Opinión / Columna
 
Francisco Morales Aceves 
¿Qué pasa con la repatriación voluntaria?
El Occidental
7 de septiembre de 2009

  DE LA "A" A LA "Z": POLÍTICA ES LA RECETA

Se acaban de cumplir cinco años de que inició el programa de repatriación voluntaria, que en apariencia buscaba la protección y asistencia humanitarias de nuestros de por sí vejados trabajadores migratorios, mejor conocidos como "braceros". La falta de información de las autoridades federales nos hace pensar que lamentablemente, en la práctica terminó sumándose a los fracasos oficiales que se pierden en la bruma de la corrupción, como el programa "Paisano". Pero en el caso de la supuesta repatriación voluntaria, resultó peor el remedio que la enfermedad, según comentan muchos de los que creyeron en las bondades ofertadas y que soñaron con sus beneficios y terminaron siendo sus víctimas. Bastaba con verles su cara de asombro, sorpresa y desilusión al arribar al Aeropuerto Internacional "Miguel Hidalgo" de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. Y ser abandonados a su suerte. Se supone que la participación en el programa es voluntaria, sin embargo en los hechos se convirtió en un instrumento de la Patrulla Fronteriza norteamericana para deportar a quienes, según su psicología, son reincidentes en los cruces fronterizos ilegales, cometiéndose múltiples abusos que vienen a sumarse al vía crucis que sufren nuestros connacionales por el "supuesto delito" de ir a territorio estadounidense a buscar el trabajo que en su patria se les niega.

El drama que viven a diario los migrantes es aterrador, es una pesadilla binacional que se inicia con el dulce sueño de imaginar un oasis donde pueden saciar su sed de justicia social para resolver los problemas más ingentes de su familia; por un lado sufren el abandono del gobierno de su país, quien incapaz, impotente y en muchos casos indiferente, termina siendo cómplice silencioso de las agresiones y los abusos que sufren nuestros paisanos. Y por la otra parte terminan siendo injustamente despreciados, olvidando que los mexicanos que arriesgan hasta sus vidas por trabajar allende la frontera, han constituido durante muchos años el más grande, increíble y absurdo subsidio mexicano a la economía norteamericana y el más valioso apoyo al mercado de trabajo estadounidense, ya que por lo regular los migrantes mexicanos ocupan las plazas de trabajo que los norteamericanos rechazan o no aceptan su desempeño.

¿Acaso los que se van a probar suerte al extranjero, son los viejos y los enfermos?, ¡claro que no!, se van los jóvenes sanos y fuertes; en México nacen, crecen, se educan y se forman para el trabajo. Y en el mejor momento de su vida productiva, emigran con la ilusión de mejorar ellos y sus familias.

Cuando nació este programa se pretendía evitar muertes de migrantes e impedir los abusos de los traficantes de personas; se diseñó especialmente para la región Sonora-Arizona, por ser la más expuesta para los migrantes por las elevadas temperaturas que enfrentan y por las amenazas del desierto donde arriesgan su salud e integridad físicas. El programa surgió con siete reglas básicas:

I.- Es de naturaleza estrictamente voluntaria.

II.- Se sustenta en la protección y respeto a los derechos de los connacionales.

III.- Busca preservar la unidad familiar durante los procesos de repatriación, así como el tratamiento adecuado de personas vulnerables, como menores no acompañados, adultos mayores y enfermos.

IV.- Es un programa piloto y que se extenderá hasta el 30 de septiembre de cada año como plazo máximo.

V.- Es de aplicación geográfica fija.

VI.- Su financiamiento corre a cargo del Gobierno estadounidense, y

VII.- Es resultado de un proceso concertado por ambos Gobiernos.

La responsabilidad del programa es de la Patrulla Fronteriza norteamericana y opera concentrando a los detenidos "supuestos voluntarios"; en el centro de detención de migrantes de la ciudad de Tucson, Arizona. Desde donde son enviados a las ciudades de México, DF o Guadalajara, Jalisco.

Hay que reconocer que el espíritu del programa es bueno, pero requiere de correcciones urgentes en su aplicación: la responsabilidad del programa no debe de estar sólo en manos de la Patrulla Fronteriza norteamericana y por ningún motivo debe aceptarse que los gastos los paguen exclusivamente los norteamericanos; no se debe de tolerar que los migrantes mexicanos permanezcan encarcelados hasta por 48 horas, recibiendo como alimento sólo agua y galletas; el programa debe de aceptar única y exclusivamente a quienes voluntariamente lo acojan, con pleno respeto de sus derechos humanos y suficientemente informados y convencidos de la nobleza de sus metas.

Lo menos que podemos preguntarnos los mexicanos, es: ¿y las autoridades mexicanas, qué están haciendo al respecto?; ¿qué está haciendo la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Subsecretaría para América del Norte, las Direcciones de Protección y de Asuntos Consulares? ¿Qué está haciendo la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional de Migración? ¿Qué están haciendo los Gobiernos estatales y qué está haciendo la Comisión Nacional de Derechos Humanos que se ha convertido en ajonjolí de todos los moles? Cuando ve uno el desparpajo con que manejan estos importantísimos asuntos y el abandono que se ha hecho de la política exterior mexicana, otrora orgullo de México ante el mundo, sólo se lo explica uno con la improvisación con que han designado a los altos funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

¿Hasta cuándo nos seguirán tratando a los mexicanos como menores de edad?
 
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