Opinión / Columna
 
Julio García Briseño 
La verdadera riqueza
El Occidental
16 de agosto de 2009

  La verdadera riqueza o la verdadera miseria de un pueblo radica en su gente y en su capacidad de unirse para salir adelante. Por encima de los recursos naturales y financieros, las naciones más prósperas del planeta sustentan su desarrollo en redes invisibles articuladas principalmente por la confianza, la cooperación y la honestidad.

Estos valores constituyen la esencia del capital social de un país. El capital social es la capacidad de los individuos de una comunidad para trabajar junto a otros, en grupos y organizaciones, para alcanzar un objetivo común.

El capital social es la capacidad de generar confianza en la sociedad y como tal, se convierte en un aspecto fundamental de la economía de una región y de su buen funcionamiento.

A diferencia del dinero y de los recursos naturales, el capital social no se compra ni se adquiere de la noche a la mañana, sino que crece y se fortalece en aquellos grupos que han hecho de la confianza y la cooperación un ejercicio cotidiano.

El capital social es un recurso que no se puede comprar o vender. Con una cuenta plena de lealtad, honestidad, confianza, el capital social debe de convertirse en parte indispensable de los recursos naturales de un país para que quede arraigado en su gente, en su forma de actuar, de convivir y de hacer empresa.

Por el contrario, cuando se carece de éste y de sus valores como la confianza, la cooperación y la honestidad, cualquier esfuerzo por dinamizar a la sociedad y a su economía, estará finalmente condenado al fracaso, porque la verdadera riqueza o la verdadera miseria de un pueblo radica justamente en su capital social y en su grado de responsabilidad social.

Responsabilidad social que significa sabernos integrantes activos de una nación, cuyo desarrollo o abandono dependerá de cada uno de nosotros.

En el construir de cada día en el trabajo, en el comercio, en la industria, en la iglesia, en el deporte, en la administración pública, en el partido político, en el sindicato, en los medios de comunicación, en los organismos empresariales, en nuestra casa.

Responsabilidad social no es el gesto generoso de la dádiva, sino el saldar cumplidamente nuestra deuda moral con la sociedad, con nuestros semejantes.

Así, la verdadera riqueza o la verdadera miseria de nuestro pueblo radicará en nuestro capital social, crisol de la confianza y en su responsabilidad social, medida de nuestra contribución a la sociedad.
 
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