamiento social y económico que padecemos.
Salir de hoyo implica usar la inteligencia, pero en la política mexicana eso es inimaginable. Las personas que cuentan con la capacidad de conocer, analizar, comprender, criticar, deducir y plantear nuevos senderos resultan peligrosos para quienes sólo desean dominar. Y es que en el seno del gobierno es mejor ligar la lealtad con complicidad y la obsecuencia, que con la inteligencia. Lo primero permite carreras políticas acompañadas de fortunas logradas a través del desfalco y la corrupción; lo segundo, instrumentar planes y proyectos orientados a destruir las bases de poder en las que se sostienen los mediocres.
Cuando en política se privilegia la complicidad antes que la inteligencia y la capacidad, adviene el inmovilismo, que no es otra cosa que el mundo ideal de los imbéciles. Sólo los acomplejados se rodean de gente menor para poderla controlar y usarla en beneficio personal; los inteligentes se rodean de inteligentes y colocan al mejor hombre en el mejor puesto para detonar el beneficio social.
Por fortuna no todo está perdido, existen, aunque usted no lo crea, personas con inteligencia en el gobierno. Gente capaz de anticipar con visión futurista, capaces de cambiar el rumbo, desatar nudos y liberar a nuestras instituciones del secuestro de los intereses personales. Tal vez nombres como los siguientes no le digan mucho: Elba Almanza, Mónica Fernández, Angélica Chávez, Carolina Mondaca, Miriam Ruiz, Elizabeth Méndez, Susana Guerrero, María Fernanda Arizmendi, Vanesa Serratos, Adriana Zabalgoitia, Malu Vargas, Martha Velázquez, Alejandra García, Karla Landell, Erika Robles, Karla Torres, María del Carmen Ochoa, Óscar García Manzano, Ricardo Serrano, Paulo Colunga, Marte Espejo, Fausto Larraguivel, Jorge Albo, Adrián Jarero, Felipe Galván, Juan Antonio Rosas, Fernando Alpuche, Martín Mendoza, Joaquín Andrade, José Luis Mata, Juan José García, Mónica Romero, Juan Carlos García, Luis Miguel Gutiérrez, César Mora, Alan Molina, Jorge Llamas, Javier Jasso, Daniel Juárez, Juan Carlos López, José Velazquez. No obstante, todos ellos son gente que participa en las actividades gubernamentales, pero que cuenta con la inteligencia y los valores necesarios como para sembrar la semilla de la transformación gubernamental.
Todos ellos son gente bien, que cuentan con el uso crítico de la razón y que pueden aportar mucho para transformar nuestro país, que pueden dotar de calidad, calidez y actitud de servicio al sector público. En lo personal no puedo más que congratularme de coincidir en tiempo y espacio con todos ellos, sabiendo que compartimos la pequeña inquietud de tener un México mejor.
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