Opinión / Columna
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Juan M. Negrete
Histeria antichavista
El Occidental
12 de julio de 2009
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Aunque no sea novedad, vemos que al presidente venezolano Hugo Chávez le llueve otra vez en su milpita, hable o porque deje de hablar, porque resuelle o deje de hacerlo. Ahora lo responsabilizan como culpable de la difícil situación por la que cruza Honduras. En el reclamo no hay tan sólo ribetes de histeria. Llegan al colmo de su satanización, que resulta absurda. No es ajeno. Participa, con el petróleo venezolano, como pilar importante del vuelco en la economía hondureña, que impulsaba Zelaya. Pero de ahí a que sea la encarnación misma del conflicto hay una distancia seria, que debería ser asumida y respetada. Medios de comunicación de todo el mundo han desatado esta campaña en su contra. Se ve tan uniformada que merecería despertar suspicacia al menos. Se encuentran estas notas infamantes tanto en rotativos de alto calado, como el "New York Times", "The Wall Street Journal", como hasta en nuestros pasquines locales de mala muerte. Lo constatamos cada día. Por lo de Honduras, todos contra Chávez, aunque nada nos vaya en ello.
No se necesita estar convencido o ser simpatizante del partido que defiende Chávez en su larga cruzada por el rescate de la dignidad de nuestro subcontinente, para darse cuenta de semejante aberración. Con sólo mantener los ojos abiertos y conservar el sentido común en su mejor grado posible de salud, nota uno lo avieso que resulta sacar raja a toda complicación para señalarlo con índice de fuego. Por mucho que su presencia tenga que ver con el complicado lío hondureño nadie puede ser señalarlo como directo responsable de lo que ahí acontece. Lo dicta el más elemental raciocinio.
Las agencias internacionales apuntan sus cañones otra vez hacia Caracas, por supuesto que con malos modos. Satanizando a Chávez, se desvía la atención de lo acontecido en Tegucigalpa y hasta justifican el golpe de estado. Tras demonizar a Chávez, los criminales castrenses hondureños resultan blancas palomas. ¡Hábrase visto semejante perversión! Es cosecha derivada de muchos años de campaña insidiosa en contra de la imagen de este mandatario. Y es un resultado lógico, si bien, perverso. Es una conclusión adulterada de la realidad, pero aceptada por la masa por la misma persistencia de su repetición. Como decía Goebbels de las mentiras repetidas hasta el cansancio, que terminan siendo digeridas como verdaderas. Son las lecciones del fascismo, vivas y boyantes en nuestra cotidiana realidad, que presume de democrática y liberal, dizque respetuosa de los derechos humanos y del libre intercambio de bienes y opiniones.
El golpe de Estado hondureño se ha querido justificar a partir de presentar como pésima e insoportable la administración de Mel Zelaya. Y como ya era inaguantable, había que ponerle punto final, como fuera. Toda medida, por extrema que fuese, era legítima. El golpe de Estado restableció la salud de la república. Quedan pues justificados los gorilas y su golpe. Zelaya quebrantó la salud de Honduras, por haberse vuelto títere de Chávez. Había que echarlo del poder. Enseguida, ir a tapar el manantial del mal que es Chávez. Es su segunda andanada de dizque "argumentos". Vistos al detalle, vela lo que son: una retahíla de prejuicios y mentiras. Pero las sostienen los parlamentarios republicanos gringos, por ejemplo, en su defensa a los golpistas. Exonerar a los milicos, descalificar a la OEA, a la UE y a la ONU, que se precipitaron en su apoyo al Gobierno constituido. La sofistería como método, que sólo es garrote lógico.
Tras esto, a construir el corralito. No importan ya los directores de estos organismos. Insulza queda pintado como insulso. Obama es "socialista" (gulp). ¿Para qué seguirle? Todos ellos, con toda su respetabilidad, desaparecen del escenario e ingresan, fanfarrias de por medio, los demonios a los que la opinión mundial debe incinerar: Fidel Castro, Daniel Ortega, Evo Morales, Correa el de Ecuador y, encabezando la marcha triunfal de esta banda de exterminables, Hugo Chávez de Venezuela. La perversión en automático. ¿Cómo no mirar los estropicios de estas repúblicas a su cargo? Y ¿cómo entender la ahora parcialidad de la ONU y de la OEA, cargada a favor de estos paraísos de la perversidad, de la tortura, del crimen solapado, de la tiranía: el infierno en la tierra, pues? ¿Cómo revertir el viejo discurso de demonización de estos escenarios, siempre condenados, para concederles al menos por esta vez (el caso de Honduras), la razón? Otra vez el torniquete emocional perverso, echando al suelo toda operación lógica.
En el colmo de la histeria, diarios como el venezolano "La Razón" recicla viejos artículos que debían estar sepultados, ("Democracia puta", ABC Color, 7/X/2007), para revivir supuestos argumentos de peso: "Chávez no debería protestar el golpe dado a Zelaya, porque el suyo no es un país democrático". Luego se insiste en la tendencia de estos regímenes latinoamericanos, ahora definidos por su anticapitalismo, como error arcaizante que los lleva al ya clausurado infierno del marxismo leninismo, la caverna más oscura de la historia. Ni el medievo clerical les provoca tanto resquemor como el regreso a estas catacumbas. Y tal es, dicen, la prédica escondida, la auténtica sustancia de este viraje latinoamericano. Así, se sienten obligados a despertarnos del engaño e impedir la gran estafa. Uf. Cuánto se sufre por no estudiar la historia.
Honduras se encuentra en un impasse complicado. El encuentro entre Zelaya y Micheletti en Costa Rica, bajo la égida de Arias, tal vez pueda distender las cosas. La mano de Obama, facilitando las cosas para un buen arreglo, puede desembocar en una solución que evite otro baño de sangre, la solución de nuestros oligarcas predilecta por centurias. Si el golpe de estado contra Evo, el año anterior en Bolivia, pudo ser conjurado; si el golpe contra el mismo Chávez hace un lustro, también fue abortado; si los buenos oficios de las organizaciones internacionales logran revertir el golpe dado en Honduras; si todo apunta a que las cosas pueden cambiar; ¿para qué seguir insistiendo en estas burdas campañas de satanización, que invocan nuestros peores instintos y desencadenan los peores holocaustos? Sigamos ensayando la construcción del imperio de la razón, que es un viejo sueño ilustrado. Algún día se nos cumplirá el antojo.
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