Opinión / Columna
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Agustín Hernández González
Elecciones 2009
El Occidental
20 de junio de 2009
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(Segunda parte)
No cabe duda. La política y los políticos se han degradado a niveles insospechados. Lo que como ciudadanos vemos hoy dizque de campañas políticas, no es otra cosa que un verdadero lodazal en el que se revuelven unos y otros sin importarles absolutamente la opinión pública, tomada por ellos como simple carne electoral y a la que al parecer no le conceden ni un mínimo de talento ni de capacidad de raciocinio como para ubicarlos y distinguirlos. Y luego están esos anuncios televisivos hechos por y para idiotas, en los que aparecen, por ejemplo, unos jóvenes en una cancha de basquetbol argumentando que sus padres les dicen que en sus tiempos no votaban, pues "¿para qué?", concluyendo los pobres, o más bien, los pobres diablos, que por eso en esas épocas el gobierno hizo lo que quiso dado que no había, como ahora, una democracia. No "pos" sí.
Luego entonces, todas las generaciones anteriores de mexicanos fuimos unos imbéciles y negligentes que simplemente dejamos hacer y deshacer y nos importó un bledo la nación y la sociedad. ¡Por favor señores, más seriedad! Sería una desgracia que los chavos pudieran dejarse llevar por tales mensajes y cayeran en el engaño o en la trampa a las que se les quiere llevar, para hacerles creer que la democracia apenas nació hoy y que ellos son quienes salvarán definitivamente a la patria del autoritarismo y de la perversidad.
No jóvenes, no. Sus padres y sus abuelos también contribuyeron y probablemente con muchos más sacrificios al engrandecimiento de México. No jóvenes, no. En esos años no todo fue malo ni perverso ni desastroso. No jóvenes, no. La democracia, la libertad, la participación ciudadana, la movilización, la libre manifestación de las ideas, ni el voto empezaron apenas. Constituyen conquistar y derechos que se lograron y se ejercen a plenitud desde hace lustros y de ello somos testigos, afortunadamente, millones de compatriotas que aún vivimos y lúcidamente lo podemos afirmar y acreditar.
No jóvenes no. La construcción de México no se inició ayer ni mucho menos hoy. Es una tarea constante y persistente, voluntariosa y esforzada, en la que se han empeñado muchos mexicanos de todas las épocas, con mayor o menor suerte en algunos momentos, pero sin duda con patriotismo y amor a nuestro suelo.
Sería un crimen ignorarlo y sobre todo insistir en ignorarlo. Es perverso afirmarlo y motivo de peligrosa división entre hermanos.
A quienes lo hacen, conviene recordarles que sería mucho más lo que podrían perder, que las pingües y dudosas ganancias. Que piensen en los daños irreparables causados a México cuando sus habitantes se han confrontado y que mediten acerca de quiénes son los que verdaderamente se han beneficiado, más allá de nuestras fronteras.
Hoy salta a la vista también, la fragilidad de nuestras instituciones electorales debido fundamentalmente a las recientes y equivocadas reformas legales en esa materia, cuya paternidad y autoría corresponde a las actual legislatura federal, quien ya ha reconocido sus precarios, absurdos, injustos, inequitativos e incomprensibles contenidos, y se dispone a revisarlos una vez concluido el proceso electivo. Acaso uno de ellos haya sido el golpe que se dio al Consejo General del Instituto Federal Electoral cuando era presidido por Luis Carlos Ugalde, mediante el que a dicho consejero y a otros más se les obligó a dejar su cargo anticipadamente, cuando habían sido elegidos para un periodo que aún no concluía, acción claramente inconstitucional, que permitió entonces a los partidos políticos proponer consejeros a modo, luego designados precipitadamente por el legislativo con la complacencia de casi todas las fracciones parlamentarias.
Otro más, ese dispositivo que considera inequitativa la realización de debates sólo entre ciertos dirigentes de partidos políticos o candidatos, bajo el argumento de que en todo caso deben participar los demás, y que obligó en esta semana a la cancelación del encuentro entre el presidente del PAN, Germán Martínez, y la líder del PRI, Beatriz Paredes. Desde luego, es deseable que en un debate participen todas las fuerzas políticas, pero esa no puede ser una condición para su realización porque coarta el derecho de cada uno para hacerlo o para no hacerlo.
Cuando este tipo de reformas legales ocupan tan atingentemente a los legisladores, uno ya no sabe si ese empeño y dedicación obedece al interés superior de la nación. Démosles democráticamente el beneficio de la duda. Por lo pronto, con esas personas y con esas herramientas se realizará en breve la jornada electoral. En Jalisco, como en el resto del país, la disputa no es tan sólo por una o varias presidencias municipales, como tampoco por la renovación de las legislaturas federal y estatal. Lo es por el proyecto de nación que los mexicanos queremos y merecemos. Entiéndase: los mexicanos, no los partidos ni los políticos. Ciudadano: entérate y... ¡vota!
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