Opinión / Columna
 
Eduardo Sadot Morales Figueroa 
De empleados de gobierno a vendedores ambulantes
El Occidental
23 de agosto de 2009

  Hace algunos años el Gobierno mexicano rescató la fábrica de bicicletas Bimex para evitar que más de cinco mil familias se quedaran sin trabajo, años después, el Gobierno fue muy criticado, porque había quienes sostenían que hacer bicicletas no era la tarea del Gobierno, de hecho la Secretaría de Energía Minas e Industria Paraestatal era la cabeza de sector en la materia ahí estaban todas las paraestatales de este país, las mismas que se fueron reduciendo en los famosos recortes del gobierno de de la Madrid, operados por Carlos Salinas desde programación y presupuesto, después las pocas que quedaron fueron liquidadas durante el salinato, el dinero recaudado, se destinó -nos dijeron- para el fondo de Solidaridad que fuera utilizado para la campaña permanente de Salinas en su lucha por legitimar su gobierno, pues en el ánimo de los mexicanos quedó el sabor de que en realidad Cuauhtémoc Cárdenas, había ganado la presidencia y se la había arrebatado el sistema que se le cayó al entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlet Díaz, el dinero de esas liquidaciones fue para todos los proyectos de Solidaridad y para crear un fondo de contingencia para eventualidades económicas y para evitar los vaivenes de la economía mexicana durante el cambio de sexenio.

Ese fondo de contingencia que se anunció con bombo y platillo fue el mismo que argumentan que se perdió en el error de diciembre precisamente el mismo mes que tomó posesión Ernesto Zedillo, cuando Zedillo acusó a su antecesor de haber dejado la economía pegada con alfileres y los salinistas se defendían diciendo que si era cierto pero los zedillistas le quitaron los alfileres, una verdadera guerra de titanes, irresponsables ambos. Lo cierto es que se lanzó a la calle a muchos millones de mexicanos con el argumento de que debía fortalecerse la planta productiva del país y lo mejor era cerrando las paraestatales, vendiéndolas baratas a nuevos inversionistas, con el costo de miles de desempleados, los mismos que hoy conforman la economía informal o subterránea de lo que en términos económicos se conoce economía informal, curiosamente esa misma que recientemente el secretario de Hacienda, Cartens ha dicho que están fuera de la recaudación de impuestos y que deben encontrar la forma de integrarlos al ejército de contribuyentes cautivos.

Hoy se plantea lo mismo, el Gobierno hará recortes en todos los órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal, obligados por las circunstancias. Pero ¿eso? Resuelve el problema del gasto público, me recuerda a otro economista de la misma camada de Yale, el ex director de Pemex, Adrían Lajous Vargas, que anunciara que las oficinas del director del piso 43 de la torre de Pemex se reducirían a la mitad, como si el ahorro de algunos metros de oficina realmente contribuyera enormemente a resolver el problema de la paraestatal, remedios mediocres, simplistas, sobre las rodillas, populistas y con consecuencias funestas para la clase trabajadora, pobre y golpeada del país, pero sin solidez en el largo plazo.

Eso es lo mismo que se plantea, ¡ah!, pero eso sí, no se considera incrementar el gasto en capacitación, educación y en universidades y centros tecnológicos, ¡no! Claro que no, en su ignorancia no hay una visión de Estado, que contribuya a preparar generaciones de mexicanos, educados y capacitados para el trabajo productivo y para la exportación y captación de divisas. En lugar de eso los lanzamos a la calle y simplemente cerramos los ojos y las puertas a las soluciones.

sadot@webtelmex.net.mx
 
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