Opinión / Columna
 
Juan M. Negrete 
Michoacán, punta de alezna
El Occidental
19 de julio de 2009

  Es preocupante en demasía el exceso con que el poder federal ha desplegado la fuerza militar en el vecino y hermano estado de Michoacán. La ocupación presente obedece a un plan bien orquestado. Apenas pasada la usurpación del poder federal por el michoacano Felipe Calderón, sus panistas más cercanos hicieron públicos sus objetivos inmediatos: trozarle la yugular al Distrito Federal y apoderarse de Michoacán. Estamos hablando de figuras políticas, para que no se confundan las partidas. Los panistas apuntaron la mirilla a los bastiones más sólidos del PRD. Perdida la fuerza en estos lugares, el PRD se desplomaría sólo en el resto de las entidades.

La reacción del partido del Sol Azteca ante tan descarado embate por parte del equipo en el poder no fue unitaria. Por mera cuestión de sobrevivencia, la gente chilanga se propuso defender la plaza a cualquier costo. La base social de la capital sí mantiene vínculos de identificación con muchos miembros de la dirigencia perredista y ha logrado establecer la distinción entre la dirigencia entreguista y la opositora. El engañoso discurso de una izquierda renovada, moderna y civilizada no permeó mucho al electorado chilango, que es el más politizado del país. Lo ha mostrado de tiempo atrás. En las elecciones pasadas fue manifiesta la distancia que guarda con el resto del país. Lo ocurrido en Iztapalapa, de sobrada difusión, es fenómeno interesante y rico en matices. Pero sigamos en el punto de la visceralidad castrense, como respuesta política dada a Felipe Calderón al no rotundo michoacano contra sus apetencias.

La fórmula con que se planteó Marcelo Ebrard ante el poder ejecutivo de facto marcó la distancia necesaria para hacer entender que se trata de dos proyectos distintos de nación los que incuban a los dos gobiernos, aunque se tengan que sentar a la misma mesa en alguna ocasión. No es lo mismo llegar a las instancias del poder desde las filas de la oligarquía obtusa e ignorante, voraz y sin escrúpulos, como es Acción Nacional, que provenir de las filas de la izquierda mexicana, quisquillosa y dividida, como es el PRD, pero izquierda al fin, nacionalista y enjundiosa.

Se dirá que no todo es defectos en la derecha, como tampoco sea todo virtudes en la izquierda. Y habrá quien cuestione seriamente que el PRD sea de izquierda. Pero el purismo y la abstracción teórica ayudan poco en estos esclarecimientos concretos. El PRD, que vemos ascender a los puestos de gobierno, sucio y arrinconado, es el que tenemos; es el que ha venido construyendo la lucha social del país desde hace dos siglos. En el último tirón, que viene de hace veinte años, llegó a los parajes que le vemos, a sus incoherencias y espantajos actuales. Es la izquierda que tenemos y con la que tenemos que lidiar.

No ha de ser cosa tan de no servir que la obtusa derecha golpista, en cuanto usurpó el poder ejecutivo en 2006, se propuso desmantelarla, dirigiendo toda la artillería pesada a sus dos bastiones declarados: Michoacán y el Distrito Federal. Ahora, pasada ya la confrontación electoral, y con los números en la mano, se ve que este objetivo panista no fue alcanzado, ni siquiera rasguñado. Las dos entidades mantienen su cariño y lealtad volcada a las urnas por los colores del sol azteca. Y esto debe dolerle muy al fondo de sus entrañas al señor Calderón, a quien no le ajusta con ser michoacano para revertir los afectos electorales en su estado.

La incursión militar masiva en Michoacán empezó desde antes de la jornada electoral. Muchos analistas la calificaron de descabellada, como vinculada a una estrategia electoral ambiciosa y fuera de foco. Como medida estratégica con fines electorales fue fallida. No se tradujo en votos a favor del PAN. Tampoco les salió la pichada en el Distrito Federal, dijimos. Sin embargo, una lectura entrelíneas hace entender que en el DF las cosas se encresparon, mientras que en Michoacán había una fórmula como cuidadosa, o como acordada más bien, para realizar la transición. Perredistas radicales cuestionaban con persistencia "lo modosito" del gobernador Godoy, frente a la intromisión poco cuidadosa de las formas que hacía el poder ejecutivo en este estado.

Hubo seria molestia al interior del PRD nacional por la fórmula obsecuente adoptada por Godoy y por los hombres michoacanos que están detrás de él: los Cárdenas. El día viernes el mismo gobernador reconoce la divergencia: "contradije un acuerdo del Consejo Nacional de mi partido sobre la relación con el Gobierno federal porque pensé primeramente en mi obligación constitucional, más allá de mis posiciones político-partidistas. Sin embargo, a estas alturas sólo hemos visto que se recrudece la violencia, disminuye la inversión, baja el turismo, aumenta la migración, caen las remesas y, por consiguiente, se deteriora más el nivel de vida de los michoacanos, un estado ya de por sí pobre. Todo debido a una decisión unilateral del Gobierno federal". (La Jornada, 18/VII/09).

Así paga el diablo a quienes obnubila. Lo que vive Michoacán ahora es un estado de sitio, un estado de excepción, en los hechos. Calderón, su hijo usurpador, homologó a su tierra con Honduras. Leonel Godoy, el gobernador perredista constitucional, califica la decisión de enviar cinco mil elementos castrenses más al estado y a la decisión federal de no coordinarse con las autoridades estatales, como una "ocupación" de un estado libre y soberano. Los jilgueros panistas de la legislatura local quisieron disfrazar el autoritarismo federal pintando la situación michoacana con visos de ingobernabilidad. La respuesta de Godoy fue contundente. "Lo que hay son visos de ocupación".

Puestas a la balanza las dos conductas políticas de oposición referidas, se impone una pregunta seria: Cómo será mejor reaccionar ante las arbitrariedades de los hombres del poder, dado que ellos nunca van a modificar sus actitudes de prepotencia, de arrogancia y desprecio por los gobernados: ¿buscarles la cara para llegar a arreglos o enfrentar su fanfarronería criminal? Michoacán optó por la vía del concordato y fue arrinconado contra las cuerdas. En el Distrito Federal la lección ha costado muchos descalabros, pero parece ser el proyecto calderonista, junto con la abyección chuchista, la que va en repliegue. La izquierda defeña, por lo pronto salió airosa del cotejo, cosa que no puede afirmarse de Michoacán, cuyo desenlace aún no está a la vista. Habrá que seguir escarbando en este sabroso punto.
 
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