Opinión / Columna
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Ernesto Díaz Martínez
Las elecciones de la burguesía
El Occidental
10 de septiembre de 2009
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La clase política gobernante de casi todo México, especialmente en la derecha, se compone de opulentos modernos, de dueños de grandes o medianas empresas y comercios con gente asalariada a su mando. Es esa burguesía la que gobierna en la mayoría de los países capitalistas, luego de haber domesticado la conciencia de la clase trabajadora, al grado de parecer que los explotados, asumimos un comportamiento de indiferencia o de complicidad con el estado de cosas.
Las evidencias son grandes: partidos políticos a merced de comerciantes de la política, prestos para legitimar la simulación que permite la consolidación del gran capital explotador. Por ejemplo, no hay un partido en México que sea un genuino representante de la inconformidad y de las causas del gran pueblo empobrecido y agraviado por la corrupción y el abuso de los poderosos.
Millones de mexicanos compartimos toda una historia en que convivimos con la pobreza y la desesperanza como destino fatal. Eso es ya mucho decir: significa que en una gran mayoría de mexicanos sumidos en la pobreza o en la miseria se carece de esperanza y no hay motivos para sentirse representados por los gobernantes de casi todas las expresiones partidarias.
En ese contexto, las manifestaciones multitudinarias que convoca el movimiento que encabeza López Obrador, al parecer se han convertido en reuniones para la catarsis colectiva o de promoción de las carreras de políticos oportunistas aduladores de AMLO, para que él los recomiende en los primeros lugares de la lista de diputados de partido como ha venido sucediendo aquí en Jalisco, donde El Peje pareciera haber caído en una actitud necia impropia de un personaje de su importancia.
Por otro lado, la reciente anulación de los comicios en las delegaciones Miguel Hidalgo y Cuajimalpa en el Distrito Federal, donde el tribunal local, en una actitud valiente, consideró comprobado que los candidatos a jefes delegacionales panistas excedieron los gastos de campaña, resultan una confirmación de que las votaciones son un teatro de los capitalistas y que los gastos excesivos son y fueron en las elecciones recientes un modus operandi que se reprodujo en cientos de municipios, donde la oposición no impugnó ese proceder ilegal, tal vez por desconfianza en la autoridad electoral, por complicidad o por desconocimiento o simplemente para no desentonar con la simulación que son las elecciones de la burguesía.
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