Opinión / Columna
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Julio García Briseño
La práctica diaria
El Occidental
4 de octubre de 2009
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La gran escuela de la asistencia, del desarrollo social, de la justicia de la caridad, es la práctica y ninguna práctica es más provechosa que el trato social de cada día. Más que toneladas de consejos sobre la necesidad del espíritu social, vale una hora de acción social. La educación prepara para la vida por la práctica de la vida misma.
La práctica más frecuente del espíritu social es el trato continuo con aquellos con quien debemos normalmente alternar en el colegio o universidad, o en el trabajo, o en la vida de negocios, apostolado, diversiones, etcétera. La mejor prueba del sentido social de una persona es el trato cotidiano con sus compañeros de trabajo, de universidad, de política de empresas, etcétera.
En este trato de cada día, hay que estimular ciertas aptitudes y refrenar otras. Hay que dejar de seguir pensando perpetuamente en uno. Hubo hacer algunos años un juego: el yo-yo y muchos parecen haber guardado el juguete intacto y lo usan en el día y en la noche, en la niñez y en la juventud, en la edad adulta y aún dicen algunos que hasta un cuarto de hora después de su muerte.
En las conversaciones que sostiene, la palabra que sale más veces de su boca es la palabra yo: siempre yo. Tenemos la tendencia innata de referirlo todo a nosotros. Si se nos muestra una fotografía, ¿cuál es el primer personaje que tratamos de descubrir? ¿Verdad que ante su importancia se eclipsan todos los demás? ¿He pensado alguna vez lo que ocurrirá a mi muerte? ¿No es cierto que pueda ver mi entierro, leer los artículos de la prensa que comentan mi sensible deceso?
¡Somos inmensamente egoístas! Tendemos siempre a flotar, como corcho, y a ponernos en toda oportunidad en el primer lugar. Este yoísmo ha de ser atacado a fondo si queremos obtener un trato de amistad, una conducta verdaderamente de ejemplo en todo lo referente a la práctica de la asistencia y desarrollo social.
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