Opinión / Columna
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Eduardo Sadot Morales Figueroa
Cambios en el gabinete, sin engaño al presidente
El Occidental
6 de septiembre de 2009
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Aunque ha trascendido que el informe del presidente Calderón, fue revisado y prácticamente escrito por él personalmente, es claro que no puede hacer todo él. En muchos casos debe tener especialistas o asesores expertos que le ayuden para evitar errores, pero ha habido casos como el de la reciente cumbre con Canadá y Estados Unidos, donde sus asesores en materia internacional cometieron la pifia de no advertirle al presidente Felipe Calderón de lo costoso e intrascendente de la reunión, ello provocó chispas bajo la mesa entre el equipo de Patricia Espinosa y Patricia Flores por no advertir de lo intrascendente de la reunión, que se recrudeció culpando del fracaso a la cobertura del evento por la oficina de prensa de la Presidencia.
Ahora que nos inundan los rumores de cambios en el gabinete y reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública, se tiene en la mira a la Secretaría de la Reforma Agraria, Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Secretaría de Energía, con el pretexto de recortes presupuestales, no engañen al presidente suponiendo que toda la tierra esta regularizada o que en energía hay diversidad entre la óptica de los energéticos y Pemex, o el problema de las estaciones de radio o las carreteras no tienen solución, una mala decisión puede ser fatal.
El Presidente en su informe de Gobierno, ha puesto énfasis en la necesidad de disminuir y optimizar el gasto público, sus asesores deben tener claro que disminuir, no significa amputar a la administración pública, antes al contrario debe más bien optimizar los recursos, pero no por el hecho de que en las evaluaciones no haya los resultados esperados significa recortar lo que no funcione. El presidente Felipe Calderón debe aplicarse a mejorar su administración, que puede ser que el burocratismo tenga algunos órganos arterioesclerosados pero la solución no necesariamente es amputarlos, tal vez tenga que cambiar responsables pero no necesariamente instituciones. Decía un viejo lobo de mar funcionario de Pemex, cuando lo dirigía Francisco Rojas, hoy líder de los priístas en San Lázaro, con él colaboró don Fernando Manzanilla Sevilla -por cierto hoy desperdiciado y excluido de la administración de Pemex- que si un jefe toma una decisión equivocada, no es culpa del jefe sino de los que le proporcionan la información sobre la que debe tomar decisiones.
El presidente no tiene que ser experto en derecho administrativo ni en administración pública, pero sus asesores sí, y si la información no la cotejan, si no están sensibilizados con la operación de las dependencias a reformar, si no se llenan sus zapatitos de tierra, si no conocen ni siquiera la operación de las delegaciones de las secretarías de despacho, entonces lo más probable es que harán que el presidente se equivoque y los tiempos no están para que incurra en los errores de su antecesor.
Su administración y su partido requieren en este momento de precisión y eficiencia y ello no podrá concretarse si lo engañan.
En este sentido resulta que la mayoría de las veces el presidente tiene más sensibilidad que sus asesores pero aún así con frecuencia le pasan bolas bajas. Y eso son bajezas.
sadot@webtelmex.net.mx
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