Opinión / Columna
 
Jesús Rodríguez Gurrola  
México sin los diputados
El Occidental
28 de septiembre de 2009

  LA COLUMNA DE EN MEDIO

Quizá uno de los más polémicos poderes que integran nuestro aparato de gobierno lo sea el Poder Legislativo, lo mismo en el nivel federal con sus dos Cámaras de Senadores y Diputados, como en el local, e incluso en los ayuntamientos municipales, con la existencia de sus cabildos o cuerpo de regidores, símiles de los ediles romanos en los cuales, según los teóricos constitucionalistas descansa la base de toda la estructura política del país.

Sobre los diputados por ejemplo, recae por lo general la tormenta de críticas y descalificaciones de la opinión pública, se dice que son una carga para el erario estatal, que son muchos los que integran ese poder, que se asignan sueldos ostentosos y que además se aplican compensaciones y gastos de viajes inexplicables a costa de los contribuyentes. Se dice además que los diputados plurinominales no debieran de existir, pues son una especie de parásitos que viven del presupuesto, sin que su llegada a los respectivos congresos les haya significado mayor esfuerzo, que aparecer en las listas de la circunscripción respectiva de sus partidos políticos.

De los regidores de los ayuntamientos muy poco se habla y a la gran mayoría de la población, sobre todo de las grandes ciudades, poco les importa cómo se estructuren las alcaldías, pues casi siempre el trato sobre cualquier problema se hace con el Presidente, por lo que en ese nivel quien lleva la carga de la murmuración y de los juicios de la sociedad es el encargado de la presidencia, pasando por lo general a segundo orden los integrantes de los cabildos.

Para mala fortuna de quienes vivimos en una nación que busca desde hace mucho tiempo conformar una democracia, los cuerpos colegiados a que se ha hecho referencia, viven en un proceso de descomposición tal que no puede ocultarse y que sólo dejan ver en sus hechos, con honrosas excepciones, que su participación como legisladores no obedece a ninguna representación social, sino a los intereses y negocios personales y de los partidos políticos a los que pertenecen.

Sin embargo, la base de toda democracia al decir de los constitucionalistas son estos cuerpos colegiados, son los congresos el espacio en el cual la ciudadanía se enfrenta a las disposiciones del Poder Ejecutivo, es ahí en donde las diferentes opiniones y corrientes políticas convergen y discuten sus planteamientos, en los Congresos la ciudadanía tiene o debe tener su representación para escuchar y opinar a través de sus legisladores acerca de los asuntos de la República.

Cada legislador como es un hecho conocido, es por sí solo representante de una parte de la sociedad, ya que según la Constitución "habrá un diputado por cada 250 mil habitantes o fracción que pase de la mitad" tienen por consecuencia la representación de un cierto número de habitantes, lo que los hace vulnerables a la corrupción y al dispendio, convirtiéndose en presa fácil de los sobornos, pues su voto en determinados asuntos, se vuelve moneda de cambio y se compra o se compromete con puestos o jugosas concesiones.

Los diputados plurinominales por su parte, son la expresión de una diversidad de voces que le dan el marco de democracia a todo organismo de esta naturaleza y son el fruto de una larga y penosa lucha llevada a cabo contra la tiranía de los hacedores de la mitología revolucionaria, en el fragor de la violencia impuesta a la juventud en los aciagos días de 1968.

El sustento principal de estos legisladores es la pluralidad y su voto también representa en ocasiones el fiel de la balanza en las discusiones legislativas. Sin embargo, al no encontrar diferencia con sus colegas en hechos de corrupción y venalidad, su existencia se ve cuestionada por sus propios compañeros de legislatura, e incluso ya se encuentran en estudio iniciativas del partido en el poder, en las que se pide su reducción y en otros espacios su cancelación definitiva.

De esta suerte los legisladores de alguna forma representan un freno para las ambiciones del Ejecutivo, esto puede observarse claramente al ver los movimientos de los grandes capitalistas y de los dueños de monopolios, quienes impulsan y proveen los medios para que se corrompan, para que ante la sociedad aparezcan sólo como una rémora del proceso, para que su imagen sea el parámetro de toda corrupción oficial, de cualquier exceso o abuso de poder y de malversación de los impuestos.

Poco o nada hacen por su parte los legisladores para mantenerse ajenos a estas corruptelas, por el contrario, diariamente se sabe de atracos en nombre de la ley, de abusos cometidos bajo el amparo del fuero constitucional y por si fuera poco la mayoría de estos representantes populares, hacen ostentación de sus improvisadas fortunas, de sus repentinos encumbramientos sociales y de sus inexplicables y cuantiosos bienes. Dejar atrás estas conductas de desprestigio que interesadamente se ha creado en su torno y legislar para crear un México donde puedan vivir las futuras generaciones sin la sombra de la miseria y en un ambiente de igualdad y solidaridad, son desde el punto de vista de muchos de sus representados el único camino que salvará su alta investidura.
 
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