Opinión / Columna
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Juan M. Negrete
Mazazo al Tianguis Cultural
El Occidental
21 de junio de 2009
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Casi desde que apareció, el "Tianguis Cultural" ha sufrido una especie de persecución, derivada de la intolerancia y la incomprensión aviesa de la administración de la ciudad. El pecado original que acompaña a los inquietos muchachos, que se reúnen cada sábado en la plaza Juárez así fuera con el único interés de encontrarse y saberse vivos, es el haber aparecido a la vida pública de manera casi simultánea a la llegada al poder del PAN en Jalisco. Peor mal fario no pudo acompañarles. Por eso la corta vida de este movimiento juvenil posee ya un largo inventario de agresiones y embates cuyo único propósito es borrarlos del mapa.
Los chicos del Tianguis Cultural tienen clara definición de izquierda. Son críticos. Se identifican con las luchas que tienen que ver con los marginados, con los desposeídos, con las minorías reprimidas, con los adolescentes que apenas se andan asomando a nuestra cruda realidad. Sus espacios les resultan a todos estos ciudadanos incipientes un tabernáculo, una atalaya de inicio, aparte de significarse también un mero espacio de reunión para su encuentro, para las necesarias definiciones.
Pero ese quedar los adolescentes fuera, que no lejos, del alcance de los controles de los poderes fácticos y anquilosados como somos los padres de familia, la clerigalla, los alcaldes y sus polizontes, los mercaderes y su bisutería, de inmediato enciende la ira y el reclamo de las buenas conciencias y pegan éstas el grito en el cielo. De inmediato exige la sociedad encopetada a sus autoridades constituidas que ejerza su fuerza, la que le otorga la ley, y que reprima, que aniquile, que desaparezca a estos díscolos y a su mala hierba. Es el fondo de la molestia que anida en el pecho de sus detractores. De ahí la inquina en su contra y no porque sean el escaparate de tantos defectos y vicios como se les achacan y con los que se les descalifica.
Esta ha sido la tónica del desencuentro permanente que han enfrentado los muchachos congregados en el Cultural frente a las distintas administraciones panistas a lo largo de su permanencia en la ciudad, que data ya de casi tres lustros. Por dicha razón, ahora que andamos componiéndonos para la jornada electoral, se juntaron los que dirigen este proyecto el pasado jueves 17 en la escuela de Artes Plásticas del CUAAD y convocaron a los candidatos de todos los partidos en competencia, para que les firmaran una carta compromiso, en la que se impusieran la obligación de hallarle una salida a este viejo conflicto, que nunca debió serlo.
Pero la escasa o nula sensibilidad de los candidatos generó para los organizadores del evento otro desaire. No asistieron. Mandaron representantes. Como si no fuera un asunto que mereciera ser atendido. Así queman. Los muchachos organizadores, interesados en poner un punto final a esta incómoda situación en la que viven, hicieron todo lo que tenían que hacer para que el evento tuviera lugar. Consiguieron el espacio. Llevaron sillas para los asistentes. Hubo micrófonos y mesas. Hasta contrataron a un notario, para que diera fe del estampado de las firmas de compromiso. Pero los tales candidatos, encumbrados y decidores, no llegaron. No les interesa.
Tal vez firmen después el documento. Podrá hacerse así también. Pero a la gente que acudió a verlos comprometerse en vivo y en directo, les interesaba verlos y oírlos pronunciarse sobre ello. Pues los señores candidatos le pintaron su violincito a todos estos ciudadanos, aún desde antes de que tomen posesión del puesto por el que andan desatados. Será tal vez para que se vayan acostumbrando a su manera de responder a todas las gestiones para que son luego invocados, cuando ya están en funciones: cerrazón, oídos sordos y ceguera para las necesidades públicas, pero avaricia, ambición y cartera dispuesta para enchalecarse todos los dividendos y jugos que puedan exprimir a su favor, de las arcas del erario.
Un breve repaso, nada más, a mis cuatro sufridos lectores, del inventario de desencuentros que ha tenido el Tianguis Cultural. Nace en 1995. Se instala en el jardín José Rolón, frente al Ex Convento del Carmen. Su idea original era la de mantener un comercio original, en un espacio público, para convocar al mantenimiento y expresión de las distintas identidades urbanas. De inmediato tuvo respuesta barrial y juvenil sobre todo. Protestas, falsos rumores y malentendidos lo movieron. Primero los arrinconaron en el parque de El Refugio y también fueron desalojados. En 1998 les fue definida como sede propia la plaza Juárez. Este acuerdo consta en un documento oficial del ayuntamiento tapatío. Para poder formalizar su personalidad jurídica, los chicos tianguistas se constituyeron en el "Tianguis Cultural de Guadalajara, AC", persona moral con la que el ayuntamiento celebró los acuerdos.
A partir de la administración de Fernando Garza se iniciaron las agresiones en su contra, para privarles del espacio y lograr difuminarlos en la nada. Los embates y absurdos son incontables. Desde 2003 ha habido una escalada oficial, organizada, legitimada y sostenida por oscuros caprichos, que no dan la cara, pero que tampoco se frenan ante los insultos, las calumnias y los golpes. La fórmula más burda de agresión fue la de quererlo reducir a "otro tianguis", de los muchos que hay en la ciudad, que no tienen más horizonte que el intercambio de bienes. Se busca borrarle su aspecto especial de intercambio de bienes culturales, por ser un espacio libre, creativo y espontáneo de nuestros chavos, aunque luego, a su cobijo, puedan señalarse excesos.
Todo se puede normar y para todo puede haber manejo. Lo que importa es que exista voluntad política e inteligencia aplicada al caso, que es la que no se ha visto, por parte de las administraciones panistas. Al contrario, sus agresores han llegado ya demasiado lejos. La violencia de los infiltrados se ha enconado contra sus creadores. El tianguis se encuentra semiprostituido. Es tiempo entonces de que las llamadas autoridades municipales cumplan los acuerdos signados con el Cultural y pongan punto final a este manantial de atropellos. Es ésta, al menos, la voluntad expresa que tuvieron los tianguistas al convocar a los candidatos a firmar la carta compromiso. Insisten, lo que es buena medicina. No hay peor lucha que la que no se hace.
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