Opinión / Columna
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Antonio Ochoa García de Quevedo
La construcción del modelo económico del siglo XXI
El Occidental
3 de octubre de 2009
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Tras la experiencia de la Gran Depresión Económica, misma que abarca de 1929 a 1939 derivada en última instancia de las condiciones proteccionistas que prevalecieron en el orbe en el periodo que comprende entre la I y la II Guerra Mundial; en efecto esto condujo en el año de 1944 a la creación de los Tratados de Bretton Woods que dieron cabida a la formación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a los que se agregó en 1947 el GATT: El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio.
En estas instituciones financieras fundadas en la orientación de John Maynard Keynes se sustentó la larga onda económica expansiva de la posguerra de 1945 a 1975, en la cual la característica predominante fue que tanto las naciones más industrializadas así como los países emergentes crecieron esencialmente hacia adentro. Sin embargo, en 1975 se presenta un nuevo e inédito factor: Estancamiento con inflación el que no se puede solucionar de acuerdo al modelo keynesiano, razón por la que se adoptan las medidas enunciadas por Milton Friedman creador de la Escuela Monetarista Moderna de Chicago.
De hecho, debemos subrayar que es a partir de 1979 cuando se crea el modelo neoliberal como una forma para hacer frente a la crisis de acumulación por la que atravesaba el sistema capitalista toda vez que sus principales bases están contenidas en la siguiente trilogía: Privatización de empresas públicas, desregularización económica interna y apertura de la planta productiva hacia el comercio mundial. Estos principios se refrendan hacia los inicios de la década de los años noventa, con la aprobación por parte del Congreso Republicano de Estados Unidos del Consenso de Washington con el que se buscó recomendar a las naciones latinoamericanas agobiadas por el problema de la deuda externa de la década de los años ochenta, políticas económicas prudentes. Sus argumentos enfatizan la necesidad de disminuir el déficit público fiscal así como la inflación. Vale la pena destacar que los países que lo adoptaron intransigentemente como Rusia y Argentina que tuvieron sus respectivas crisis en 1998 y 1999 no sólo no mejoraron sino que se dio un franco y mayor deterioro.
Según el economista norteamericano Joseph E. Stiglitz, distinguido con el Premio Nobel en el 2001, el colapso de septiembre del 2008 en la Bolsa de Valores de Nueva York representa para el capitalismo lo que para el comunismo fue en 1989 la caída del Muro de Berlín. En ese sentido hay que enfatizar que el ciclo económico cuenta con períodos de auge y bonanza seguidos de tramos recesivos. Entre los años de 1994 al 2000, la economía norteamericana atravesó por el más importante lapso de prosperidad desde el año de 1850 en que se registran estadísticas como tasas de empleo e incremento del PIB, ya que hay que recordarlo en la administración del presidente Bill Clinton se crearon 22 millones de fuentes de empleo, tuvo vigencia un superávit fiscal y se apoyó a México con un paquete de rescate financiero de aproximadamente 53 mil 500 millones de dólares.
Asimismo debemos resaltar que entre el 2001 y el 2007 se presentó el periodo más duradero de auge y expansión de la economía mundial en su conjunto impulsada sobre manera por las potencias emergentes como China y la India, ya que en alusión al primero de estos países debemos destacar que la República Popular China cuenta con reservas internacionales de 1.9 billones de dólares, los cuales están depositados en fondos federales del Gobierno de los Estados Unidos.
Debemos subrayar que dicha nación asiática que redujo la pobreza extrema del 90 al 10 por ciento de su población, está buscando con todo éxito por cierto emular los estados europeos de bienestar, lo cual ha traído un grado considerable de progreso social especialmente para los sectores medios mismos que abarcan alrededor de 400 millones de personas.
Es verídico que el tercer ciclo de crisis de la segunda mitad del siglo XX, el cual comienza con el colapso del peso mexicano en 1994 y 1995 en la propia era de la globalización, prosigue en 1997 con la recesión asiática, después con la crisis de Rusia en 1998 para posteriormente surgir de nueva cuenta en Latinoamérica de 1999 al 2002 en Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Bolivia y Ecuador.
En efecto lo anterior en su perspectiva histórica aunada a la etapa expansiva del 2003 al 2007, con un exceso de liquidez y prevalencia del sector financiero con muy escasas o nulas medidas de regulación, desembocó en el colapso de la economía mundial que hay que señalarlo, en cuanto continuó impulsada por algunas potencias emergentes como China y la India prosiguió su propia expansión del orden de 3.9% en el 2008 y de 3% en el 2009, aunque a este respecto hay que mencionar que la Unión Americana ya alcanzó en el tercer trimestre del año en curso tasas positivas aunque moderadas de crecimiento.
Una de las razones principales de la crisis que estalló en el 2008, fue la burbuja especulativa creada por Wall Street, a través de la cual en los años que la precedieron se otorgaron créditos hipotecarios para adquirir vivienda a sujetos que no contaban con trabajo e ingresos fijos. Otro problema fue que se programaron pagos que incluían altas tasas de interés. Si bien, para muchas personas y familias fue una oportunidad sin precedentes que supieron aprovechar, sin embargo este no fue el caso de la inmensa mayoría dado que información relativamente recienta hace constar que existen siete millones de créditos hipotecarios desfasados o vencidos por no contar los sujetos que previamente los contrataron con recursos suficientes para hacerles frente.
Esta situación evidencia una de las fallas estructurales del neoliberalismo modelo con el que los sectores medios que antes contaban con una notable capacidad adquisitiva han venido a engrosar las filas de la pobreza.
En lo personal, creo que el nuevo modelo económico del siglo XXI deberá fundarse en las tesis neokeynesianas, que plantea el periodista Paul Krugman ganador del Premio Nobel en el 2008. Este destacado pensador con razón a argumentado la necesidad apremiante de que el gobierno implemente una estrategia contracíclica a través de apoyar o sustituir a las empresas privadas en situación de emergencia financiera, así como por otra parte ha enfatizado lo conveniente de una mayor regularización a la economía mundial, para evitar que el sector de los servicios financieros haga uso irresponsable de los excesos de liquidez monetaria.
En ese sentido hay que comentar que con estas acciones se conduciría al "Estado de bienestar del siglo XXI", apoyado por las coinversiones mixtas: Privadas y estatales que cuenten con estímulo fiscal con el propósito de darle cabida y vigencia a la "Economía social de mercado", la cual rescata los rasgos positivos del socialismo y el capitalismo. Lo anterior partiendo de la realidad de que es en el sector financiero y especulativo en donde se concentran los mayores montos de recursos en detrimento a la actividad productiva generadora de fuentes de empleo.
Como conclusión, creemos pertinente replantear un impuesto del cinco al 10 por ciento al gasto armamentístico y un gravamen por la misma cantidad de cinco al 10% bajo o moderado al capital financiero especulativo, con el propósito de alentar mayores inversiones extranjeras directas. Con todo hay que destacar que la economía mundial en el siglo XXI cuenta con cierto grado de impredictibilidad, que involucra al desafío tecnológico como recurso para la construcción del futuro.
Esperemos pecando de algún optimismo que el tercer milenio y con ello el arribo a la segunda Modernidad, sean el marco histórico en que se solucionen los problemas de extrema miseria, hambre y marginación que todavía afectan a tres mil 500 millones de personas, que según el Atlas del Banco Mundial viven con ingresos de menos de dos dólares diarios.
* Catedrático universitario de la UNIVA.
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