Opinión / Columna
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Óscar de la Torre Padilla
Los riesgos electorales de la democracia
El Occidental
15 de junio de 2009
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El sentido común nos dice que los electores sufragarán en el año 2009 por las ofertas electorales más sólidas, viables y objetivas; sin embargo, consideramos que todavía seguirán habiendo "votos duros" a favor de todos los partidos, provenientes de aquellos militantes y simpatizantes que por ningún motivo cambian su preferencia por una organización política.
Seguramente que el llamado voto de castigo, habrá de manifestarse, ya sea como consecuencia de un rechazo al desempeño de autoridades identificadas con otro instituto político, o por existir inconformidad en algunos militantes con su propia organización.
En una democracia los votos electorales cuentan por igual, aunque tengan un origen ético y moral diferente, dependiendo de quien es el sufragante, ya que en los resultados finales únicamente se toma en cuenta el número de sufragios.
Así se ejerce la democracia, con razón o sin ella, con aciertos o equivocaciones; pero al final de cuentas, con el derecho y la libertad que tienen los sufragantes para que finalmente sea la voluntad mayoritaria la que prevalezca.
Votos razonados y de castigo habrán de expresarse en las próximas elecciones, con los riesgos naturales de una democracia en evolución y una cultura política que habrá de consolidarse en la medida que se tenga mayor certidumbre y confianza en los procesos electorales y en los candidatos.
Cuando se vayan conociendo los aspirantes a diputados federales y locales, presidentes municipales y regidores, los ciudadanos empezarán a tomar decisiones y a definir cuales son las opciones que más les convencen.
Hay una convergencia general en la opinión pública en el sentido de que, sin restarle importancia al origen partidista y a las plataformas electorales, cada día pesan más los candidatos, de ahí la responsabilidad que tienen dirigentes y militantes para que sus candidatos sean los mejores ante la sociedad, con el perfil adecuado para la ciudadanía en general.
Mucho habrán de contar los candidatos que proponen los partidos, ya que de ellos dependerá en gran parte la imagen que se proyecte al elector y, consecuentemente, los elementos que el sufragante considerará para tomar una decisión razonada.
Si a los partidos concierne la responsabilidad de postular a sus mejores militantes, corresponde a los ciudadanos elegir a los mejores prospectos.
Hay que informarse para comparar; comparar para decidir y decidir para votar.
¡Votar es un derecho de responsabilidad ciudadana!