Opinión / Columna
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Jesús Rodríguez Gurrola
La maldición de Sísifo
El Occidental
5 de octubre de 2009
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LA COLUMNA DE EN MEDIO
Es muy posible que las tesis de Northrop Frye, en el sentido de que la literatura ha escrito el mismo cuento a través del tiempo, se puedan también aplicar a la historia, al menos en lo que se refiere a nuestro país, pues cada año, cada sexenio, cada década, los ciudadanos mexicanos que no formamos parte de las cien familias dueñas del poder y la riqueza de esta esplendida nación, escuchamos la misma cantaleta. "El país está en crisis". "Nos han saqueado". "Se agota el petróleo". Y mil otras más frases con el mismo sentido, a la vez de escarnio como de amenaza.
Un país artificialmente empobrecido, que cada año, o por lo menos cada trienio, se convierte en escenario de luchas entre pandillas de políticos, quienes en nombre de los pobres, de la inmensa mayoría de pobladores de esta patria, amontonan sobre sus escaños y sobre sus mesas de trabajo, los supuestos estudios mediante los cuales habrán de componer el rumbo de la economía nacional.
Resmas de papel y cientos de horas de discusión en las jornadas de lucimiento oratorio se realizan en las Cámaras Legislativas, para justificar lo que al final la sociedad ya sabe de antemano, pues como se ha dicho, es la misma historia, el mismo cuento, la misma trama, sólo cambian los nombres de los nuevos héroes, de los nuevos patriotas que han defendido con su retórica, con su fecunda verborrea a los trabajadores, a los jóvenes, a los viejos y a todo aquel al que alcance el imperio de la ley.
Las largas horas de discusión sin embargo, no terminan con las enormes diferencias económicas y sociales que cada día se agrandan y lesionan en lo más profundo las relaciones de convivencia del pueblo de México, tampoco ofrecen soluciones para terminar con el desempleo, ni para dar cobertura a los requerimientos de salud y educación que se requieren para los próximos años.
Se habla de una "política de austeridad", se dice que hay en las finanzas del país un hoyo financiero de más de 500 mil millones de pesos, pero se sigue manteniendo en los proyectos de presupuesto, según lo manifiestan los propios diputados, una elite de burócratas de más de 47 mil plazas con sueldos mensuales en promedio de cien mil pesos y con prestaciones anuales de más de 600 mil pesos.
Se habla de austeridad y los magnates de la Suprema Corte de Justicia, al igual que los integrantes del Instituto electorero, se adjudicarán los mismos estratosféricos salarios. Hay una enorme brecha formada por la existencia de millones de connacionales que viven con un dólar al día, pero el Gobierno federal sigue manteniendo en el presupuesto, toda una red de inútiles delegaciones de cada secretaría en los estados, en las cuales pulula una casta de burócratas, con toda suerte de prestaciones y de jugosos salarios que resultan inútiles para el país desde cualquier ángulo que se le observe.
Se dice hasta la saciedad, que el Gobierno federal impondrá un paquete fiscal que reduzca la pobreza, pero en ese paquete sólo se observa un incremento en los impuestos a los ingresos de los asalariados, a los pequeños comerciantes e industriales, a los dueños de talleres y de negocios dedicados a la manufactura en pequeña escala, mientras las grandes empresas mantienen indemnes sus privilegios. Se habla también de clausurar algunas Secretarías de Estado, pero se engordan las nóminas de las que se quedan en servicio.
Los priístas por su parte, hoy compasas del "panismo", manifiestan que defenderán a los consumidores y que lucharán hasta lo último para que no se imponga el dos por ciento al consumo, pero por otra parte nada han dicho del 17% que se pretende aumentar a la gasolina, ni de los aumentos asignados al gas y a la electricidad.
Siguiendo las tesis del autor que se cita, México vive en estos momentos la misma historia del impasible Sísifo. Ha cargado una y otra vez sobre sus espaldas un enorme fardo y ha trepado por toda la eternidad hacia la cúspide de una colina, pero nunca llega a su objetivo, porque la maldición de los dioses lo alcanza y Sísifo junto con el fardo cae de nuevo al abismo. Otra vez tendría que comenzar.
Hoy los mexicanos a semejanza del mito griego, empezamos de nuevo a cargar ese enorme paquete fiscal, a ver si algún día nosotros o nuestros hijos escuchamos el canto de Orfeo y podemos como en el cuento interrumpir por lo menos este cruel castigo.
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